Sábado
25 de Noviembre de 2017
Universidad

Siempre ascendente, siempre hacia adelante

Autor: Texto y foto de Jorge Sariol
Fecha: 5 de Septiembre de 2017
Buena parte de los cubanos contemporáneos, de muchas formas tienen incorporado en la memoria  afectiva el primer día de clases.  Foto de Jorge Sariol

Buena parte de los cubanos contemporáneos, de muchas formas tienen incorporado en la memoria  afectiva el primer día de clases.

Y no me refiero al primer día de clase de un curso, de los tantos que tenemos a lo  largo de 17 años —más o menos— sino al primer día de escuela en la vida de un niño o al primer día de clases en la vida universitaria que, es de suponer, tienen una trascendencia irrepetible.

Naturalmente,  quienes mejor recuerdan ese primer día de clases en la vida son los mayores, en el primer caso porque los niños, por fortuna,  están demasiado ocupados en tratar de asimilar el enorme impacto que es comenzar una de las etapas más larga en el transcurso de la existencia.

En el segundo caso, tal vez porque de mayores recordamos con nostalgia ese primer día universitario, en el que más que en ese preciso instante, andábamos pensando el instante siguiente, deseosos del momento de subir, siempre en movimiento ascendente y hacia adelante.

El primer día de universidad, igual tiene que ser memorable.

Esa es —debiera ser—, la sensación que primó en la mañana de este 4 de septiembre, ante el primer escalón de la vieja escalinata de la universidad de La Habana.

¡Cuántas configuraciones se armarán a la sombra de los árboles que cuidan el perfil de Mella! ¡Cuántas aspiraciones, cuántos sueños!

Y sin intentar una aproximación al psicoanálisis, es de suponer que, desde ya, el cambio de vida que presupone entrar a la universidad, sea algo que hay que ayudar a desentrañar, como preparatoria para lo que vendrá después, en la vida laboral.

En la mañana de este lunes 4 de septiembre son estas reflexiones que pudieran andar revoloteando en la mente de tanta juventud.

Estas pudieron aletear escuchando al viejo profesor Pérez Herrero, en las palabras de  bienvenida  —casi arenga—, dichas por quien sabe historias universitarias, porque las ha vivido y la memoria viva es insustituible.

En esa hora crucial, con ánimo de fiesta,  hay, hubo y habrá muchas barreras que saltar y  a resolverse poco a poco, muchas dudas que vencer y unas cuantas incertidumbres que a cada ser humano nunca serán ajenas.

 

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