Sábado
24 de Agosto de 2019
Historia

Una historia contada desde abajo

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Fotos de archivo
Fecha: 26 de Diciembre de 2017

Todavía se respiraban los aires de la Reforma Universitaria de Córdoba en Argentina y el Manifiesto Liminar se compartía entre los universitarios de América Latina cuando el joven Julio Antonio Mella, imbuido por los aires revolucionarios de la década del veinte, fundaba la revista Alma Mater primero, y la Federación Estudiantil Universitaria, apenas un mes después.

El 10 de enero de 1929, caminando por una de las calles mexicanas en compañía de su novia Tina Modotti, Mella fue asesinado por órdenes de Machado, el dictador que veía entre los jóvenes universitarios a su principal fuerza opositora. Si bien su muerte fue un duro golpe para el movimiento estudiantil, se tornó estandarte de sus luchas.

El enfrentamiento prosiguió entre estudiantes y la dictadura. El 30 de septiembre de 1930 más de un centenar de universitarios descendieron la escalinata clamando la caída del gobierno de Machado. En medio de la balacera, es herido de muerte el joven estudiante de Derecho, Rafael Trejo. Así se apagó la vida de un joven de 19 años, cuya sonrisa fuese inmortalizada en el texto del periodista internacionalista Pablo de la Torriente Brau

En ese contexto de enfrentamiento se creó el Directorio Estudiantil Universitario del 30 y el Ala Izquierda Estudiantil, dos de las organizaciones que más enfrentaron al machadato. Finalmente, la insurrección popular de la que forman parte los estudiantes universitarios derrocó al tirano el 12 de agosto de 1933.

El fin de la dictadura no significó el cese de la violencia contra los estudiantes. El 29 de septiembre de 1933, con solo 13 años de edad, fue abatido Paquito González Cueto, integrante de la Liga de los Pioneros mientras participaba en el acto de recibimiento de las cenizas de Julio Antonio Mella. Llevaba un cartel que decía: «Abajo el imperialismo».

Aunque en el transcurso de 1935 a 1937 la Universidad de La Habana se mantuvo cerrada, en este último año resurgió la FEU a la vida pública y se disolvió el Ala Izquierda Estudiantil. Durante la década del 40 el estudiantado perdió ese espíritu revolucionario; elementos corruptos y gansteriles se apoderaron de la vida interna de la casa de altos estudios.

En cambio, la década del 50 revivió la rebeldía en la universidad. El golpe de Estado protagonizado por Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, encendió la chispa. La Federación Estudiantil Universitaria solicitó armas al presidente Carlos Prío Socarrás. La enorme bandera cubana ubicada a la derecha de la estatua Alma Mater se izó a media asta en señal de duelo.

A pocas horas del hecho, Fidel escribió ¡Revolución no, zarpazo!, como denuncia contra semejante acto anticonstitucional: «Otra vez las botas, otra vez Columbia y dictando leyes, quitando y poniendo ministros, otra vez los tanques rugiendo amenazadores sobre nuestras calles, otra vez la fuerza bruta imperando sobre la razón humana (…). Cubanos hay Tirano otra vez, pero habrá otra vez Mellas, Trejos, Guiteras. Hay opresión en la patria, pero habrá algún día otra vez libertad».

Al año siguiente la FEU, en ocasión del centenario del natalicio de José Martí, protagonizó la Marcha de las Antorchas, tradición combativa que se mantiene hasta hoy.

Aquellos años propiciaron el liderazgo de José A. Echeverría, Juan Pedro Carbó Servía, Fructuoso Rodríguez, entre otros. En 1955, José Antonio fundó el Directorio Revolucionario, el que reuniría en sus filas a los jóvenes más radicales del estudiantado y se convertiría en el brazo armado de la FEU.

Otro momento importante de este rápido recorrido histórico es la firma de la «Carta de México» el 30 de agosto de 1956, la cual materializó el acuerdo de unidad entre el Directorio y el Movimiento 26 de julio. Tres meses y once días después del desembarco del Granma, tiene lugar el asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, el 13 de marzo de 1957.

Tras el fracaso de ambas acciones y la masacre de cuatro de los sobrevivientes el 20 de abril en Humboldt 7, la FEU debió replegarse y pasar a la absoluta clandestinidad. Algunos de los miembros del Directorio Revolucionario decidieron alzarse en las montañas del Escambray y unen sus fuerzas a la columna guerrillera de Ernesto Guevara tras el Pacto del Pedrero en 1958.

El triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959 ofreció a la organización estudiantil un nuevo escenario de participación política. Se instauró un gobierno que defendía los mismos ideales de igualdad y justicia social.

El rol de la FEU desde entonces ha sido otro: volcada de a lleno en la construcción del socialismo, ha protagonizado diversos espacios de impacto social. En las Milicias Nacionales Revolucionarias, durante la Campaña de la Alfabetización, la Reforma Universitaria, la constitución de la Organización Continental de Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE), la creación de la Brigada Universitaria… La lista es interminable. Hoy arriba, victoriosa, a su 95 aniversario, fiel a los sueños de Julio Antonio Mella y cada joven que bajo su bandera dio su vida en nombre de la necesaria Revolución.

 

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