Domingo
20 de Septiembre de 2020
Cultura

Roxana Broche: conociéndola fuera de la pantalla

Autor: Patricia Hernández
Fotos: Cortesía de la entrevistada
Fecha: 8 de Septiembre de 2020
Foto de Luis Joa

La telenovela cubana de turno, El rostro de los días, converge desde hace varias semanas en las agendas públicas y mediáticas del país, como pocas veces ha sucedido con este tipo de producciones.

A pesar de algunas deficiencias técnicas, las tramas tejidas en el dramatizado han despertado el interés incluso de aquellos que no se aficionan por los «culebrones», y es que temas tan delicados y solapados en la pantalla chica cubana como la maternidad y el abuso sexual hacen que salten las alarmas y se generen todo tipo de debates.

Sus personajes parecen salir de la pantalla y tomar vida en el imaginario popular, para bien y para mal.

Uno de ellos es el de Mariana, en la piel de la joven actriz Roxana Broche, quien por primera vez asume un rol protagónico y encarna un personaje maduro, luego de incursionar en el medio interpretando adolescentes.

La primera fue Fabiola, en la telenovela La Otra Esquina, una aventura empírica cuando aún cursaba el preuniversitario, de la mano de Ernesto Fiallo; y la otra, también apadrinada por el conocido director, con un rol de mayor peso dramático en En Tiempos de Amar, donde sería Alina.

Este último papel le trajo el beneplácito de recibir el Premio Adolfo Llauradó a mejor actuación femenina en televisión en 2019. Para entonces, había comenzado a estudiar en el Instituto Superior de Diseño (ISDI), y debió hacer malabares para compaginar la universidad con el rodaje de la telenovela.

Tras esas dos experiencias, de las que salió airosa, Roxana decidió dar un paso temerario: dejó la escuela de Diseño para optar por el Instituto Superior de Arte (ISA), convencida de que ese era su camino.

Foto de Leonardo Eymil Ramírez

A la hora de ingresar al ISA, ¿influyó el hecho de que ya tuvieras experiencia actuando en televisión?

«Para nada. Yo sé que muchos tienen esa idea de las Escuelas de Arte, piensan que eso te brinda cierta facilidad, pero es totalmente falso. Las personas entran porque tienen talento, no porque han participado en un audiovisual o conocen personas del medio».

Hasta ahora te habíamos visto interpretando papeles juveniles en las telenovelas cubanas, y en esta ocasión asumes un personaje casi 10 años mayor, que requiere otro tipo de tratamiento, ¿qué debiste cambiar desde el punto de vista actoral para asumir a Mariana?

«El proceso fue dándose de manera natural. Tenía mucho apoyo de la directora (Noemí Cartaya), ella fue quien concibió completamente a Mariana. Yo creo que es una cuestión de observar y de actitud. Cuando hicimos la telenovela En Tiempos de amar, yo hablaba mucho con Yía Caamaño, quien entonces también interpretaba un personaje mayor (Elena). Ella es mi amiga, incluso recibí mucho apoyo de su parte en El rostro de los días. De Yía aprendí que la edad es actitud, es cuestión de comportamiento, tienes que sentirte de esa manera y aprender a actuar tal cual.

«Cuando observas a la mayoría de las personas que ya tienen 30 o treinta y pico de años, tienen una manera de sentarse específica, con una cadencia al hablar, movimientos específicos, la manera de vestir, todo eso aporta, aunque sea de forma leve. Este personaje fue un resultado entre todos a pesar de las diversas opiniones, porque si le quitas el trabajo de imagen, pierde el sentido. El corte de cabello, el vestuario, y hasta el maquillaje — aunque muchos no lo crean — juega un papel fundamental, incluso las ojeras que se dejaron un poco al descubierto».

Mariana no fue la primera opción de la joven actriz en este dramatizado, pues luego de participar en el casting, había sido seleccionada para interpretar a Anabel, hermana de Fabián. Sin embargo, la historia dio un giro y ante la salida del proyecto de la actriz seleccionada para el rol protagónico por haber quedado embarazada, el papel le fue entregado a Roxana.

Fotograma de la novela El rostro de los días

¿Qué fue lo más difícil de interpretar a Mariana?

«Yo creo que fue la autoeducación. Todo el mundo tenía miedo de cómo saldría, a pesar de que me habían confiado el personaje, que todavía no sé por qué lo hicieron, pues no había tenido hasta ese momento un desempeño actoral que indicara que podía ser Mariana. Fue difícil en general. Me lo tomé muy en serio, fue una preocupación de todo el equipo desde que empezó hasta que terminó».

De igual forma, para interpretar a Mariana la actriz debió subir de peso, en aras de desprenderse de la imagen pueril y proyectar mayor edad en pantalla.

Ella insiste en que los actores no siempre deben estar de acuerdo con sus personajes, y este es un ejemplo. Su visión respecto a la maternidad es muy distinta a la de Mariana, por lo que debió buscar otras formas de imprimir la emoción requerida cuando se trataba este tema.

Fotograma de la novela El rostro de los días

Has dicho que el tema de la maternidad en la novela fue complicado para ti, ¿por qué?

«Fue complicado porque tenía 23 años, no me pasaba por la cabeza tener hijos, no tengo ese instinto aún. No significa que no los vaya a tener, pero simplemente no ahora mismo. Ahora mi mayor interés es la carrera y ese fue mi móvil, mi carrera por encima de todo».

Después de esta interpretación, ¿cambió tu visión al respecto?

«No hay nada que cambiar, todas las mujeres para ser mujeres no necesitan ser madres o querer serlo. Eso pienso, no lo puedo afirmar porque no he pasado por esa experiencia, pero hay muchas — hablo de las que no pueden tener hijos o que no los tienen por decisión propia — que para nada son menos mujeres por eso».

Fotograma de la novela El rostro de los días

Entonces, ¿por qué aceptaste el personaje?

«Bueno, creo que todo el mundo debe aceptar los retos, además pienso que cualquiera en su sano juicio, si le proponen hacer un protagónico, dice que sí. Nadie duda cuando le pasan estas cosas. Aún más si se es tan joven como yo en ese momento, empecé a hacer la novela con 23 años, todo lo que ven fue de 23 a 24. Lo asumí con todos los esfuerzos y los sacrificios, porque uno respeta su trabajo. Además, es una carrera donde hay mucha competencia, donde marcas por lo que haces y por la forma en que lo hagas».

Una de las cuestiones más debatidas en torno al personaje de la doctora ha sido su diseño de vestuario y maquillaje, algo que la actriz ha explicado varias veces en sus redes sociales y espacios en los que ha compartido con el público, insistiendo en que este tipo de producciones cuentan con especialistas para esas áreas, cuyas concepciones son ajenas al actor o actriz.

«Yo sé que mucha gente se ha quejado por el maquillaje, pero fue la manera que encontraron el maquillista y la dirección para envejecerme. A veces no me reconocen y eso es muy bueno porque significa que se logró, fue un trabajo en equipo. No es lo que uno quiere, sino lo que el personaje te exige o la visión del director que tienes delante».

Según Roxana, la preponderancia del color azul es una alegoría a la virgen de la Caridad del Cobre, representada con atuendo amarillo y una capa azul. Además, hace alusión a La Habana y al mar.

«Yo no entiendo cómo en pleno siglo XXI, con personas tan influenciadas por la tecnología, con tanta información, que es la base de todo, todavía se siga pensando que los actores podemos vestirnos como queremos, o que mi color preferido es el azul y quiero usarlo en el personaje».

Fotogramas de la novela El rostro de los días

¿Cuánta participación tienen los actores a la hora de conformar la visualidad de sus personajes en este tipo de producciones?

«Nosotros tenemos participación hasta donde el director decida, vestir a Mariana de azul es una concepción que va más allá de mí, porque yo puedo opinar sobre mi personaje, pero no sobre la novela entera, y hay mucho azul en toda la novela. Yo tal vez puedo sugerir un corte de pelo específico, ciertas cosas, pero nunca a un nivel tan grande. Creo que la gente necesita ver mucho audiovisual todavía. A lo mejor la televisión cubana tiene que abrirse más con el espectador y mostrar cómo se trabaja, el público merece saber cómo trabajamos, cómo se hace la magia del cine y la TV.

«Son personajes, la gente tiene a que aprender a diferenciar entre realidad y ficción», insiste Roxana. Y es que muchas veces algunos no logran distinguir la línea entre ambas, llegando a situaciones tan penosas como la vivida por el actor Roberto Espinosa, quien ha sido blanco de ciberacoso por el comportamiento de su personaje en esta trama, René, o las situaciones relatadas recientemente en nuestra revista por la actriz Liliana Sosa, quien encarna a Lía.

Quizá por el efecto del confinamiento o por la masificación del uso de internet entre los nativos de la Isla, en las redes se han generado muchísimos grupos y páginas dedicados a debatir los sucesos de esta ficción dirigida por la realizadora Noemí Cartaya.

«Se han disparado los índices de audiencia con esta novela. Hace poco incluso me estaban dando unos datos estadísticos y es enorme su impacto. Ha tenido mucha aceptación del público, muchas muestras de cariño. La gente la debate, lo cual no había pasado antes, y todos estamos contentos por eso».

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La actriz, recientemente titulada por el Isa, también se ha interesado por la escritura de guiones, pues, asegura, siempre ha tenido esa inquietud. «Yo sé que la actuación es mi camino, pero no por eso una tiene que estancarse. Nosotros no somos como los músicos, que sienten algo en un momento, escriben una canción y se salvan de esa emoción, o como un pintor que tiene su arte bien abierto. Nosotros los actores esperamos por un papel que nos saque los demonios. Entonces si puedes expresar esos demonios de otras maneras, yo creo que va a hacerte más feliz».

Su interés por esta rama tuvo mucho que ver con las reiteradas negativas en los castings a los que acudió antes de conseguir su primera oportunidad en televisión: «Siempre me decían que por el físico no daba con el personaje y entonces el guion fue una manera de infiltrarme en el mundo de la TV, fue el plan B, pero finalmente no salió. Durante ese tiempo llegó la novela La Otra Esquina de Fiallo, y por falta de tiempo, entre eso y la universidad, no lo concluí. Pero es algo que me interesa».

Además, buscando otras posibilidades de explorar el arte, también ha apostado por la fotografía.

Parte de su trabajo como fotógrafa.

¿Cómo es tu trabajo como fotógrafa? ¿Cuánto te dedicas a ello?

«Estoy en una fase experimental, que no todo el mundo entiende en el sentido de que a veces no me gusta o me cuesta mostrar mi trabajo. Actualmente me interesa trabajar para mí, no por un reconocimiento social, simplemente quiero seguir avanzando en eso como un medio de expresión, poder experimentar hasta dónde puedo llegar, de qué manera lo puedo hacer».

Ganaste el premio a mejor actuación femenina en televisión con tu personaje de Alina en la novela En tiempos de amar, ¿Qué significó ese premio tan temprano en tu carrera?

«Fue un gustazo, no me lo esperaba. Además, la novela ya había acabado hacía mucho tiempo cuando lo gané. Pero lo que más me gustó no fue el reconocimiento como actriz, sino al trabajo del personaje, por la historia que contaba, que es un tema que se ha tratado, pero no todavía con la fuerza necesaria, y había que levantarlo más. Y en cuanto a mi carrera, yo a veces siento las cosas como si no hubiesen pasado, porque cuando uno empieza a pensar que ha recibido un reconocimiento, a veces el ego hace un autoengaño y no nos permite seguir aprendiendo, uno piensa que está bien, es algo bastante complicado. Entonces cada reconocimiento se debe asumir como si no estuviera».

¿Qué tipo de personaje nunca aceptarías y cuál ansías protagonizar?

«El personaje que nunca aceptaría no lo sé, no tengo nada en el radar que no aceptaría. Y en cuanto a alguno que quiera hacer, me gustaría hacer un antagónico que me saque todos los demonios que tengo dentro. Pero lo más grande, que me llenaría de felicidad es una bailarina, meterme en todo el proceso de aprenderme su mente y su cuerpo».

¿Bailas?

«Para nada. Pero mi primer contacto con el teatro fue mediante el ballet, en unos talleres que daba la Escuela Nacional de Arte — que comenzó Fidel en su momento junto con Alicia Alonso — y era una experiencia muy bonita porque iban a buscarnos a las escuelas primarias y secundarias para llevarnos dos veces por semana a la escuela de ballet en Prado. Fue mi primer contacto con el arte en general, dábamos plástica, introducción a la música, ballet, preparación física, y pisamos escenarios gracias a ese proyecto. Yo nunca tuve la voluntad realmente para quedarme siendo bailarina, mi mamá quería, pero yo no estaba dispuesta a asumir ese sacrificio, porque el ballet es una carrera de enorme sacrificio y yo sentía que no iba a poder cumplir al máximo. No era lo que me volvía loca en realidad».

¿Qué esperas de tu carrera luego de esta telenovela?

«Que el sacrificio no haya sido en vano y seguir trabajando, solo eso. Que venga lo que venga siempre que me haga feliz».

El futuro parece prometedor para Roxana, quien espera incursionar también en el cine y el teatro cuando mejore la situación en el país, a causa del coronavirus. «Tengo proyectos que me esperan de ambos lados».

Mientras tanto, su rostro asoma a la pantalla chica en las noches de Cubavisión en la piel de Mariana, y también en el Canal Habana, donde se retransmite actualmente su primera incursión actoral, La otra esquina.

 

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