Miércoles
17 de Julio de 2019
Ciencia y tecnología

Saberes a la mano

Sucede que muchas veces el conocimiento se «verticaliza». Los que saben —o en el peor de los casos, creen saber― imponen sus saberes, hagan falta o no, sean pertinentes o no. Resulten o no oportunos. Y entonces la legitimidad del conocimiento es una caja negra que todos buscan pero solo entenderán unos pocos.

Autor: MSc. Jorge Sariol (sariol@enet.cu)
Fotos: Del autor
Fecha: 31 de Octubre de 2016
Fotos de Jorge Sariol

Con el propósito de darle otra dimensión al asunto, la Universidad de Sancti Spíritus José Martí (Uniss) proyecta obrajes como parte de su compromiso con el desarrollo local sostenible. Invita a profesionales, académicos, comunicadores, investigadores y productores para la transmisión horizontal del conocimiento.

Y en este 2016 convocó al Centro Universitario Municipal (Cum) Capitán Silverio Blanco Núñez, de la ciudad espirituana de Cabaiguán, para dar curso a la tercera edición de lo que han dado en llamar Talleres Regionales Agrocadenas Alimentarias.

Como el mundo es de mujeres y hombres, todo lleva perspectiva desde la equidad de género. Como también es cuestión de futuro, en esta ocasión carga un ideotema: juventud y género.

Y lo desarrollan en la finca agroecológica La Palma, situada en la carretera central (Km 1 salida Cabaiguán-Placetas), perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Emilio E. Capestán. El dueño de la heredad se nombra Leonardo Soriano. Es un joven campesino que parece haber entendido de qué va el asunto y se lo toma muy en serio.

Tales encuentros intentan crear un espacio reflexivo entre campesinos, líderes locales, actores sociales y decisores administrativos y políticos.

Todos se agrupan en torno a una cofradía que lleva el sonoro nombre de Pial, y que significa Proyecto de Innovación Agropecuaria Local.

El proyecto promueve buenas prácticas en la innovación, de modo coherente con el medio ambiente, la producción agroecológica, la diversidad genética y tecnológica, además de capacitación y participación. Ha llegado, con más o menos suerte, a 45 municipios cubanos y muestra ya en diez de ellos un beneficio notorio a cerca de 50 mil personas.

Pero el reto por delante es escabroso.

Las soluciones precisan vencer posiciones académicas de las universidades cubanas y probables estructuras y métodos verticalistas, improvisación e inmovilismo de gobiernos locales.

Por lo pronto al III taller no asistieron decisores administrativos ni políticos locales. Y está costando mucho sumar a más campesinos, a diferencia de otras provincias, como la occidental Pinar del Río, pues la tendencia de algunos es apostar por lo ya sabido. En otros, dedicarse a cultivos de consumo tradicional y sobre todo que consiga ganancias a corto plazo.

Y es que pensar y madurar modos resulta harto difícil, porque empieza por poner de acuerdo a muchos y luego convencer a otros tantos para sumarlos.

No es cuestión de adiestrarse en tecnologías de punta, sino de nivel intermedio, importantes en el desarrollo local. Si el territorio no las tiene, puede buscarlas en lugares cercanos o motivar a los actores locales a encontrarlas.

El primer paso es crear estructuras estables, que tienden a ser más duraderas y no centradas en las personas, las que resultan promovidas, luego transferidas a cargos, responsabilidades y lugares en cortos periodos.

Pial tiene un gran trayecto por delante.

La ventaja es que el país está apostando —y con fuerza— al desarrollo local.

Pial es liderado por el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (Inca), el Ministerio de Educación Superior (Mes), con la coordinación de Welt HungerHilfe (Agroaccion  Alemana) y la Agencia Suiza para  el Desarrollo y la Cooperación  (Cosude).  Suman en el empeño a la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (Actaf), el Proyecto Biomas Cuba y la Asociación Cubana de Producción Animal (Acpa).

MSc. Nelson León Orellana, coordinador de Pial en la provincia de Sancti Spíritus.

«Pial es una iniciativa “multiactoral” para involucrar a universidades cubanas, centros de investigación, entidades agrícolas locales, órganos de gobierno, cooperativas y familias campesinas, en el empeño por compartir experiencia en el manejo de nuevas tecnologías o en el reciclaje de otras antiguas, olvidadas».

 

 

 

El raro mapen o árbol del pan es hoy casi desconocido.

 

Le gugerimos..

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