Jueves
27 de Julio de 2017
Universidad

Un tipo integral

Las estadísticas, el pan, el medio, el fin y los sujetos sociales.

Autor: Ms C. Jorge Sariol
Fotos: Ilustración de Carralero
Fecha: 19 de Septiembre de 2016
Ilustración de Carralero

Ser integral es una expresión que puede tener muchas figuraciones. Proveniente del vocablo latino integralis, en matemáticas representa lo relativo a las integrales o a las funciones de una ecuación diferencial; en términos culinarios se dice de la harina y del pan que contienen salvado y todos los componentes del trigo. En español puede referir lo global, total o completo, o referirse a las partes no esenciales en la composición de un todo.

En el sistema de Salud Pública cubana, ser un Médico General Integral encarna el ideal del individuo en posesión de conocimientos y habilidades más allá de los saberes de la Medicina, puestos en práctica en la Atención Primaria de Salud, en la cadena comunidad-familia-individuo, con toda la sobrecarga de tareas que eso puede significar.

En el sistema de Educación Superior, la noción cristalizó en un complejo proceso que intenta conjugar varios ámbitos en la vida de los universitarios, en un espacio de «construcción de significados», en favor de un desarrollo humano progresivo.

Y ha terminado por institucionalizarse, con todos los riesgos que eso conlleva. Tal vez porque, en tanto humano, nada humano resulta ajeno. Ni las virtudes ni los defectos. Tal vez porque se obvió demasiado poéticamente que la idea del hombre nuevo no es ara ni pedestal, sino peldaño, de una escalera infinita de superación humana, en la que la universidad es solo un rellano.

Fuera del ámbito académico ¿los universitarios cubanos tienen alistado en su numen el ideal propio de lo que se supone ser un humano íntegro?

¿La condición humana, la conducta personal y las relaciones familiares? ¿La condición social: las relaciones interpersonales y sus contextos? ¿La posición político-ideológica, el componente académico y el investigativo? ¿La participación en la extensión universitaria, en la residencia y en actividades de impacto social?

La integralidad en los estudios superiores cubanos, su teoría y su praxis; sus vetos, sus loas y credenciales; sus mesuras y sus pasiones, todas van hoy en cortejo donde, parafraseando a un colega, cargan al muerto equivocado. Y lo llevan con exaltación, a revivirlo o a enterrarlo.1

Los sepultureros, en insolente procesión la califican como de doble moral de activistas políticos  o medidor virtual para entretener la burocracia.2

Los sostenedores, llenos de buena fe, coinciden en que es cultivar la mente, el cuerpo, es tener un proyecto de vida, ser solidarios y generosos en el éxito de los demás y no en la egolatría.3

Por lo pronto, desde la fila de los defensores/cuestionadores algunas voces  someten a juicio crítico los procederes.

Desde las páginas de esta misma revista, hace algunos años un dirigente estudiantil cuestionaba que la integralidad estuviera asociada a la ubicación laboral. «No se puede pensar o aspirar a la integralidad para obtener una buena ubicación».

Otros disparos se dirigían, como a un «blanco inmóvil», a la asamblea de integralidad y los riesgos de convertirla en inquisidora: «debía ser responsabilidad de la brigada —dicen— y de nadie más. ¿Por qué aclama-discrepan— a aquellos que se han labrado un futuro mediocre en la Universidad, dándole protagonismo en estas asambleas? Aplaudir y premiar con un simple certificado solo llena las expectativas de cierto grupo de avanzada. ¿Cómo hacer que el mejor estudiante sea capaz de demostrar su status, sin que existan conflictos dentro de sus principales juzgadores: nosotros, tú, yo, él, ella?» 4

Uno u otro

El sistema educacional cubano, por principio gratuito y universal, tiene entre sus objetivos la formación de un profesional competente, en un contexto en el que las dimensiones científicas, tecnológicas y humanísticas, buscan sintonía con el proyecto sociopolítico cubano. Va todo en la unidad entre la instrucción de la enseñanza, la vinculación del estudio con el trabajo y la formación de valores. En el Documento de Trabajo del Consejo Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) —28-29, agosto 2015— se dejaba explícito que «La formación integral de los estudiantes continúa siendo una prioridad en cada una de las universidades y tiene como escenario principal el grupo».

El texto daba cuenta de que las prácticas preprofesionales seguían teniendo entre sus objetivos la formación de un graduado competente, la contribución a la disciplina, la responsabilidad y la conciencia laboral de los futuros profesionales, algo no logrado de modo cabal «porque algunos funcionarios de instituciones empresas y organismos no aceptan de buena voluntad asumir estudiantes ni aplicar instrumentos formativos.»

«Aún son insuficientes las actividades encaminadas a la formación vocacional y motivación personal» evaluaba el Consejo, instancia que llamaba a tener más protagonismo en la confección de las tareas de impacto social «para impulsar el que los estudiantes sean capaces de movilizarse y ser activos en la solución de los problemas que afectan a la sociedad».

La organización juvenil reconocía su tarea de acondicionar «campus» para justipreciar desempeños.

La tarea se complejiza entre estudiantes de Medicina. Si pertinente resultaría un ser humano íntegro salido de una universidad cubana, lo sería aún más en un futuro médico cubano.

Al consultorio

A un aula de tercer año de la Facultad de Ciencias Médicas Manuel Fajardo, de La Habana ha querido ir Alma Mater para consultar acerca de nociones, perspectivas y permanencia del ideal de integralidad.

Pero las autoridades académicas esgrimen complicadas condicionantes burocráticas para permitirlo. Y hay poco apoyo de la FEU a todos los niveles. Como la historia se repetirá en cualquier facultad —sospechan reportero y fotógrafo—, Alma Mater va a la calle, por donde caminan con sus batas blancas cientos de estudiantes cubanos de Medicina y Estomatología, deseosos de compartir sus opiniones con quien quiera oírlas sin prejuicios. Es un poco más de trabajo pero el resultado es el mismo.

Y el primer paso es encuestar al estudiantado. ¿Son capaces de distinguir de un manojo de probables ítems cuáles son los adecuados para definir integralidad? Y aún más: ¿Cuáles son sus propios patrones de evaluación?

El 86% de los encuestados reconoce e identifica los ítems evaluados en todo el proceso; el 48% incluye la conducta personal y las relaciones familiares. Un 40% asume que se tiene en cuenta las relaciones interpersonales y sus contextos. En la misma cuerda, la segunda indagación de la encuesta ofrece otro perfil. Al indagar sobre la valoración personal en una escala del 1 al 5, el 76% considera que el componente académico está en primer lugar; un 52% otorga el segundo lugar al componente investigativo. El 32% da a la posición política-ideológica en el lugar cuatro o por debajo.

Pero Alma Mater quiere igualmente personalizar las opiniones y pide exponer criterios.

Alberto Alejandro Fontaine Reyes, de cuarto año de Estomatología y quien cursó los tres primeros años en la provincia Granma, ve diferencias. «Aquí se vive más rápido; mis tres años anteriores sentí que las cosas se tomaban con más tiempo, se organizaban mejor.

«En mi opinión, también la opinión de muchos de mis compañeros

—dice Fontaine—, ser integral es algo positivo, pero darle demasiada importancia, por ejemplo, a la participación en actividades culturales o deportivas, por encima del aspecto académico, no me parece adecuado, porque uno será médico por encima de una persona que “esté en todo”; me parece muy importante que se evalúe la participación en las jornadas científicas, porque eso sí va a tener trascendencia en la vida como profesional; la práctica del deporte siempre ayuda a la salud, pero ocurre que unos cuantos presentaban trabajos de historia y esto les subía el índice académico. Eso se ha resuelto, más o menos, pero hay cuestiones que siguen estancadas.

«Para algunos el problema está en las asambleas, pero creo que es en la concepción de un documento que viene del Ministerio de Educación Superior. Poco antes de realizarse la asamblea, el profesor prepara algo así como una caracterización de cada estudiante, con los aspectos que debía cumplir y, por ejemplo, en actitud política ideológica evalúan la participación en actos públicos masivos, como los actos por el 27 de noviembre, la Marcha de las Antorchas o el 1º de Mayo, valorado cualitativamente, en bien, mal o regular —creo que casi nadie conoce cuál es el método para definir— y es muy subjetivo. Si por algún motivo no estuviste presente, tu evaluación baja. Todo se vuelve muy formal, muy superficial.

«Los que están en las residencias deben cumplir con varios requisitos, incluso con el comportamiento, porque es parte de la disciplina lógica; esto es algo que no puede evaluarse en los que viven en domicilio particular. Siempre que el país convoque a una tarea en favor de la sociedad es una obligación moral acudir, en el caso más reciente, por ejemplo en la batalla contra el Zika, y que es parte del juramento que hacemos los que nos vamos a dedicar a la Medicina. Lo que pasa es que eso es también muy difícil de medir. Que seas un vanguardia integral puede asegurar una buena ubicación al terminar la carrera; entonces sé de unos cuantos que no dejan de participar en los actos políticos, para que “no te rayen la pintura”.

«Yo pertenezco a la brigada Mario Muñoz, el movimiento de avanzada de las Ciencias Médicas, de carácter político; para entrar se deben tener muchos requisitos, y sé de unos cuantos que están ahí no por conciencia sino para ganar puntos, para el futuro laboral».

Un tajo del bisturí

Es curioso como algunas voces no precisamente del «campo socialista» promuevan la «integralidad» de los jóvenes, y citan a un académico de la Universidad de Dallas, quien lamentaba que la educación esté dedicada obsesivamente al entrenamiento técnico.

«Esto es irónico, porque antes de los escándalos financieros, los estudios mostraban que los ejecutivos que fallan — financiera a la vez que moralmente— rara vez lo hacen por falta de experiencia. Por el contrario, ellos fallan por la carencia de capacidades interpersonales y sabiduría practica (…) Antes de los escándalos financieros, de los cuales todos han escuchado, los estudiantes dedicaban 95% del tiempo a calcular cómo maximizar la riqueza. Menos de un 5% de su tiempo a desarrollar sus capacidades morales».

La voz que citaba concluía sobre la integralidad: «desde su más temprana edad es imprescindible para tener, en todos los niveles, líderes más éticos, que tanta falta hacen en este momento, por doquier».5

Tal vez los riesgos estén en confundir integralidad con competencia profesional, y esta a su vez con aprendizajes elementales, conocimientos aislados y posiciones o destrezas individuales.

Una visión académica teoriza que si el proceso de formación del profesional se diseña a partir de un modelo de competencias profesionales, definidas por el compromiso, la trascendencia y la flexibilidad, como cualidades más generales del profesional «se puede contribuir a formar un egresado comprometido social y profesionalmente, flexible en el manejo de la cultura y trascendente en su contexto, lo que se expresará en el desarrollo de valores y las actitudes que le permitan ser participativos, reflexivos, negociadores, críticos, responsables, creadores y fundamentalmente humanos, ante la solución de los problemas que emanan de la profesión».6

Quizás los argumentos en pro de la integralidad necesiten una revaluación urgente: tan importante como el qué es saber el cómo.

 

1. Apuesto por la integralidad /Entrevista a Francisco López Segrera/Hilario Rosete Silva y Julio César Guanche/
https://mirajovencuba.wordpress.com/tag/asamblea-de-integralidad/
 

2. http://www.cubanalisis.com/CUBA%20EN%20LA%20PRENSA%202011/INTEGRALIDAD%20DOBLE%20MORAL%20EN%20AULAS%20CUBANAS
 

 3. Apuesto por la integralidad /Entrevista a Francisco López Segrera/Hilario Rosete Silva y Julio César Guanche/ https://mirajovencuba.wordpress.com/tag/asamblea-de-integralidad/
 

4.  https://mirajovencuba.wordpress.com/tag/asamblea-de-integralidad/Archivo del sitio ¿Quién es el mejor?
 

5. http://www.mercadeo.com/blog/2010/01/integridad-y-etica/
 

6. El problema de la educación para la integralidad: un desafío para las universidades del siglo XXI/Dr. René Valera Sierra/Profesor Titular. Universidad de La Habana, República de Cuba /Dra. Evarina Deulofeu Zamorano/Profesora Auxiliar. Universidad de La Habana, República de Cuba

 

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Ciencias médicas ¿De dónde son los saberes?... Por Ms. C. Jorge Sariol

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