Martes
20 de Noviembre de 2018
Ciencia y tecnología

¡Salve, orbe!

Autor: Ms.C. Jorge Sariol
Fecha: 16 de Agosto de 2018

«A Seguro lo mataron en la Guerra de Corea», riposta con cachaza en áspero diálogo, un personaje de una novela latinoamericana. Y es que en este mundo vertiginoso, a veces brutal, a veces incongruente, nada hay más seguro que la muerte.

Y cuando esta llega, masiva, desoladora, lo hace a horcajadas de desastres naturales, a causa de pandemias, en accidentes tecnológicos —nucleares, industriales o simplemente mecánicos— y como resultado de las guerras, incluido el temible bioterrorismo.

Aun así, la vida fluye. Y sigue siendo bella, incluso después del 9-11, cuando la histeria se globalizó, porque a los intocables le tocó de cerca, llegó del cielo y no tuvo origen divino. Sin embargo, ya no son las tecnologías de punta las únicas armas para sembrar terror pánico. Con un vulgar camión se desatan los demonios.

I

En la paz, agazapados en el servicio público, los peligros también acechan. Para todos hay remedios. Comienza por la percepción, continúa con su gestión y sigue con la coexistencia inevitable.

La energía nuclear y la biotecnología son dos de los muchos ámbitos en la mirilla humana.

Pensamiento #1:

¿Qué resultados daría una encuesta acerca de cuántos somos capaces de distinguir la simbología que advierte presencia de fuentes radiactivas o laboratorios donde se manipulan agentes biológicos?

Un rápido sondeo nota que muchos conocen el símbolo de las aspas negras sobre fondo amarrillo como alerta ante energía nuclear. Fuera de eso, lo demás parecieran simples marcas de fábrica de electrodomésticos.

Pensemos. A diario estamos en presencia de riesgos. Todo lo que nos rodea emite radiaciones; el ser humano mismo las propaga pues en el organismo existen principalmente isótopos de carbono y potasio y al dormir con nuestra pareja intercambiamos emisiones; pero, calma, son inofensivas, incluso si nos acostamos con más de una. Dormir con cuatro a la vez no es letal, a menos que en el quinteto no haya acuerdo tácito de prioridades.

La radiación cósmica llega a la Tierra cada segundo. Su intensidad se incrementa con la altitud y la latitud. Por eso los pilotos de aerolíneas comerciales trasatlánticas tienen un poco más de riesgos. La radiación terrestre proviene —la mayoría— del Uranio y del Torio, debido a las diferentes concentraciones de los radioisótopos en el suelo.

Diariamente a los hospitales acuden quienes necesitan de la medicina nuclear.1 Las fuentes de radiación son utilizadas en exploración petrolera, gas y agua; se emplean en medidores de espesor; de nivel; de humedad y densidad. La usan algunos modelos de pararrayos —prohibidos ya en muchos lugares— y en detectores de humo en edificaciones modernas. De conjunto, plantean riesgos―mínimo, —moderado o alto— para la seguridad tecnológica y física.

Los accidentes, frecuentemente son el resultado —y la combinación— de errores humanos.

Y todavía queda un aspecto por atender: almacenar las fuentes que una vez que dejan de ser útiles, se desechan pero siguen emitiendo radiaciones. De todo se encarga la protección radiológica.

II

Otro de los terrores más recurrentes en el mundo de hoy se cultiva en el caldo de los riesgos biológicos.

Los expertos lo definen, con cierta facundia, como «probabilidad de la ocurrencia y magnitud de las consecuencias de un evento adverso relacionado con el uso de agentes biológicos que puedan afectar al hombre, la comunidad y el medio ambiente».

Y Cuba no está ajena. Los cubanos conocemos en carne propia —y en la de los animales que nos sirven de sustento— los efectos de la guerra biológica.

Hemos aprendido a sortearla. Y hemos logrado, por nosotros mismos, el diagnóstico, prevención y tratamiento de muchas enfermedades.2

Pensamiento #2:

En la paz ¿serán tan conocidos los riesgos a causa de agentes biológicos —esos microorganismos viables o sus productos, priones3 y otros, capaces de provocar enfermedades al hombre, a los animales y a las plantas?

Andan agazapados en laboratorios, en centros de investigación o asistenciales de salud. Pueden aparecer hospedados en especies exóticas u organismos modificados genéticamente, liberados al medio ambiente; nadan en micropipetas, fiolas y matraces. Y la lista no es corta.

Pueden, en principio, ser causa de simples alergias hasta graves desparramos de toxicidad y cambios drásticos en la composición de nutrientes de los alimentos.

Para gestionar estos peligros existe y se encarga la Bioseguridad, disciplina científica dedicada a la prevención y el control del riesgo biológico. Define y establece técnicas y procedimientos diseñados para el uso seguro de agentes biológicos y también de dispositivos destinados a impedir la contaminación o exposición del personal a los agentes biológicos que manipulan.

La bioseguridad se encarga de proponer y calificar el diseño de las instalaciones dedicadas a esos menesteres y definir y examinar las medidas técnico-ingenieras encaminadas a impedir la diseminación de los agentes biológicos u organismos fuera de las instalaciones donde son manipulados. Pero no basta.

Cuba ha promulgado el Decreto Ley No. 190 de la Seguridad Biológica, cuyo objetivo es «regular en el territorio nacional el uso, investigación, ensayo, producción importación y exportación de agentes biológicos y sus productos».

Tanto la protección radiológica como la bioseguridad, son ámbitos sumamente investigados. La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), destinada entre otros muchos ítems, a establecer los estándares básicos de seguridad en el mundo, ha mostrado un alto respeto por la preparación cubana.

Por el estudio y uso―en su total derecho―de agentes biológicos, Cuba recibe regularmente vigilancia y fiscalización de organismos internacionales, para nada complacientes.

De vez en vez, desde la otra orilla, la histeria clama por acusarnos. La vida es bella, pero compleja; existir tiene retos y el primero es vivir con ellos.

 

  1 Administrados oralmente, por inyecciones, por inhalación o por exposición directa. El radioisótopo más utilizado para procedimientos de diagnóstico es el Tecnecio-99m (99mTc).  En terapia, el cáncer de tiroides es tratado comúnmente mediante la administración al paciente de una solución conteniendo Iodo-131.

  2  Se traducen en vacunas humanas y veterinarias, proteínas recombinantes para uso terapéutico, péptidos sintéticos, anticuerpos monoclonales, sistemas para diagnósticos, así como en biotecnología de plantas y la acuicultura. En una muy larga lista destaca el tratamiento con Heberprot-P a muchos en Cuba y en el mundo.

  3  Priones: conocidas como las proteínas asesinas, son partículas no celulares, que sin ser virus, tienen también características patógenas e infecciosas, causantes de un grupo de patologías neurodegenerativas letales, características de mamíferos.

 

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