Sábado
23 de Septiembre de 2017
Sociedad

Uno piensa en la familia y en el cumplimiento del deber

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Del autor
Fecha: 4 de Julio de 2017
Misael Valentín,  inspector de Capitanía en Guantánamo.  Foto de Rodolfo Romero Reyes

El testimonio de Valentín no es primera vez que se publica en Internet. Hace aproximadamente un año, cuando regresábamos de filmar un grupo de entrevistas allá por Guantánamo, Claudio y yo sacamos parte de esta entrevista en el No. 2 de la Revista Pensar en Cuba. Hoy volvemos sobre él.

En momentos en que continúan las conversaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, dos temas siguen en la agenda: 1) la devolución del territorio cubano de la provincia de Guantánamo ocupado ilegalmente por fuerzas militares estadounidenses que tienen allí una base naval, y 2) el cese de la política norteamericana que promueve la emigración ilegal de cubanos.

La anécdota que narra el hoy inspector de Capitanía en Guantánamo, Misael Valentín, se relaciona con ambas temáticas. Hace más de 20 años, él evitó una salida ilegal que se produciría precisamente por la Base Naval de Guantánamo.

«Aunque ya en el territorio de la frontera se había ubicado un campo de minas que dividía el territorio usurpado de suelo cubano, muchas personas se arriesgaban a cruzarlo o a intentar hacerlo por vía marítima. Cubanas y cubanos que custodian la frontera diariamente estaban expuestos a intentos de secuestro de embarcaciones».

Recuerdo caminamos junto a él por las calles de Caimanera, montamos en la lancha que diariamente traslada a las personas de Boquerón a Caimanera y de Caimanera a Boquerón, miramos con indignación la bandera que ondea a lo lejos y escuchamos atentos su historia.

Con solo 22 años estuvo a punto de perder la pierna por la herida que le causó la bala disparada por uno de aquellos inescrupulosos.

«En el año 1994 me incorporo a la capitanía del puerto como funcionario. Yo venía de Batabanó y me designaron escolta de la lancha de aquí de Caimanera. El objetivo principal de mi grupo era impedir un intento de secuestro de la lancha que va de Caimanera a Boquerón.

«El estar ubicado en Caimanera, tan cerca de la Base, supone eventuales intentos de secuestro o de penetración de ciudadanos que vienen navegando de Boquerón o de Paraguay y recalo de drogas por diferentes partes de la geografía de la provincia. Por lo tanto, siempre se está con la guardia en alto.

«En el 1994, cuando apenas tenía dos meses de haberme incorporado aquí a Caimanera, llegaron unos compañeros de Santiago de Cuba que supuestamente venían a revisar la construcción que en esos momentos se estaba realizando. Se trataba de lo que hoy llamamos la Pasarela, ubicada en el único tramo navegable entre la Base Naval y nosotros.

«Dijeron que venían con indicación del entonces ministro de las FAR Raúl Castro. Salimos en una embarcación perteneciente a la empresa pesquera de aquí del municipio. Eran cinco individuos: el segundo jefe del MICONS en Santiago de Cuba, de apellido Mustafá, y cuatro ingenieros que lo acompañaban. Llegamos hasta el destacamento naval, donde estaban los compañeros de Defensa del puerto, para informarles que nos dirigíamos hacia la Pasarela. Una vez allí él dijo que tenía indicaciones del Ministro de trasladar la construcción un poco más para allá, hacia el Muelle del Deseo y pidieron acercarse más a territorio estadounidense.

«Enseguida sospecho que hay algo raro, pues la construcción de la pasarela estaba prácticamente terminada. Me viro hacia el patrón y le digo: «¡Vira, vira!» y cuando voy a mirar hacia el otro compañero mío, lo habían empujado al agua. Quedamos encima de la embarcación los cinco ciudadanos, el patrón y yo. Empecé a fajarme con ellos a los piñazos mientras el patrón, hábilmente, zafó los cables de la lancha para evitar que los ciudadanos pudieran continuar hacia el interior de la base. De esta forma la lancha quedaba neutralizada.

«En pleno forcejeo siento un disparo, era una Colt 45 que llevaba uno de ellos.Caigo al mar. Rápidamente, los compañeros del destacamento de Defensa del puerto, que escuchan el disparo, se acercan en otra embarcación. Capturan a los compañeros y uno de ellos me ayuda a subir a bordo de la lancha».

Cuando la vida de uno pende de un hilo, ¿en qué se piensa?

«Primeramente, uno lo que piensa es en la familia y en el cumplimiento del deber. Uno está ahí, cumpliendo una función, un deber y uno se siente obligado a actuar. Casi nunca uno piensa en la vida de uno, porque uno mira para al lado y ve, por ejemplo, que podía peligrar la vida de mi otro compañero o del patrón de la lancha. Todo es cuestión de segundos, uno no piensa muchas cosas».

Llevas prácticamente viviendo 20 años en Caimanera, ¿tienen una mentalidad peculiar las personas que viven aquí? ¿Piensan diferente por estar tan cerca de la Base Naval y lo que ella representa?

«El caimanerense es normal, igual que todos los ciudadanos: por su terruño piensan y defienden. Y sin dudas, los marca la cercanía con la Base. Nosotros no hemos tenido ninguna salida por robo de embarcaciones protagonizado por los pescadores de este municipio. Los de aquí que antes «se tiraban» lo hicieron antes de 1994. Ahora, a veces, algún joven lo intenta y lo han devuelto. La mayoría son embullados por otras personas».

¿Qué pasaría si mañana retiran la Base Naval de Guantánamo?

«Pienso que la salida de la base de aquí de Caimanera, nos permitiría un mayor desarrollo porque las mejores partes de este municipio están dentro de la Base: el aeropuerto, las mejores playas… Si se van, Caimanera sería uno de los municipios más desarrollados de la provincia. Y seguirían siendo revolucionarios, eso sí. Aquí a cada rato los viejos regañan a los jóvenes cuando hablan de forma despectiva de las situaciones que se viven hoy en Cuba.

«Les cuentan, para que conozcan, cómo se vivía en Caimanera antes del triunfo de la Revolución, cómo las mujeres tenían que prostituirse, cómo los hombres que tenían mujeres tenían que fajarse con el marine yanqui que ofendía o toqueteaba a su mujer. Esos cuentos, los jóvenes deberían conocerlos, para que esa realidad que se vivía antes de 1959 no regrese nunca a Caimanera».

Mientras escribíamos aquellas líneas, no dejamos de preguntarnos cuántas personas en este país no habrán protagonizado también actos como este y cuántas de esas historias, lamentablemente, han quedado en el olvido. 

 

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