Martes
01 de Diciembre de 2020
Cultura

Raquel González: de terceras citas y un tribunal

Autor: Patricia Hernández Acevedo
Fotos: Cortesía de la entrevistada
Fecha: 21 de Octubre de 2020

Lo sabía de antemano, si iba a conversar con Raquel González, debía disponer de toda la tarde. «Será una entrevista larga», le advertí a nuestro fotógrafo, y no me equivoqué.

- A veces me desvío, pero es que hay cosas que tengo que aclarar — se disculpará más adelante, cuando los temas se entremezclen y no sigan el orden que traía de antemano.

- No importa — espetaremos nosotros.

Como una mujer práctica; más de seis décadas en la espalda; clara en su verbo y segura en sus intenciones; así luce la creadora de la teleserie cubana De Amores y Esperanzas que exhibe Cubavisión martes y jueves en las noches, en la frecuencia que habitualmente se reserva para las telenovelas.

Foto del Rodaje, cortesía de la entrevistada

Seis años después de presentarlo y varios disgustos mediante — según ella cuenta — finalmente en 2015 llegó la oportunidad de llevar a término un proyecto largamente amasado y ansiado. También la oportunidad de dirigir sin que tuviera que avalarla una rúbrica masculina.

En plena pandemia, la actriz — que ha trabajado también como directora de doblaje, directora de casting y asistente de dirección — acoge a un equipo de Alma Mater en su pequeño estudio, en el también pequeño apartamento de Santos Suárez.

Raquel, de formación autodidacta como directora de televisión porque en su época no existía la FAMCA, nos cuenta que un divorcio complicado, largo, se convirtió en el motor de un proyecto personal.

Foto del Rodaje, cortesía de la entrevistada

Ya ha dicho varias veces que la idea de la serie parte de esa experiencia que vivió, pero ¿por qué se convenció de que el Derecho Civil y de Familia era un tema que debía ser llevado a la pantalla? ¿Por qué esta y no otra rama del Derecho?

 


Coralita Veloz, Jorge Enrique Caballero, Jasmín Gómez, Amaury Millán y Lesvy Samper (Fotogramas de la teleserie)
 

«Tuve que estar mucho en notarías y bufetes, y como artista al fin y al cabo uno va absorbiendo como una esponja lo que le rodea. Vi muchos conflictos de familia, pero a su vez son conflictos humanos y como humanos son universales, pasan en todas partes. También siempre he preferido trabajar en algo que afecta al ser humano. Creo firmemente que el arte ayuda a mover el pensamiento de las personas. Por eso lo elegí».

De Amores y Esperanzas es una exploración de la legalidad en Cuba desde otra óptica, alejada de las acostumbradas tramas penales con larga tradición en la Televisión Cubana. «Siempre se ha insistido en el Derecho Penal. Nosotros tenemos hoy Tras la Huella, que fue Día y Noche, pero siempre en la esfera del Derecho Penal. El Derecho Civil y de Familia, que yo recuerde, en Cuba no se había tocado en los medios y me parece necesario. La familia hoy en día está muy fracturada, muy herida, y no solo en Cuba, en el mundo entero».

¿Cómo se asesoró desde el punto de vista legal?

«Yo tengo un principio en mi vida: no hablo de lo que no sé. Creo que el trabajo de nosotros lleva mucha investigación, al lado de donde escribo están los libros de Derecho Civil, de Guarda y Cuidado para los niños, o sea, tengo un grupo de libros que me documentan, amén de que también los abogados, jueces y fiscales con los que he tenido contacto desde la primera temporada, ante cualquier duda que tenga siempre están dispuestos a aclarar».

Veronica Lynn (Fotograma de la teleserie)

Habla de los libros y los juristas, pero también tuvo que ir al Ministerio de Justicia. ¿Cómo fueron las relaciones ahí?

«Tuvimos que dialogar bastante para que entendieran lo que queríamos hacer, porque eso es difícil, y te voy a decir algo: en Cuba todo el mundo cree que tiene derecho a cuestionar lo que se hace en la TV cubana. Aun cuando uno va respetuosamente a esos lugares y dice lo que va a hacer, todo el mundo se cree con derecho a, de alguna manera, imponer cómo ellos quieren que sea la obra».

«Después de conversar, intercambiar criterios, pues lo entendieron, y realmente tengo que agradecerle al presidente y a la vicepresidenta de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos (ONBC) en aquel momento, porque si yo hubiera hecho tal cual es un proceso legal Civil y de Familia, en el primer capítulo la gente apaga y no lo ve, y el propósito de nosotros es establecer la comunicación con el espectador».

Sobre esto, algunos han apuntado que los procedimientos judiciales ocupan poco tiempo en pantalla, ¿por qué no se desarrolla más el proceso de los casos? ¿Cuánta realidad de la práctica de la abogacía hay en las vistas que se muestran en la serie?

«La mayoría de las personas no lo saben — qué suerte, porque significa que no han tenido que pasar por esos lugares — , pero cuando decidí investigar a fondo me di cuenta de que el Derecho Civil aquí es atípico. ¿En qué sentido? En que nosotros consumimos muchas series extranjeras de abogados donde casi todo lo que hacen son espectáculos: llenan las salas, los abogados tienen derecho a la oralidad. En el Derecho Civil cubano no es así, los abogados escriben su interrogatorio y se lo entregan al juez, y el juez lo va leyendo, de ahí que Coralita (Jueza Ana) lea las preguntas. En eso nosotros somos muy atípicos».

Coralita Veloz (Ana). (Fotograma de la teleserie)

Raquel insiste en que el arte toma la realidad para recrearla, no la calca cual periodista o ensayista: «Es mi punto de vista como artista y lo defiendo».

« ¿Sabes qué era fundamental, que ellos al principio se asustaron un poco y luego lo entendieron? Que los abogados fueran humanos, de carne y hueso, como lo son; que viven en este país y tienen las mismas dificultades que puede tener cualquiera y, al contrario, eso no demerita, cuando ven lo profesional que puede ser un abogado o una abogada que está afrontando un problema personal duro, pero no lo lleva a su trabajo».

Los casos, ¿cómo los escogió? ¿Qué tenían que tener esos que llevaría a la pantalla?

«Ahí colegiamos con los jueces y los abogados. Siempre les pido que sean conmovedores, que la gente vea los conflictos humanos, que esté lidiando con las emociones. Cuando me los dan, yo cojo tres o cuatro expedientes con el mismo tema, los discutimos, y voy tomando de aquí y de allá, voy armando, y además poniéndole de mi imaginación. El caso de la ciega, por ejemplo, en el real los dos eran ciegos, pero así me parecía muy cruel, y la puse solo a ella».

Precisamente, en una entrevista anterior comentó que a veces los suaviza, que los reales son muy fuertes. ¿Por qué bajarles el tono?

«Porque me duele como ser humano que haya personas tan crueles, tan ciegas, tan necias. Entonces no puedo. Sería demasiado cruel, y como tú haces un caso y la gente generaliza, no quiero tampoco que vayamos a decir que todo está muy mal en la familia porque no todas las familias son disfuncionales, pero yo las que trato son efectivamente esas, en su mayoría.

Violeta Rodríguez (Lourdes). (Fotogramas de la teleserie)

«Son casos que me afectan emocionalmente en cada fase del trabajo, y si no me emocionan a mí no le emocionan a nadie. En mi equipo pasa, nosotros logramos una escena fuerte y cuando miramos a todos, están emocionados. Eso es un premio».

Entonces, ¿cómo se llevan realidad y ficción en su serie?

«Nada de lo que yo he puesto en las tres temporadas es irreal. El propósito, el súper objetivo de mi obra es que las personas se sienten y entre ellos, los que están en la casa mirando, o entre amigos, comenten.

«La gente me ha señalado cosas como el horario de trabajo de los abogados, y no saben que, igual que los artistas, ellos tienen horario abierto y una vez a la semana tienen una guardia para atender casos que vienen sin abogado».

Algo que se le ha señalado a la serie, como a otros audiovisuales, son las condiciones de los bufetes y las casas de los abogados.

«Yo no hago realismo sucio. Creo que el cubano puede ser humilde pero limpio. Sobre los bufetes, la mayoría se autofinancian. Así que ellos los han reparado, les han puesto muebles, unos más, unos menos. Yo he ido a muchos bufetes en todo el país y están muy limpiecitos, tienen sus muebles, que son los mismos que yo pongo».

Gerardo Roverón (Camilo) y Coralita Veloz (Ana). (Fotograma de la teleserie)

Volviendo a los casos, ¿encontró alguno en el que no se hiciera justicia?

«Sí, a veces pasa, pero afortunadamente después se han enmendado y se ha hecho justicia».

¿Se planteó incluir un caso de este tipo?

«No quiero, porque también tengo un compromiso con mi país. A nosotros nos desprestigian bastante por el mundo como para que también nos cuestionen estas cosas».

Tiene muchos personajes femeninos

«¡Visión de género! Eso desde la primera temporada me lo dijeron dos compañeros. En el arte todavía nosotras sufrimos el hecho de ser mujer y no lo digo yo sola. Yo no soy feminista, soy mujer, y tengo visión de género lógicamente».

Corina Mestre, Paula Rodríguez, Náyade Rivero y Roque Moreno. (Fotogramas de la teleserie)

¿Por eso decidió dirigir tan tarde en su carrera?

«No, yo no lo decidí. Pudiera estar dirigiendo desde el año 91 en que presenté un proyecto en la TV, no aceptaron que lo dirigiera y he tenido que esperar hasta ahora. Con mi tenacidad y pasado el tiempo lo he logrado, pero en ese momento no me entendieron, no me dieron la oportunidad, así que retiré el proyecto. Esto lo hago porque lo necesitaba. Hoy dirigen más mujeres, pero en esa época, ¡qué va!».

Fotos del Rodaje, cortesía de la entrevistada

Raquel, también hay muchos casos con niños.

«Ese mundo a mí siempre me ha dolido mucho, es el más sensible. El mundo está lleno de niños indefensos y apabullados, los tengo que poner. Un niño no es más que el embrión del hombre que va a ser después, si empieza mal termina mal.

Jorgito Martínez (Miguel) y Violeta Rodríguez (Lourdes). (Fotograma de la teleserie)

«Y también es difícil ponerlos en la TV. Por ejemplo, la pareja de hijos de Jorgito Martínez (Miguel) y Violeta Rodríguez (Lourdes), empezaron conmigo chiquitos y ahora son unos adolescentes».

Quiero hablar del guion. La primera temporada fue con Amilcar Salatti. Después lo asumió sola, y ahora le acompaña Ángel Luis Martínez. ¿Por qué aceptar nuevamente un coguionista?

«Ahora acepté porque me dieron un lapso de tiempo muy corto para escribir trece capítulos de una hora, entonces llamé a Ángel Luis, por un problema de tiempo».

Ángel Luis viene de escribir una telenovela que generó mucha polémica, y que, además, es un género distinto. ¿Esto significa algo para usted?

«No. Hubo cosas que arreglamos entre los dos. Trabajamos mucho, y así todo, hubo diálogos muy telenovelescos, pero yo le rectificaba cosas y él nunca se puso bravo, me decía “no te preocupes, es tu obra y tienes que cuidarla”. Traté de llevarlo a mi lenguaje y a mi línea de trabajo. Tengo que decir que el trabajo fue satisfactorio».

Hablando de polémicas, desde el primer capítulo de esta temporada los televidentes notaron los cambios en el elenco y quieren saber el motivo.

«Yo tuve que sustituir a dos actrices porque no estaba dispuesta a aceptar determinadas cosas que las había hablado, las había alertado desde que las llamé en la primera temporada, que me pusieron a mí en una situación muy tensa, porque la obra se podía afectar. Yo tengo una formación a la hora de trabajar: para mí la disciplina, la entrega, la honestidad y la comunicación transparente son muy importantes. Así que mi criterio como autora, gestora y madre de esa obra es que no estarían, porque en este país hay muy buenos actores que hoy, porque hay poca producción, no trabajan.

Edith Massola (Elsa) y Yessica Borroto (Loreta). (Fotogramas de la teleserie)

«Cuando yo llamo a un actor o una actriz, lo primero que le explico es mi forma de trabajar, porque se ha perdido mucho la profesionalidad y la disciplina en los medios, es real, no soy yo sola, somos un grupo grande que siempre estamos en esta batalla en todas las instancias donde participamos como artistas. Esas fueron las razones. Tengo que hablarlo porque en las redes he visto cosas que me parecen irrespetuosas con las actrices que están».

Saray Vargas (Loretta) y Yerlín Pérez (Elsa). (Fotogramas de la teleserie)

Raquel es consciente de que este tipo de situaciones se dan en todas partes del mundo. Series como Juego de Tronos, Will o incluso una película de Buñuel en los años 70 figuran entre los ejemplos que cita. «Claro, es la extranjera, la gente no ve en la extranjera los defectos que nos ve a nosotros».

¿Por qué no sacó a los personajes de la serie si tuvo que sustituir a las actrices?

«Porque en Cuba los dramatizados seriados se escriben completos antes de empezar a grabar, y eso pasó cuando empezamos el periodo de pre filmación en los ensayos. Yo no puedo escribir una obra de nuevo porque son cosas que sí están establecidas. En el caso de Elsa se había hablado con la actriz antes de empezar a escribir, por lo tanto, le bajé el perfil al personaje, hay menos escenas que en las temporadas anteriores para tener menos afectaciones».

En cuanto al resto del elenco, tanto en personajes fijos como episódicos, desde la primera temporada apuesta por actores poco mediáticos, que no se han visto mucho en la TV.

«A muchos los conozco hace años. Soy también profesora de la Escuela Nacional de Arte (ENA), y eso me permite trabajar con alumnos graduados y por graduarse, también actores que están en la radio o sin hacer nada, y otros que han hecho poquito en teatro, pero tienen potencial. Creo que un director tiene que conocer a muchos actores. Nuestra televisión se ha casado con un grupo de actores y eso no es saludable para las obras ni permite el desarrollo de buenos actores que no tienen trabajo porque hay baja producción de programas dramatizados. Yo como actriz luché para que no se me encasillara, y entonces como directora no puedo hacer eso, sería un pecado terrible».

La banda sonora es un punto a favor, ¿por qué Silvio?

«Adoro su música, creo que le va muy bien a esta serie. Silvio es uno de los grandes músicos, no solo de Cuba. Voy a hacer otras cosas en las que no está, pero esta sí la quería así. Tenemos una relación de muchos años y cuando se lo propuse enseguida me dijo que sí».

Raquel, sé que el horario de emisión no es de su agrado, pues se transmite en un espacio que habitualmente corresponde a las telenovelas, y De Amores y Esperanzas es una serie, no una telenovela. ¿Cómo repercute en la obra, en la percepción de la gente? ¿Qué es lo negativo?

«La gente confunde los géneros, yo lo estoy sufriendo, y los códigos no son iguales, la dramaturgia no es igual. Tratamos de que entendieran que ponerlo en horario de telenovela y que la gente la vea como telenovela iba a empañar un poco el discurso. Los que trabajamos en estos medios tenemos que tener muy claras sus leyes.

Raysel Cruz (Otto), Yaremis Pérez (Alina), Félix Pérez (Jibarito) y Denys Ramos (Pavel). (Fotogramas de la teleserie)

«En el primer capítulo las reacciones fueron fuertes. Yo leo las redes sociales, y no es que la hayan considerado una mala obra, sino que no entienden muchas cosas».

Díganos entonces, para aclarar confusiones, ¿cuáles son las diferencias entre ambos géneros?

Aimée Despaigne (Lina) y Néstor Jiménez (Enrique). (Fotograma de la teleserie)

«Mira, la telenovela como género dramático, es repetición. Un suceso o un conflicto lo puedes estar alargando una semana, dos. La serie no, es síntesis, porque en el mismo espacio de tiempo tienes que contar muchas historias; tratar de que sean lo más claras posible; que la gente entienda que hay saltos temporales. Ni los códigos, ni el lenguaje son iguales, hay muchos factores que los diferencian. Además, en las series, cuando haces muchas temporadas corres el riesgo de que se te acaben los argumentos para los personajes fijos y yo no quería eso. Incluso yo había dicho en los medios cuando terminó la segunda que era la última, por eso hice el final en un recital de Barrios de Silvio.

Jorge Enrique Caballero (Ernesto) y Keny Cobo (Sandra). (Fotograma de la teleserie)

«Sé que estamos en un proceso difícil, tenso por la pandemia, donde hubo que parar todas las producciones. Nosotros mismos editamos a distancia, que no es fácil, para poder dárselo a la TV y que tuviera materiales para poner porque sabemos que la gente está en la casa».

¿Qué la convenció de hacer la tercera temporada?

«En este caso fueron los compañeros de la TV a partir de la aceptación que habían tenido las dos temporadas anteriores, se habían convencido de que había muchos casos más, y querían que la hiciera. Y bueno, los entendí, sobre todo porque el público se lo merece, eso fue después de las encuestas».

Entre unas y otras temporadas ha pasado mucho tiempo ¿Cómo influye esa demora en la obra y en la percepción del público?

Héctor Hechemendía y Giselle González (2da. Temporada) y Eman Xoroña (Daniel) e Irela Bravo (Nancy) (3ra. Temporada). (Fotogramas de la teleserie)

«Han pasado dos años y repercute tremendamente en el público, porque la vida es muy cambiante, ya estamos en el siglo XXI que todo va a una velocidad impresionante. Esto yo lo escribí para sacarlo a finales del año pasado y quizás enero de este, y mira cuando lo saco, en septiembre del 2020.

Rogelio Blaín (Pablo) y Coralita Veloz (Ana). (Fotograma de la teleserie)

«También tuve problemas con las locaciones, porque cuando te demoras dos años las pierdes, vendieron las casas o no quieren alquilarlas. Entonces hay que buscar casas que se asemejen. Pero yo no le puedo explicar eso al público, porque el público lo que tiene que ver es el resultado».

Con esos problemas de tiempo, ¿se planteó en algún momento poner recuentos o flash backs?

«No, porque por la estructura, por cómo se escribe la serie es muy difícil. Eso es opcional, va a criterio del director. La serie tiene casos individuales y los conflictos de los abogados, tendría que hacer un recuento muy largo que atentaría contra el tiempo de la transmisión».

RTV Comercial produce la serie. ¿Qué ventajas tiene trabajar con ellos?

«Desde el punto de vista de producción son muy eficientes».

En la TV cubana los temas de presupuesto son complicados, muchas veces limitan las producciones y se dice que eso afecta la calidad de los audiovisuales. Desde su experiencia, ¿Cuánto condiciona el presupuesto la calidad del producto final?

«Yo creo que esas son justificaciones. A ver, el dinero hace falta, la TV es cara, pero se pueden hacer mejores cosas y buscar variantes para que el dinero alcance. Las tres temporadas de De Amores y Esperanzas se han hecho con el mismo presupuesto siempre, y este es asignado por la TV cubana, yo no trabajo con otro».

Sobre la promoción ha dicho que en la primera temporada fue muy escasa, después mejoró un poco. ¿Cuánto daño puede hacerle una promoción discreta a un producto como este?

«Mira, la primera temporada casi no la promovieron, aun así, cuando la gente la descubrió, la vio. ¡Son productos que salen de ahí y no los promocionan! Entonces sí hace daño, pero cuando las cosas tienen algún punto de identificación con el público se imponen, y la primera al final terminó viéndose con un muy buen nivel de audiencia».

Hace un rato comentó que ha estado pendiente a las redes sociales. Nosotros también lo hemos hecho, y monitoreando las opiniones de los televidentes, vimos que algunos coinciden en que les gustaron más las dos temporadas anteriores. ¿A qué lo atribuye?

«Yo creo que contribuye mucho el espacio en el que está, porque la gente ha salido de esa impresión de la telenovela a nosotros, y el rompimiento es fatal. En general estoy satisfecha con muchas cosas de las tres, e inconforme con otras, siempre nos pasa».

Hablando de las redes, ahora la tendencia es a que los productos no sean solo televisivos, son cada vez más multimediales, sobre todo en esta etapa de confinamiento. ¿Le interesa que De Amores y Esperanzas se convierta en una experiencia multimedial?

«Mira, yo no me puedo negar al mundo en que estoy viviendo, pero es un arma de doble filo, porque todo lo que se logra es a partir del ser humano, son criterios humanos. Entonces puede ser muy favorable o muy desfavorable. La gente dice de todo ahí y tengo que respetarlo, porque tengo una máxima: el respeto al derecho ajeno es la paz».

En su proceso creativo, ¿qué papel tienen la crítica especializada y la opinión de las audiencias? ¿Le parece indispensable en este negocio del arte?

«La obra humana siempre va a ser perfectible, soy consciente, y cada vez que miro lo que he terminado digo: “Esto lo podía haber hecho de esta manera, cómo no me pasó por la mente”. La serie tiene defectos, que se los veo yo. Algunos capítulos me saldrán mejor, otros no tan bien, eso lo dice el público, que, además, no tiene por qué saber los contratiempos que tenemos nosotros, lo que ve y valora es el resultado, y para eso hay que trabajar. Te lo digo porque también hemos creado eso de que “el esfuerzo, el sacrificio”. ¡No! Si para mí es un disfrute mi trabajo y por lo menos en mi equipo la mayoría piensa y actúa así.

«Por supuesto, lo mejor para un artista es la aceptación de la obra por el público, porque para eso la haces. Sabemos que hay un público heterogéneo. Hay gustos estéticos. Y el crítico… en Cuba también la crítica ha tenido sus altas y sus bajas. A veces se comprometen con lo que no deben. No se puede hablar a gusto personal, ni siquiera nosotros que no somos críticos. Siempre te van a hacer una observación con la que vas a estar de acuerdo, y uno sabe, si es un buen crítico de sí mismo, que tienen razón. Yo respeto, pero el objetivo es el público y el crítico no deja de ser público».

¿Satisfecha?

«Eso no te lo puedo decir. Insatisfacciones son muchas porque uno siempre quiere que le quede superior. Lo que trato de que esas insatisfacciones no se repitan cuando tenga otro trabajo que hacer».

Cuando la segunda temporada estaba a punto de estrenarse, en el verano de 2018, Raquel me comentó, en la misma sala donde ahora nos recibe, que sentía mucha presión, las expectativas eran altas por la temporada anterior. Ahora, asegura, la tensión se multiplica, cuando llega al final un ciclo y las motivaciones buscan nuevos caminos.

Habla mucho Raquel. Cuando termina la conversación ya son pasadas las siete del último día de toque de queda en La Habana. Justo antes de irnos, nos cuenta que seguirá trabajando en la película sobre Tina Modotti que la pandemia frenó; escribiendo una nueva serie; adaptando un guion de teleteatro. Ahora querrá seguir contando historias.

 

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