Martes
18 de Junio de 2019
Cultura

Yo quiero ser un «eterno aficionado»

Autor: Neida Lis Falcón
Fotos: Elio Mirand
Fecha: 28 de Noviembre de 2014
Dr. Miguel Barnet, Premio Nacional de Literatura

Su obra, Biografía de un Cimarrón, figura en la lista de las más demandadas durante las Ferias Universitarias del Libro y la Literatura. Para el Dr. Miguel Barnet, Premio Nacional de Literatura, y tantas veces laureado dentro y fuera del país,  la preferencia de los jóvenes lectores por su texto se convierte en «uno de los más grandes y ­conmovedores reconocimientos». Sin embargo, al presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba  (UNEAC), aún le aguardaba otra sorpresa: Su poema Sean Jóvenes inspira  una campaña de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que ha hecho suyos los versos y se propone multiplicarlos para satisfacción del poeta, narrador, etnólogo y ensayista. Con el rostro alegre por la iniciativa juvenil conversó Barnet con Alma Mater.

¿Actualmente cuáles son los ­vínculos entre la UNEAC y las universidades?

La UNEAC es una organización social, pero en ella está la vanguardia de los artistas e intelectuales más notables del país. Muchos han cursado estudios superiores y a partir de ahí nuestros vínculos con todas las universidades son muy estrechos. En mi caso, por ejemplo, tengo un título de Dr. en Ciencias Históricas y presido la Fundación Fernando Ortiz, que está indisolublemente ligada a los departamentos de Historia, Filosofía  y Sociología de la Universidad de La Habana (UH).

Nuestra organización también se relaciona con los centros de estudio superior a través de proyectos nacionales e internacionales. Entre ellos, los congresos de la Asociación de Estudios Latinoamericanos que se hacen en distintas partes del mundo. Casi siempre, los que se desarrollan en Estados Unidos, son coordinados por la UH.

Varios miembros de la UNEAC impartimos conferencias en centros de educación superior. De hecho, Abel Prieto y yo hemos disertado sobre los orígenes de la cultura cubana y la política cultural en algunas de estas instituciones, tanto en la capital como en otras provincias. En muchos casos es estimulante; en otros nos deja cierta perplejidad. Nos hemos percatado, yo así lo siento, de que la formación de estudios cubanos es aún pobre desde el ángulo humanista. Es vital robustecerla no solo en las facultades de Historia y Letras, sino también en otras de perfil técnico, científico.

Es fundamental que los alumnos conozcan cómo se formó la nación cubana, cuál es el perfil auténtico y verdadero del cubano de hoy, por qué somos como somos. En esto los intelectuales y artistas tenemos mucho que aportar.

Si bien nuestros vínculos con la universidad son fuertes, deben vigorizarse aún más. La UNEAC  tiene el compromiso de mantener una dinámica de intercambio permanente con el estudiantado cubano, sobre todo con los universitarios, porque son el futuro. 

¿Qué papel corresponde a las universidades en la formación de estudiantes capaces de contrarrestar los efectos de la  seudocultura en la Cuba de hoy?

La universidad tiene que ser un verdadero templo de la cultura. Fidel afirmó que «La cultura es lo primero que hay que salvar» y si lo dijo así fue porque sin una formación integral el ser humano queda debilitado. Cuando una persona culta llega a un lugar dentro o fuera de su país y tiene las referencias, sabe por dónde andar, va con más confianza. Esa persona entonces puede integrarse, disfruta mucho más lo que ve y lo que siente. La cultura nos da información, nos estimula y brinda  placeres estéticos, pero además de todo eso, nos da seguridad. Esa palabra es muy fuerte pero es así.

Es importante leer mucho y de todo, no solo de Geografía e Historia, sino leer a los pensadores, a los antropólogos, a los sociólogos, a los escritores. Hay obras literarias que son más profundas en su calado histórico o historicista que los propios libros de esas asignaturas. Y lo mismo pasa con la Filosofía. La obra de Balzac, de Carpentier o de García Márquez, por ejemplo, nos dice más de la sociedad francesa, cubana, colombiana y latinoamericana que muchos textos sociológicos y tratados políticos.

Hay valores que son categorías de la inteligencia y se deben salvaguardar: el respeto, la ética… Pero hay otras categorías que son de la educación, del gusto… Si una persona aprecia lo bello en lo más profundo de su ser, no puede ser violenta, ni vulgar. Lo bello entonces es una categoría fundamental, con sus variantes, con sus multiplicidades. Hay personas que tienen criterios diversos respecto a la belleza, y eso se respeta. No podemos olvidar que todas las categorías estéticas son subjetivas.

En este sentido, vale reconocer la importancia del programa que llevan adelante la Sociedad Cultural José Martí y los Clubes Martianos, porque nuestro Apóstol fue un maestro de la educación, del equilibrio, del respeto. Sufrió grandes desgarramientos. Muchas veces recibió como recompensa la indiferencia y la ingratitud de algunas personas. Él lo dijo, sabía que podría ser así. Sin embargo, murió con un poema de Mallarmé en el bolsillo y escribió, con una vibración sensible extraordinaria, sus últimas palabras: «Hay afectos de tan delicada honestidad…». ¡Qué tres palabras: afecto, delicada y honestidad! Ahí se quedó, montó su caballo y murió por Cuba en Dos Ríos.

No hay nada más estimulante que sentirse útil, independientemente del cariño y el amor que recibamos de otras personas. Y debe ser así para los jóvenes. Como decía el mismo Martí: «la utilidad de la virtud». Si te sientes útil en cualquier tarea, en cualquier misión, te mantienes joven. El que no experimenta esa sensación envejece, aunque no tenga edad para hacerlo. Esa es otra de las importancias de la universidad.

Después de haber pasado por esas dos escuelas que son la familia y la sociedad, cuando uno recibe un título universitario, no debe dejar el conocimiento colgado en la pared. Debe ejercer y compartir lo que ha aprendido, si no de qué vale la vida. Por eso decía que la cultura es seguridad. Asimilar un hecho cultural, un pensamiento, una historia, es ganar un tesoro que no pesa en el bolsillo y que se lleva siempre. Eso permite vivir con más felicidad.

En ese interés de multiplicar saberes y cultura, músicos, creadores e intelectuales han retomado las giras por centros de Educación Superior. Sin embargo, no es suficiente ¿Qué otras iniciativas podrían propiciar el acercamiento entre los jóvenes y los mejores exponentes de la cultura nacional?

Esa es una de nuestras prioridades: favorecer la promoción e interacción de los creadores y el público joven. La política cultural del país tiene entre sus primeros desafíos arrasar y superar toda la superficialidad y la cacharrería que hay en los medios y alcanzar un nivel que niegue todos esos subproductos culturales. Pero hay que tomar en cuenta que el ser humano tiene un gusto muy diverso y a mí no me gusta hacer tabla rasa de nada. Hay géneros que nacen y mueren como nacieron, y otros que quedan, que permanecen. Yo no estigmatizo nada.

Pienso que si determinado género está enraizado es porque no hemos podido suplantarlo por otro de más valor, de más calidad, de más  altura, que nos lleve a otra dimensión. Hay personas a las que no les gusta la ópera y prefieren la música popular. A mí, por ejemplo, me gustan las dos y la lírica, la de concierto… Pero eso se lo debo a mi primera universidad, el hogar. Yo vivía muy cerca del teatro Auditórium y fui a los conciertos en los años 50. Iba también al ballet sin que nadie me impulsara. Estaba en mi entorno, era un ambiente propio, con las influencias y condiciones dadas para que se lograra esa magia.

A los jóvenes hay que inclinarlos hacia lo mejor del arte y la literatura. Pero no se les puede obligar y decirles: esto es malo, no oigan esto o lo otro… Hay que inducirlos poco a poco en ese gusto. Sin negativas ni imposiciones, porque estas provocan en ellos una reacción contraria. Yo no quiero hablar de ningún género en particular, sabemos cuáles son los podridos, mancos, los que no llegan siquiera a ser géneros y por eso sucumben al paso del tiempo.

En el caso de la literatura, y las letras en general, como mejor se aprende es descubriendo a los autores, sin imposiciones. Aunque no tengas una metodología, una orientación; cuando descubres a un autor, no tienes que leerte toda su obra, basta con que leas uno o dos de sus libros y sientes que te llenas de él.

Insisto en que la universidad ha de ser un templo de la cultura. Tenemos que aprovechar todos los recursos en esa intención por su alto contenido educativo, y es urgente, porque aunque duela reconocerlo, predomina lo barato. Eso es triste, pues dentro de lo banal a veces hay cosas que entretienen y pasan sin dejar huella, pero lo barato deja una cicatriz profunda. Y eso está en los medios, está en la calle, lamentablemente.

Yo no creo que en nuestra sociedad se hayan perdido los valores esenciales. Este es un pueblo profundo y cuando le tocan la fibra más sensible, por ejemplo de los sentimientos patrióticos, responde. Lo que se ha perdido es la  urbanidad, aquello de «Perdone, pase usted, buenos días, con permiso…». Son escasas las buenas maneras, incluso en lugares públicos. Cuando uno ve todo eso se pregunta qué pasó, cómo  es posible después de tantos años de educación…

Se ha cuidado mucho la formación político-ideológica, pero la urbanidad, las cuestiones morales y cívicas se han descuidado. El resultado inmediato es la presencia de actitudes que evidencian  pérdidas de valores éticos, de respeto hacia quien comparte con uno el diario vivir. Si no hay respeto, emergen la violencia y la vulgaridad, dos rasgos muy nocivos para la sociedad y que abundan hoy.

Cada día la universidad es más importante para tratar de encauzar por otros derroteros esta situación. Es imprescindible, como decía Benito Juárez, «el respeto al derecho ajeno» para garantizar sosiego, paz en las relaciones de las personas. De lo contrario, aparecen fricciones que terminan en actos violentos.

¿Considera que los jóvenes cubanos y en particular los universitarios asumen como suya la salvaguarda de la cultura e identidad nacionales? ¿Qué protagonismo tiene o ha de conquistar la FEU en esa batalla por el alma de la Patria?

Yenisé Peña, miembro del secretariado nacional de la FEU muestra a Barnet imágenes de la campaña Sean jóvenes.
Yenisé Peña, miembro del secretariado nacional de la FEU muestra a Barnet imágenes de la campaña Sean jóvenes.

Yo quisiera que los jóvenes de hoy recordaran un poco más a los quelo fuimos en los años 50 y más allá, de los que lo fueron en los 40 y en los 30 del pasado siglo. Muchos de estos jóvenes sacrificaron sus preciosas vidas. Ahí tenemos a Rafael Trejo, a los mártires de Humboldt 7, a José Antonio Echeverría, y a otros como Frank País, el Capitán San Luis, los hermanos Saíz. El propio Juan Abrahantes, cuyo nombre lleva el estadio de la Universidad de La Habana, era casi un niño cuando fue a luchar para la Sierra. Y como él, tantos otros. Esto a veces se olvida. Hay quienes hacen una apología de los años 50. Hacen una arqueología edulcorada, matizada de recursos decorativos y baladíes de esos años. Pero los 50 fueron glamorosos para los que tenían mucho dinero e iban a hoteles y casinos de lujo. Para los que sufrían los efectos del hambre y la discriminación racial de entonces, fueron terribles…

Hay que hacer más películas, documentales, libros sobre esa etapa para que los jóvenes sean conscientes de todo lo que ha hecho la Revolución y cuánto se hace todavía. Ahora hablamos de los Lineamientos y del impulso a la economía, pero también de asumir la vida desde posiciones más abiertas, más plenas. Toda esa campaña que lleva adelante el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y Mariela Castro, por el respeto a la diversidad sexual, es tan importante porque dignifica a la sociedad y al ser humano.

Tenemos que vivir en armonía excepto con los bandidos y los malhechores. Con todos los demás tenemos y podemos vivir cordialmente. Incluso, con personas que no piensen como nosotros pero que actúan con respeto y con decencia hacia nosotros, tenemos que aprender a vivir.

La universidad tiene también en esto un gran papel y yo respeto mucho a los jóvenes. No voy a hacer una apología absoluta de ellos, ni tampoco de los viejos, porque no me gusta la demagogia. Creo que sí debe prevalecer siempre el diálogo entre estas generaciones para que se conozcan mejor. Ese intercambio respetuoso permitirá compartir experiencias, mostrar nuestras vidas, las historias de unos y otros, que no han sido siempre fáciles, ni campos de rosas, que están llenas de contradicciones.

De eso se trata también: de aprender a vivir con nuestras contradicciones y con las de los demás, sin pretender que tenemos la verdad absoluta. Yo soy incapaz de dar consejo alguno a los jóvenes, sería una arrogancia de mi parte, excepto, que sean jóvenes, porque si no ¿Qué otra cosa podrían ser?   

Ya suman 22 las ediciones del Festival Nacional de Artistas Aficionados de la FEU. ¿Qué importancia concede usted a un evento de esta naturaleza?

Creo que son muy importantes. Les doy mucho valor. Yo mismo fui profesor de los  instructores de arte en los inicios de ese programa. Tuve alumnos que hasta me superaban la edad, pero como siempre fui muy estudioso, me formé bien para darles Metodología de la Investigación Folclórica.

Respeto mucho al movimiento y los festivales de aficionados. De hecho, creo que todos lo somos. El que se sienta un profesional, que ya lo logró todo, está perdido. Cuando  viajo y presento mi pasaporte que dice Escritor, me da vergüenza.

Igual que a esos jóvenes aficionados de las universidades lo que nos impulsa a crear es justamente la afición por la cultura, la poesía, la música, la pintura, por las artes en general. Entonces, no entiendo al escritor profesional, lo respeto muchísimo, pero no lo entiendo honestamente. He sido profesor en las escuelas de arte, investigador, promotor cultural… pero jamás he vivido de ser escritor. Yo quiero ser un eterno aficionado.

 

SEAN JÓVENES

 

Sean jóvenes pero profundos
Sean jóvenes pero útiles

Sean jóvenes pero iconoclastas
Sean jóvenes pero diferentes
Sean jóvenes  pero inconformes
Sean jóvenes pero maduros
Sean jóvenes y no se crean viejos jamás
Sean jóvenes y no dejen que
nada los convenza de lo contrario
Sean jóvenes y hagan hablar a las piedras
Sean jóvenes y enfrenten a la
juvenilia banal, a la mediocridad
y al muro sordo del inmovilismo
Sean jóvenes y aunque un día
se vuelvan viejos
sepan que solo por la magia del arte
nos quedaremos jóvenes para siempre
aunque nos nazcan luengas barbas
o nos quedemos sin un pelo en la cabeza
Sean jóvenes no como un deber, una consigna o una profesión
sino con la voluntad incansable de ser
Sean jóvenes y dichosos
para que como escribiera Lezama Lima
podamos contemplar el movimiento
como imagen de la eternidad
Sean jóvenes con la pupila insomne
y el párpado abierto
Sean jóvenes y dejen la apatía y la desidia
para los que vengan detrás
Sean jóvenes como el rechinar de la corneta china
o el repique de los tambores batá
Sean jóvenes y no se miren al espejo
Sean jóvenes como aquellos
que asaltaron al cielo
para quedarse jóvenes eternamente
Sean jóvenes y sepan que el tiempo pasado
no necesariamente fue mejor
como escribiera Jorge Manrique
a la muerte de su padre
Sean jóvenes porque  ser jóvenes
es la única razón de ser
Sean jóvenes porque sino que
otra cosa podrían ser.

 

Miguel Barnet

 

 

 

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