Martes
01 de Diciembre de 2020
Universidad

Sudar la tinta: Tinta bien sudada

Autor: Yuris Nórido
Fotos: Ilustración de MiguelLP
Fecha: 19 de Noviembre de 2020

Y un día uno mira hacia atrás y se asombra porque ha escrito mucho, muchísimo, mucho más de lo que esperaba cuando comenzó a escribir hace más de veinte años en esta revista; y uno recuerda la primera vez que publicó en estas páginas, algo probablemente intrascendente, un articulillo más, perdido en el gran caudal de tantas décadas, pero cuánta emoción la de ver tu nombre impreso, la emoción de los primeros tiempos, qué tiempos aquellos, cuánta nostalgia; éramos unos muchachos todavía, veníamos de toda Cuba, veníamos (eso decíamos) a revolucionar el periodismo nacional, así de pretenciosa suele ser la juventud; cuántas ganas de hacer en ese grupo de aspirantes, cuánta insolencia más o menos inocente, cuántas ilusiones; y de pronto algunos de nosotros comenzaron a publicar aquí y allá, en los periódicos, en las emisoras de radio, en la televisión; pero ustedes tienen una revista — nos decía un profesor muy querido, que ya no está en Cuba, como tantos de nosotros — , aprovéchenla, háganla suya, es Alma Mater, la revista de Mella, la revista de tantos grandes intelectuales, la revista de los universitarios de toda la vida; escriban para Alma Mater, publiquen ahí, cámbienla si pueden, experimenten, honren una tradición y fractúrenla si los dejan, si les alcanza el talento — ah, cómo queríamos (y seguimos queriendo) a ese profesor, el que nos abrió las puertas de la revista — ; y un día tuvimos la oportunidad, hubo un congreso de la FEU y a un grupo de nosotros nos invitaron a formar parte del equipo de redacción, pues había que hacer una edición diaria; y a Ernesto Fidel y a mí nos pidieron hacer una sección de entrevistas a algunos delegados; nuestro profesor nos llamó aparte y nos dijo, con sonrisa cómplice: “no quiero que hagan la entrevista de siempre, quiero que me asombren”, y Ernesto Fidel y yo decidimos que no íbamos a preguntar lo que se supone que se pregunte en un congreso, y cuando tuvimos al primer delegado delante le preguntamos si tenía perro, si le gustaban los chícharos, cuáles eran sus pesadillas, qué personaje de novela le hubiera gustado ser… así nació El parque de los cabezones, la sección que mantuvimos por varios años, caricatura incluida del entrevistado; y después yo seguí, porque me cuesta irme de los lugares donde me siento bien, y tuve otras columnas, alguna que otra usando pseudónimo, y escribí crónicas y reportajes y entrevistas, y hasta dos novelas por entregas en la tradición de los folletines decimonónicos, y alguna que otra vez me puse “creativo” y escribí trabajos en una sola oración (como este que escribo ahora) o como si fueran una obra de teatro con sus personajes y acotaciones… uno lleva veinte años escribiendo para esta revista y tienen que decírselo para que se detenga a pensarlo, esta es, de hecho, mi columna más antigua, y la que más quiero, por más que a veces haya hecho sufrir a mis editores con mis tardanzas o no haya estado a la altura de mis lectores; uno escribe para que lo quieran y para que lo quieran suda tinta, que es una metáfora hermosa del periodismo: sudar la tinta, sudarla como si el sudor fuera semilla, como si del sudor pudieran salir cosas buenas y útiles; de eso se trata.

 

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