Jueves
25 de Abril de 2019
Nuestro credo

Vacaciones… ¿A dónde ir? ¿Qué hacer? Preguntas difíciles para presupuestos deprimidos

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Tomada de Juventud Rebelde
Fecha: 5 de Julio de 2018
Con los nuevos tiempos y las dinámicas de la economía cubana, la recreación se ha convertido en un lujo. Más allá de conciertos, obras de teatro y espectáculos danzarios con precios subvencionados, otros tipos de ocio en la Isla demandan de bolsillos abultados…Foto tomada de Juventud Rebelde

Con los nuevos tiempos y las dinámicas de la economía cubana, la recreación se ha convertido en un lujo. La juventud, cuando desea bailar, compartir, conversar entre amigos en lugares confortables, debe pensarlo y más de dos veces.

Aunque el país ha destinado cuantiosos recursos para proveer a las nuevas generaciones de una programación cultural variada, cada día resulta más complejo y costoso acudir a opciones recreativas.

Más allá de conciertos, obras de teatro y espectáculos danzarios con precios subvencionados, otros tipos de ocio en la Isla demandan de bolsillos abultados y nunca asequibles para prole de obreros.

Algunos dirán, claro, que el tiempo libre no es solo cuestión de discotecas, cines o bares. También leer un buen libro, disfrutar de música clásica, acudir a una puesta en escena, ir a la playa, visitar a la familia… O hacer nada.

Y es válido, aunque en algún momento de esos dos meses de vacaciones, el cuerpo quiere madrugadas de música y baile. O apenas sentarse con colegas, amigos o compañeros de aula a degustar un refrescante trago en medio de tardes-noches de verano.

¿A dónde ir? ¿Qué hacer? Preguntas difíciles para presupuestos deprimidos. ¿Cuánto cuestan los cover de discotecas y clubes? ¿Qué tienen las cervezas y los tragos que triplican los precios por temporadas? ¿Cuáles ingredientes proporcionan a las comidas y los entremeses que cuestan casi un par de zapatos?

Y en una ciudad como La Habana, de dos millones de personas, hay públicos para todo, jóvenes para todo, para asistir a conciertos de 20 cup la entrada o bailables con exorbitantes precios que rondan, a veces, las decenas.

Entonces, se piensa: hay variedad de ofertas. Claro. Para quienes pueden, y qué bueno que puedan, bailar en el Salón Rojo del Capri, o en el Benny de Holguín o en la Casa de la Música de Varadero, los mejores puestos, atenciones y servicios, con su consecuente costo. A los demás, que solo pueden exprimir los billetes de balas salvas, como diría el popular humorista Omar Franco, les toca la turba, el bailar-pegados-juntos-todo-el-mundo, con su consiguiente entretenimiento bronquístico que traen casi todos los entornos públicos.

Muchas ciudades y opciones recreativas están pensadas en pos de los nuevos sectores económicos emergentes, no para jóvenes asalariados del sector público y mucho menos para estudiantes universitarios que dependen de pensiones parentales.

Porque una cerveza puede equivaler a todo un mes de transporte en ómnibus, o un bocadillo significa varias meriendas en la cafería de la facultad.

Y sí, hay centros nocturnos con las facilidades de los días FEU, espacios más baratos para las y los jóvenes, al menos en la entrada. No es suficiente.

Cada vez son más limitadas las ofertas recreativas para aquellos que no son hijos, parientes, allegados de trabajadores de firmas o cuentapropistas, o hijos de trabajadores estatales que tengan determinadas prebendas.

Y entre tanto estudio, en medio de las vacaciones, la recreación debiera ser más asequible, diversa, plena y sobre todo… pagable.

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