Miércoles
27 de Mayo de 2020
Sociedad

Sanar: un arte

Autor: Laura Álvarez
Fotos: Cortesía de los entrevistados
Fecha: 13 de Mayo de 2020

Los cinéfilos afirman su previsión varios filmes antes. Conocedores alegan próximas obras del séptimo arte con su inserción en la trama. Hoy, cuando la pandemia por SARCov-2 ataca a millones de personas, la labor desempeñada por el personal cubano de la salud, dentro y fuera del archipiélago, no limita esfuerzos en cuidar el bienestar a sus pacientes, atender a los más necesitados y devolver la vida a quienes le pendía de un hilo. Ellos han convertido el hecho de salvar en un arte, en el octavo arte.

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Ni en la más creativa de las series de acción que tanto le gustan a Néstor, el joven galeno se imaginó en un combate cara a cara con una pandemia mundial. En estas escenas frecuentes hace ya varios días no pelea a golpes, ofrece medicamentos, no vale rendirse, la batalla solo cesará cuando los créditos bajen y el público sepa de la victoria ante el contrario.

Néstor Moya Arrechabaleta organizaba su misión a Venezuela cuando el SARCov-2, ya expandido por Europa y Asia, llegó a suelo cubano. Entonces detuvo sus planes y se integró a un grupo, que desde el preuniversitario del poblado La Presa, en el villareño municipio de Sagua la Grande, atendía a las personas en aislamiento.

«El día durante el servicio es agotador, pero cuando concluyo la jornada me encuentro satisfecho por ayudar a estas personas a combatir el virus», comenta el especialista en Medicina General Integral (MGI) al describir sus horas de trabajo. Informarse con las actualizaciones del doctor Francisco Durán, preocuparse por el bienestar de las personas bajo su cuidado así como un agotador ritual de protección y limpieza constituyen parte de su rutina por estos tiempos.

En pocos días volverá a su hogar, donde planifica ver series y reunirse con la familia. Más no piensa alejarse de su profesión: atender las medidas e investigar sobre los adelantos de saludformarán parte de sus hábitos diarios. Ante la interrogante de su disposición a volver a la batalla contra el virus, Néstor responde: «Con mucho gusto me integraría a este enfrentamiento otra vez, porque nosotros los médicos cubanos siempre estamos dispuestos a estar en la primera fila de batalla».

¿Y de dónde procede esta abnegación? «Desde niño, mi hermano y yo, veíamos esta profesión como algo más que ser médico. Veía en mi papá, un médico entregado, con un gran compromiso moral». La figura paterna también fue estímulo para enfrentar la COVID-19 pues, el doctor Carlos, se encuentra en el hospital municipal impartiendo conferencias acerca de la actual condición de la contagiosa enfermedad.

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Pedro Luis Fernández Tamayo (de verde), tiene 29 años y es enfermero intensivista.

Uno de los géneros cinematográficos de su preferencia también es la acción. La innegable adrenalina de un salón de cuidados intensivos lo atrapó. El papel de protagonista encubierto le queda a la perfección. Se llama Pedro Luis Fernández Tamayo, tiene 29 años y es enfermero intensivista.

La enfermería no era la carrera de sus sueños y, si el destino no hubiera intervenido, hoy sería periodista, abogado o comunicador. Otra vez la casualidad hizo cambios cuando, casi al graduarse, pasó por el área terapéutica y ahí quedó. En 2015 llegó el título de enfermería con esta especialidad.

«Es una profesión muy bonita, muy sacrificada, pero bonita. Es ver como con un granito de arena tuyo puedes salvar a una persona al borde de la muerte y que después te gratifique el esfuerzo», asevera el joven enfermero quien, durante días, ha estado trabajando en los cuidados intensivos de personas contagiadas con la COVID-19 en la acondicionada Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). Orgulloso, el intensivista lleva la cuenta de sus pacientes salvados, resultado de un laborioso obrar de todo el equipo.

La tranquilidad de la casa, la playlist variada, los partidos de fútbol, la pelota o sus ejercicios de entrenamiento físico lo esperan para cuando todo pase. Por ahora: «El día es sumamente estresante, cargado. Estamos lidiando con una enfermedad muy contagiosa, tenemos que estar enfocados en nuestro trabajo porque el más mínimo error puede costarnos la vida. Además, la unidad de cuidados intensivos, si no tiene pacientes, se desinfecta y esperamos hasta la llegada de alguno y le damos los cuidados de vigilancia estricta, cumplimiento de medicamentos, etc».

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No llevan capas de súper héroes. Su vestuario cosiste en batas blancas y verdes. Pero, al igual que los ídolos de la cinematografía, merecen aplausos. Esas ovaciones que continuarán cada jornada a la hora del cañonazo.

 

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