Sábado
08 de Agosto de 2020
Historia

¡Yo estuve en el Cuartel Moncada!

Fuente: Texto publicado en el número especial de julio/agosto del 2013
Fotos: De archivo
Fecha: 26 de Julio de 2020

En octubre de 1953 apareció publicado en Alma Mater el testimonio de uno de los participantes en las acciones del 26 de Julio. Casi setenta años después aún se desconoce el autor…

Solo el destino sabe; yo mismo no puedo explicármelo a veces, pero ha sido así, y a pesar de la enorme depresión espiritual en que me encuentro, la que me mantiene en cama desde entonces, quiero decir claramente los momentos que vivimos. Es lo menos que puedo hacer por los que quedaron allá, con menos suerte que yo. Las cosas que aquí digo las vi con mis propios ojos, las otras me las contaron otros compañeros, algunos de ellos muertos más tarde.

Éramos cerca de 150 hombres. Algunos sabíamos a lo que íbamos, otros, no; pero eso sí, todos estábamos conscientes de que se iba a escribir una página en la historia de Cuba Revolucionaria con el riesgo de nuestras propias vidas.

Había cerca de 40 escopetas de perdigones, algunos rifles calibre 22, una sola ametralladora con un magazine de 30 tiros, dos rifles viejos de grueso calibre, pistolas y revólveres que cada cual había conseguido por alguna parte, muchos comprándolos con el dinero de su sueldo. Aunque era poco el parque a todos nos pareció suficiente. Órdenes concretas de no derramar sangre sino como último recurso. Llegamos temprano por distintas direcciones. Tuvimos muy poca suerte, el grueso de los hombres iba en las máquinas y las dos primeras chocaron a la entrada. Nos tiraron primero y se generalizó el tiroteo que puso a los demás en guardia. El factor sorpresa quedó eliminado a los pocos minutos.

A pesar de la inferioridad nos parapetamos en distintos puntos y combatimos más de 5 horas. Cuando caía uno de nosotros el arma no llegaba al suelo: la tomaba otro y continuaba peleando. Estuvimos cerca del polvorín, pero varias ametralladoras de trípode nos mantenían a raya. En la batalla solo cayeron 10 o 12 de los nuestros. Era inútil más derramamiento de sangre: hubo orden de retirada. ¿Qué cuantas bajas tuvimos en general? En combate, pocas; asesinados vilmente, cerca de 90.

Contaré a párrafos los distintos incidentes. En la barbería del cuartel quedaron siete sin parque. Se rindieron con la frente en alto, pero cayeron con el cráneo destrozado por las balas de las ametralladoras del TENIENTE RICO, jefe del buró de prensa del cuartel. Esto sucedió a una orden de RIO CHAVIANO que se encontraba a su lado.

Imagenes de archivo

En el Hospital Saturnino Lora quedaron también acorralados 20 compañeros más. Fueron capturados totalmente indefensos, sin parque. Se cebaron vesánicamente con ellos. Les arrancaron las uñas, les cortaron sus partes con una afilada cuchilla, les sacaron sus ojos con sus propias manos. Otros fueron rematados aculatazos y a balazos en la nuca y en la frente.

Vejaron los cadáveres, los escupían, los pateaban, aquello no era un grupo de cadáveres sino una masa deforme y sanguinolenta de cosas que habían sido hombres.

Comenzó la cacería en la ciudad y en el monte. En los alrededores capturaron a muchos, los torturaron y los mataron: sacaron de sus casas a elementos que nada tenían que ver con nuestro movimiento pero que se habían distinguido por su lucha contra el régimen; muchos de estos fueron asesinados también.

Así fue muerto el niño Calá por el CAPITÁN LAVASTIDA.

En la Gran Piedra fueron capturados 27 hombres después de un breve combate, fueron ametrallados y echados en una cuneta. En ninguno de los encuentros quedaba heridos del grupo de los revolucionarios, todos eran asesinados. Los que llegaron al hospital eran envenenados por el doctor PORRO, médico militar.

En medio de espantosas curaciones morían en la mesa de curaciones. También les inyectaban aire en las venas. A muchos, les arrancaron las transfusiones de sangre y los mataron a culatazos limpios en la propia sala de curaciones. Aquello era una orgía de sangre.

En el Siboney quedaron cinco compañeros; hoy solo vive uno. Muchos eran arrastrados vivos a la cola de un caballo. Por ninguna parte aparecían heridos sino solo muertos y más muertos, todos irreconocibles: estaban despedazados.

Existe una foto del compañero José Luis Tassende, herido levemente en un pie. Hoy se cuenta entre los muertos. Una madre recibió una nota de su hijo a las pocas horas del combate. «Mamá, estoy preso, no te preocupes». «Murió en combate», dijeron en el Juicio.

Los compañeros Andrés Valdés, Raúl Aguiar y uno de apellido Del Valle, fueron capturados en el central Marcané,torturados en el cuartel de Alto Cedro, asesinados y echados en el foso de una colonia de cañas. Sabemos el nombre de quien los entregó.

Delante del gobernador mataron a ocho revolucionarios que se le habían entregado.

DIAZ TAMAYO, Río Chaviano y Pérez Chaumont, carne de hiena y no de hombres, dirigían la orgía.

Fidel Castro y los demás se encuentran presos, salvaron la vida milagrosamente, pero fueron torturados y golpeados salvajemente. Ya presos, a cada minuto pretendieron asesinarlos.

En la cárcel de Boniato tuvieron los presos que hacer una huelga de hambre para lograr curar a un compañero que tenía podrido un ojo de un culatazo que le habían asestado. Fue inútil porque perdió el ojo.

Yo he quedado vivo y no puedo alegrarme, porque mi alma ha muerto para siempre. Más nunca podré borrar de mis ojos aquel espectáculo horrible de tantos compañeros asesinados y ultrajados. Dios los guarde en la gloria y nos dé fuerzas a nosotros para saber imponer la verdad y la justicia por lo que allí pasó. Mi nombre no puedo revelarlo.


*Texto publicado en el número especial de julio/agosto del 2013

 

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