Lunes
03 de Agosto de 2020
Cultura

Un yanqui del siglo XIX en la Inglaterra del siglo VI

Autor: Kevin Soto Perdomo
Fotos: Portada tomada de isliada.org
Fecha: 23 de Abril de 2020
Un yanqui del siglo XIX en la Inglaterra del siglo VI.  Portada tomada de isliada.org

Caballeros medievales y adelantos tecnológicos del siglo XIX, un Merlín mentiroso, eclipses de sol disfrazados de maldiciones ingeniosas y un yanqui republicano aconsejando a un rey Arturo no muy valiente, solo pueden coexistir en una suerte de aventura anacrónica con toques de comedia, como Un yanqui de Connecticut en la Corte del Rey Arturo, o mejor, Un yanqui en la Corte del Rey Arturo.

Escrita en 1889 por el estadounidense Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, es una noble sátira que, a través de situaciones absurdas, anacrónicas y humorísticas, critica costumbres e ideas políticas y religiosas inculcadas en las sociedades modernas.

La novela gira en torno al personaje de Hank Morgan, un yanqui republicano quien, tras haber recibido un golpe contundente en la cabeza durante una pelea en un bar, viaja en el tiempo a la Inglaterra medieval de siglo VI.

Hank es condenado a morir en la hoguera, pero aprovecha su conocimiento sobre un eclipse de sol acontecido por esas fechas para pasar por un poderoso mago y amenazar a todos con una maldición. Logra su objetivo y se gana el respeto de la gente al punto de convertirse en el consejero del rey Arturo, desplazando así a Merlín, quien se convierte en el personaje antagónico a partir de ese momento.

En el transcurso de la historia, el protagonista, aprovechando sus conocimientos, introduce numerosas reformas e invenciones propias del siglo XIX en la Inglaterra medieval del siglo VI, pero pagando el precio de verse obligado a cumplir con absurdas empresas caballerescas que provocan la risa del lector. Además, en ciertos capítulos se pueden encontrar referencias al Quijote que no solo es un homenaje a esta, una de las más grandes novelas modernas, sino que utiliza esas referencias como punto de apoyo de situaciones hilarantes.

Un yanqui en la corte del rey Arturo demuestra el valor de la sabiduría y lo peligroso que es la ignorancia. Es una novela de lectura fácil, con mucho humor y una siempre bien recibida crítica que, aunque fue pensada para los hombres del tiempo de Twain,es válida para estos tiempos.

Samuel Langhorne Clemens, nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, Estados Unidos, fue un escritor, orador y humorista. Al quedarse huérfano de padre a la temprana edad de 11 años dejó los estudios y comenzó a trabajar como aprendiz de impresor en un periódico local de Tennessee, lugar donde comenzó su carrera narrativa.

Llegó a colaborar con relatos cortos de humor para el periódico el HannibalJournal y a partir de esas historias comienza a tener contacto con la cruda realidad de los más pobres.

El dinero escaseaba y en la casa eran seis, por lo que Samuel decidió dejar las colaboraciones en el periódico para trabajar como piloto de barcos de vapor, oficio prestigioso y bien remunerado en aquel entonces. Para ello tuvo que estudiar la región y las características del Mississippi, por lo que conoció la vida de las comunidades en las márgenes del río, sus carencias, sus necesidades y la orfandad tan popular en aquel entonces.

De esas vivencias nacieron novelas como Vida en el Mississippi (1883) y las famosas Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de HuckleberryFinn (1885).

Samuel Langhorne Clemens falleció en Connecticut el 21 de abril de 1910 de un infarto al miocardio a los 73 años, como él bien predijo: «Vine al mundo con el cometa Haley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él».

Dentro de sus obras más famosas se encuentran Un vagabundo en el extranjero (1880), El príncipe y el mendigo (1882) y Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889). Todas escritas con el arma del humor, pero si existe una obra de Twain capaz de provocar risa en el lector y ponerlo a pensar sobre su sociedad a través del absurdo, esa es la que concierne esta reseña.

Samuel, con su pseudónimo de Mark Twain, logró ganar prestigio gracias a su narrativa directa y sin merodeos, y por su humor tan satírico. Siempre con el índice acusador apuntando hacia los injustos y poderosos, poniéndolos en ridículo ante el ingenio de los que suelen ser los más desfavorecidos.

 

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