Sábado
08 de Agosto de 2020
Sociedad

Sin temor a alzar el vuelo

Que este Día Internacional de la Infancia sea un pretexto para que siempre viva el niño que fuimos. Yo de pequeña quería ser un dragón, aún sigo buscando maneras de volar.

Autor: Mariana Monteagudo Fonseca
Fecha: 19 de Julio de 2020
El día oficial de los niños y niñas es el 3° domingo de julio de cada año según la Organización de las Naciones Unidas.

De pequeña me fascinaban los dragones. Inventaba historias sobre un planeta donde habitaban estas aladas criaturas y yo vivía entre ellas, como una más. Me imaginaba con otra familia, con otra identidad; me imaginaba como el dragón más imponente de todo el lugar. Solo bastaba cerrar los ojos para abandonar la cotidianidad de una niña humana y alzar el vuelo.

Mi madre recuerda que pasaba horas narrando anécdotas sobre mi mítica familia. Dice que se le dibujaba una sonrisa en el rostro escuchándome describir aquella tierra inventada. Como si fueran reales, como si las tuviera delante, dice que a veces se veía junto a mí en aquellas fantasías.

El mundo que creé para escapar de una realidad que consideraba aburrida, fue una de las mayores verdades de mi infancia. La imaginación desbordada que en aquel entonces me guiaba hacia asombrosas aventuras, es el motor que hoy me impulsa a alcanzar mis metas. A pesar del moldeado de los años y de la experiencia adquirida, no existe una gran diferencia entre la que ahora escribe y la pequeña que creía en dragones.

“Sé que parezco humana, pero en realidad soy un dragón”.

La mente de los niños funciona de una manera tan hermosa y compleja que nunca deja de sorprender por esa capacidad de soñar sin limitarse, de hablar sin filtro, de sentir sin miedo. En mi caso, solía decirles a todos los que conocía con voz clara y segura: “Sé que parezco humana, pero en realidad soy un dragón”.

Ciertamente, nunca faltaron las burlas de otros niños, y no entendía el por qué; pero esos fragmentos de mi niñez me prepararon para enfrentar situaciones difíciles en el futuro, sin nunca dejar de lado mis propios ideales y pensamientos.

Han pasado varios años y ya no digo que soy un dragón. Me di cuenta que en la Tierra también encuentras cosas divertidas y asombrosas, y mi familia humana no tiene nada que envidiarle a la que imaginé. Sin embargo, no olvido ese mundo donde podía saltar de un risco y elevarme al cielo.

Detrás de cada persona se esconden historias diferentes, historias cuyos protagonistas son niños que jugaron, rieron, lloraron y soñaron de formas totalmente distintas. Al final, si somos consecuentes con nosotros mismo, el niño que fuimos acompañará al adulto que somos hasta el final de su vida. Que este Día Internacional de la Infancia sea entonces un pretexto para que siempre viva el niño que fuimos. Yo de pequeña quería ser un dragón, aún sigo buscando maneras de volar.

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