Martes
12 de Noviembre de 2019
Cultura

Ser cubano: Oficio de Isla

Autor: Duanys Hernández Torres, especial para Alma Mater
Fotos: Yoandry Avila
Fecha: 22 de Octubre de 2019
Oficio de Isla obra dirigida por Osvaldo Doimeadiós. Oficio de Isla está basada en el guion de Arturo Sotto «Tengo una hija en Harvard», que versa sobre la invitación que recibieron, durante la ocupación militar norteamericana, más de mil maestros cubanos para pasar un curso de verano, por seis semanas, en la reconocida universidad.  Foto de Yoandry Avila

El Día de la Cultura Cubana recibí una invitación atípica. Ir a ver una obra de teatro en un almacén del puerto. ¿En serio? ¿Una puesta en ese lugar?

La obra era dirigida por Osvaldo Doimeadiós, y con eso era suficiente. Una producción del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, y el Centro Promotor del Humor con la colaboración de la Oficina 500, Carnaval Habana, la Real Embajada de Noruega en Cuba y el Banco Sabadell. Y en el puerto. ¿Qué nos regalaría Doime esta vez?

Cuando se abrió la puerta para que todos entráramos, coincidí a mi derecha con el cineasta Fernando Pérez; miro a la izquierda y estaba la actriz Laura de la Uz. Me siento, y justo al frente Luis Morlote, presidente de la Uneac, y bien cerca Lizt Alfonso. Reconocí en el público a varios humoristas y actores importantes. Y pensé: «tanta gente no puede estar equivocada. Será una gran tarde» Y así fue.

La obra
Oficio de Isla está basada en el guion de Arturo Sotto «Tengo una hija en Harvard», que versa sobre la invitación que recibieron, durante la ocupación militar norteamericana, más de mil maestros cubanos para pasar un curso de verano, por seis semanas, en la reconocida universidad.

Un guiño excelente a Las metáforas del cambio en la vida cotidiana (1898–1902), excelente investigación histórica de Marial Iglesias, que muchos cubanos debieran leer para comprender tan complejo período. ¿Cómo fue la Cuba de la primera ocupación? Libro útil y necesario.

Desde la intervención coreográfica de Grettel Montes de Oca que apertura con el título de Ara, y la música de la Banda de Gaitas Eduardo Lorenzo, todo impresiona. El imponente almacén y el olor a salitre, el espacio y las improvisadas plateas.

El público se sienta. Comienza la parte principal. El cambio del cartel de la barbería que antes se llamaba La Elegancia de Sevilla, y se renombra como Barber Shop, rápidamente nos pone en situación.

Un barbero, el asiduo cliente criollo, su esposa, la hija maestra y su pretendiente español, así como el intendente norteamericano más el irreverente cura, forman un ajiaco lleno de situaciones hilarantes, pero a la vez bien serias.

Iván Balmaseda, Rebeca Rodríguez, los jóvenes Daliana González, Amaury Millán y Carlos Busto junto a Doimeadiós y Sotto, forman uno de los elencos donde se entremezclan los enredos y las constantes reflexiones.

¿Qué pretendían los norteamericanos con ese viaje? ¿Por qué tantos maestros a Harvard? ¿Hacia dónde iría el futuro de Cuba después de la intervención? ¿Nacería la república sin ataduras?

Y todo esto aderezado con la Banda Municipal de Boyeros que toca en vivo la música de la obra, la realza y le pone la pimienta necesaria. Otro acierto indiscutible.

Además, se intercalan fragmentos de ¡Arriba el himno!, revista política, joco-sería y bailable en un acto, cinco cuadros y apoteosis final escrita por Ignacio Sarachaga en 1900. Aquí la música, el humor y la cubanía también se unen para consolidar el oficio.

Cuba por los cuatro costados, y con el puerto custodiando a ese mar que nos rodea como testigo. Una gran metáfora.

La cubanía.
No podía esperarse menos de dos creadores como Doime (el cura Orozco) y Sotto (Mr John Power). Un gran regalo para la Jornada de la Cultura Cubana con puestas diarias entre el 10 y el 20 de octubre, y dos funciones el 21.

Lo mejor fue distinguir a un variado público donde resaltaban muchos jóvenes universitarios, quienes revisitaron una historia que quizás no conocían.

Muchachos que se fueron cargados de amor por la tierra que los vio nacer; la puesta inevitablemente incita a ello.

Fue una tarde intensa donde el humor, la reflexión y el nacionalismo que en ocasiones nos invade, se dieron la mano. Y justo el Día de la Cultura Cubana, rodeado de grandes artistas de nuestro país.

En la salida nos esperaba un gran telón: La Patria es ara no pedestal. Otra vez reparé en el imponente almacén, el olor a salitre, el espacio y las improvisadas plateas. Pensé en mis grandes amigos: los de aquí y los de allá. Y me sentí muy identificado, aunque la obra se enmarcara en los albores del siglo XX.

Público y actores, todos juntos, unimos criterios en el escenario. El mayor Oficio que tenemos en esta Isla es uno: Ser cubanos.

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