Lunes
03 de Agosto de 2020
Nuestro credo

Rubriquemos socialmente este 2016

Autor: Mayra García Cardentey
Fecha: 10 de Diciembre de 2015

Deshojar un nuevo año en el calendario siempre trae a debate las metas cumplidas, los sueños realizados o aplazados, los intentos pospuestos.

Revisitamos los retos asumidos, los intensos momentos: los sobrecogedores, los gratificantes, los rebeldes, los dolorosos… Incluso aparecen las cuentas de cuánto hicimos y cuánto postergamos para un futuro comprometido.

Pero en medio de tanto balance emocional, práctico, a veces olvidamos numerar en plural, y siempre pensamos en el año vencido desde una perspectiva personal, y en no pocas ocasiones, egoístamente pragmática.

«Los problemas de los otros, que los otros los resuelvan», resulta una premisa que algunos aplican, sin pensar que esos 365 días no solo se viven de a uno, o a lo máximo de tres o cuatro, en dependencia de cuántos compongan la familia y el círculo de amistades.

Debiera ser deseo de todas y todos no solo alcanzar los anhelos profesionales y sentimentales propios, sino abogar por querer y tener una mejor humanidad.

Extendamos los proyectos de nuestros próximos 12 meses hacia una insinuación desde la multiplicidad del ser. Somos parte de un ente colectivo, constituido por todos los hombres y mujeres de Cuba, del mundo. Pensemos por nosotros y nosotras, pero también por esa parte que está más allá de las aulas universitarias, más allá de las urbes, más allá de las aguas de nuestro archipiélago.

Rubriquemos socialmente este 2016, de forma que deseemos y trabajemos por el bien propio, pero también por la dicha de un mundo mejor.

Recapitular el año que se despide, presumir las aspiraciones del que llega a nuestro encuentro, puede devenir en un buen contexto para acercar la alegría y el dolor del otro y la otra a nuestra puerta; que dejen de ser ajenos los conflictos en Siria, las aspiraciones estudiantiles de los jóvenes en Chile, las luchas de los afroamericanos en Estados Unidos…

Hemingway lo recordaba en uno de sus medulares títulos: «Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti».

 

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