Martes
30 de Mayo de 2017
Cultura

¡Silencio!

Autor: Jorge Suñol Robles estudiante de Periodismo (Universidad de Holguín)
Fotos: Ilustración de Carralero
Fecha: 19 de Mayo de 2017
Ilustración de Carralero

Mis oídos se aniquilan. Poco a poco se los come el ruido, el asqueroso ruido. Oídos blancos, negros, mulatos, oídos sin raza. La «bulla» no cree en colores. El escándalo, las multitudes, los gritos, rompen tímpanos; y se ríen, se burlan, porque no les importan las víctimas, los efectos, las heridas. El silencio triste sale de abajo. Lucha, sufre, se impone; pero la gente, a veces se vuelve masoquista. La gente, a veces, se acostumbra. El mundo, a veces, se vuelve una gritería.

Temor al vacío, al silencio, a lo blanco. Exceso de color, barroquismo, música alta, extravagancia. La Patria se traduce en un carnaval interminable. El mundo se ha acostumbrado al ruido, aunque se cansen de decir que contamina el medio ambiente, aunque existan los spots, las campañas, aunque el vecino se queje. Los cubanos nos hemos adaptado.

Les pido, al menos por unos minutos, un momento de silencio. Apague la música. Sienta el olor. Respire la soledad. Escuche la paz. Deje que la tranquilidad se asome a su ventana. Y verá que se siente mejor, menos contaminado.

Cierra el telón. Minutos de intermedio. El público espera paciente. La obra casi alcanza su clímax. Me engancha. Pienso en cómo puede acabar. Pero una melodía interrumpe mi aventura. Nada que ver con la danza, nada que ver con el movimiento de un hermoso cuerpo. Quiero silencio. El teatro ya no es un gran templo. El silencio forma parte de la puesta en escena, repito.

Se pierde la magia. Se pierde el contacto, el diálogo con el artista, con la obra.

Es raro, pero esta vez no quiero más que silencio y no lo puedo alcanzar. Voy en guagua, o lo que es lo mismo, en un gran concierto de gente, de olores, de actitudes ¡Que alguien le compre unos audífonos al de la esquina! Me aturde, me estresa. Engancha una música «incompatible», por encima de los niveles. A algunos de los pasajeros les gusta un poco de esa «energía», otros aguantan, no tienen de otra. Pero un viejo lo regaña, lo señala, le dice que la baje. Yo hubiera sido más radical. Son las siete de la mañana.

El chofer se suma al de la música, le hace competencia. Una década prodigiosa decide encontrarse con otra no tan «prodigiosa», diría, más contemporánea. Y el ruido sigue haciendo de las suyas, se sigue burlando y esto no es Vivir del cuento, aclaro. Pánfilo no tiene «libreta» en esta historia.

Es día de rendir tributo. Un hombre murió por esta Isla y por eso se convirtió en mártir, en héroe. Un minuto no, le daría una hora de silencio, pero ya está establecido que sea un minuto. En el matutino deciden honrarlo. Piden los acostumbrados 60 segundos. Y ni eso, ni siquiera eso, es respetado. En medio de todo suena un celular rosado pop, suena Katy Perry. Y la niña decide contestar, no hace el intento de apagarlo. En medio de todo, dos señoras deciden contarse chismes, actualizarse, «pasarse el antivirus». El tributo, entonces, viene por la «canalita», no se trata de sentir, de respetar, de conmemorar.

Una familia compra una casa nueva. Rosado, morado, naranja, quieren lograr contrastes. Yo la hubiera pintado de blanco. Compran muchos cuadros. Y casi todos los ponen en la misma pared. Mi pared sería blanca y sin cuadros. Llena de paz, de silencios, de caminos.

Pido, otra vez, que me bajen el volumen. Alguien grita, alguien llora. Es el ruido, es el maldito ruido que ha invadido a la ciudad, a la gente, es el temor a estar en silencio, a la soledad, al vacío. Este carnaval no parece ser unos pocos días de agosto. Este carnaval dura una eternidad. Alguien dice que la vida es mismísimo carnaval. Yo prefiero que la orquesta descanse por hoy.

Comentarios

Noel Ascanio Montero (no verificado)
Imagen de Noel Ascanio Montero
24 Mayo 2017 - 10:31am
Gritos. Quienes gritan a diario no saben que no los oyen, aunque sus gritos escollen, nunca les son solidarios. Y si los imaginarios gritos llegan a oírse, tendrían que arrepentirse del mensaje que les dejan, porque modos se quejan, de que no sabe medirse.

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