Domingo
21 de Octubre de 2018
Universidad

Televisión educativa: alternativa universitaria

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Ilustración de ALEJ&RO
Fecha: 5 de Abril de 2018
La televisión educativa, como medio efectivo de comunicación, ha de estar en función de la sociedad, promoviendo el conocimiento y la interacción social de los individuos. Ilustración de ALEJ&RO

La época actual ha diluido las fronteras entre sociedad, tecnología y ciencia. El creciente desarrollo de estas últimas como fuerzas productivas, impacta radicalmente en la forma en que se produce, gestiona y socializa el conocimiento.

Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) se han vuelto imprescindibles en la gestión del conocimiento. Pero esta gestión va acompañada de un factor educativo. En una época en que prevalece la información, la educación se consolida como un recurso estratégico esencial para los procesos de desarrollo económico y social. Además de mantener su función tradicional de compartir e intercambiar viejos y nuevos conocimientos, es parte de la formación integral de hombres y mujeres, de la consolidación de una ciudadanía ética y responsable. Al mismo tiempo ofrece posibilidades reales de participación, libertad, y acceso a la información y a la cultura.

Si a esta relación sumamos el componente comunicativo, que resulta transversal en la adquisición y trasmisión de contenidos, tenemos que en los momentos actuales el trinomio educación-comunicación-nuevas tecnologías puede ser muy útil en el ámbito de la Educación Superior en Cuba.

La televisión educativa, como medio efectivo de comunicación, ha de estar en función de la sociedad, promoviendo el conocimiento y la interacción social de los individuos. Ellos son, en definitiva, instrumentos de mediación de la dinámica social. ¿Cuál sería su función en el entorno universitario como parte del proceso docente–educativo?

Referentes, en los últimos años, tenemos varios. A nivel regional y mundial la conocida como «teleformación» constituye en muchos países el medio fundamental del proceso de enseñanza aprendizaje. Con él se aprovechan al máximo las capacidades tecnológicas instaladas y en las que el empleo de entornos mixtos de aprendizaje, va desde el uso de plataformas altamente interactivas que lo favorecen hasta la utilización intensiva de la televisión educativa. Algo que, sin duda, contribuye al proceso de adquisición, construcción y socialización de conocimientos en función de necesidades tanto individuales como colectivas.

En el ámbito nacional hay un acumulado de experiencias como Televisión Serrana, el programa Universidad para Todos o las video clases de secundaria básica. En el caso puntual de las universidades, uno de los ejemplos más ilustrativos de cómo concebir el empleo de la televisión con fines educativos es el desarrollado en la Universidad de Ciencias Informáticas (Uci). Esta iniciativa, implementada desde hace más de una década, ha logrado impactar en la formación de individuos capaces de estar en permanente actualización. Se trata de procesos dinámicos que les permiten aprender y compartir lo recibido en un ambiente socializador, de armonía y curiosidad por lo nuevo.

Basados en su experiencia y en la investigación realizada por las profesoras Noralbis de Armas, Dania Domínguez y Sandy Henríquez, nos animamos a compartir algunas pautas que resultan esenciales, a la hora de implementar propuestas como esta que, además de inscribirse en el campo de la televisión educativa, resultan también iniciativas de comunicación popular, alternativa y para el desarrollo.

En palabras de estas investigadoras: «La utilización de la Televisión Educativa como medio de comunicación y de enseñanza constituye una expresión evidente de este desarrollo, como reflejo de la creciente complejidad de la vida social con el apoyo de las nuevas tecnologías de información y comunicación, las cuales, al introducirse en la Educación Superior, se han convertido en un abierto desafío para los alumnos, para los profesores y para los investigadores del aprendizaje. Se trata de una alternativa eficaz para la gestión del conocimiento que potencia la socialización, la distribución y el intercambio de este a escala mundial».

Si estás en una universidad y deseas hacer algo similar a lo que los muchachos de la Uci vienen desarrollando sugerimos tengas en cuenta en primer lugar, las potencialidades tecnológicas de la televisión educativa. Es decir, analizar el estado real de capacidad, disponibilidad, facilidad y uso de la tecnología que facilitan la grabación y transmisión de la señal, así como los niveles de accesibilidad del resto del estudiantado, ya sea a través de transmisión televisiva, socialización de videos en memorias flash o el acceso a una web local. Un elemento importante atendiendo a las potencialidades tecnológicas es el hecho de saber y poder producir audiovisualmente, lo cual ha sido precisamente uno de los talones de Aquiles de empeños similares. Un profesor dictando una conferencia o una presentación de diapositivas animadas no es un audiovisual. 

En segundo lugar, nuestra apuesta televisiva debe contener potenciales comunicativas, para la cual no solo habría que partir de nuestra audiencia, sino en la medida de las posibilidades, hacerlas partícipes de la producción. Es necesario satisfacer las expectativas del público, que la puesta en escena tenga un papel socializador, que exista variedad en la programación en dependencia de la demanda formativa del estudiantado, y que la calidad de los contenidos y el tiempo de duración sea un gancho para los universitarios.

Un diagnóstico comunicativo realizado en 2014 en la propia Uci determinó que los estudiantes evaluaban la programación como precisa, veraz y objetiva. También contribuía al desarrollo de la expresión oral y escrita de forma clara, fluida y coherente; desarrollaba habilidades para escuchar y mantenerse informados; y utilizaba símbolos de la interacción comunicativa.

El resultado de la pesquisa refuerza la necesidad de explotar también, en tercer lugar y no por ello menos importante, las potencialidades didácticas y pedagógicas que tiene la televisión educativa, no solo para emitir programas de carácter instructivo y formativo con el objetivo de apoyar el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino para tener en cuenta la función que realizan los profesores como mediadores o facilitadores de la cultura en interacción con la televisión, videos, software educativos y otros medios.

Una de las investigadoras, la profesora Dania Domínguez, comparte que es esencial tener claridad en los objetivos, hacer un énfasis en los contenidos —y pone el ejemplo de la televisión educativa en la Uci donde existe un adecuado balance entre lo cognitivo (conocimiento), lo instrumental (modo de actuación) y lo axiológico—, tener concebido un sistema de procedimientos que permita activar los procesos reflexivos y valorativos así como la búsqueda independiente del conocimiento, y por último, desarrollar un método evaluativo capaz de valorar el impacto real de esta señal televisiva de carácter local.

Actualmente, en Cuba no todos los centros de altos estudios pueden optar por experiencias como estas. No obstante, el desarrollo tecnológico apunta a otros desafíos. Más allá de las potencialidades tecnológicas, existen retos que son más bien de tipo educativo.

¿Cómo involucrar a los estudiantes en la producción audiovisual con niveles reales de participación? ¿Cómo lograr que los contenidos alternativos sean verdaderamente emancipadores y antihegemónicos? ¿Acaso un canal de televisión universitario puede solucionar los vacíos informativos que tiene hoy la sociedad cubana? Son interrogantes pendientes para futuros análisis periodísticos.

 

Le sugerimos...

Del caribe al plasma. Educación en la pequeña pantalla

Deje su comentario

*(Campos requeridos)