5 de marzo del 2009

En fin… ficción o realidad

Por Jennifer Piñero Roig
Imagenes: Internet

La Psicología Transpersonal y la Etología son materias que ganan adeptos...
Desde casi los orígenes de la humanidad, el hombre ha buscado incansablemente la forma más certera de acercarse a explicaciones: por un lado, del mundo que habita, su naturaleza, sus potencialidades, cómo sobrevivirlo y mejorarlo; por otro, del misterio que representa como individuo para sí mismo. La filosofía, la ciencia, la magia, la religión y el arte han sido maneras de buscar estas respuestas. Y antes de que el positivismo se entronizara sobre las teorías y posturas de cómo alcanzar y trasmitir el conocimiento, esas grandes manifestaciones del saber se mezclaban y fundían al punto de no discernir bien entre unas y otras.

Los grandes del Renacimiento no se circunscribieron a una «especialidad», John Dee, el astrólogo oficial de la corte de Isabel Tudor, era reconocido matemático, alquimista y nigromante; Nostradamus, autor de las famosas profecías publicadas bajo título de Centurias Astrológicas, fue médico de la corte de Carlos IX de Francia; Leonardo da Vinci, probablemente el nombre más grande que se pueda citar, fue no sólo pintor, sino escultor, arquitecto, ingeniero e investigador de biología y anatomía.

Con la promesa de que el saber científico hallaría soluciones a las preguntas históricas de la humanidad y hasta elevaría el nivel y la calidad de vida, se instauró la primacía de las ciencias llamadas duras. La distinción entre unos saberes y otros se llevó al extremo. La necesidad de entender, generalizar, comprobar y racionalizar se impuso en menoscabo del crédito a experiencias particulares. Sin embargo, los paradigmas cayeron y, como previeron Adorno y Horkheimer en su Dialéctica de la Ilustración, las últimas décadas han visto cómo la balanza vuelve a inclinarse a favor de la religión y sus variantes sincréticas y mágicas. Hoy, en el mundo, las librerías van teniendo menos espacio destinado a la literatura porque los manuales de autoayuda, los testimonios sobre experiencias sobrenaturales y todas las variantes de la cultura New Age en ensayos y ‘estudios’ van ganando terreno.

La Psicología Transpersonal y la Etología son materias que ganan adeptos. De pronto, uno puede estar en medio de una conversación entre colegas en una cafetería y escuchar a alguien que en la mesa contigua comenta del primo que se fue a Chile a hacer un Master en Psicología Transpersonal y por supuesto, después de la sorpresa surgen las interrogantes. Y precisamente Internet es una de las herramientas más poderosas del nuevo escenario post-moderno, donde cada uno se gesta una versión de las respuestas que necesita. Bajo el lema de «expande tu conciencia al cosmos y recupera tu poder interno para crear una nueva humanidad», un portal virtual explica que se trata de «un movimiento psicológico que considera la psicología y la espiritualidad como dos aspectos complementarios del desarrollo humano, por lo que intenta realizar una integración entre la práctica psicológica y principios espirituales, tanto occidentales, el cristianismo, como orientales, el budismo o el yoga». Dentro de las interpretaciones de esta disciplina, se expone que el nivel transpersonal «se alcanza a través del desarrollo espiritual y consiste en trascender la identificación del cuerpo y la mente para alcanzar un estado de conciencia mayor».

La Etología es la ciencia que estudia el comportamiento de los animales.

La Etología es, por su parte, la ciencia que estudia el comportamiento de los animales. Se focaliza en la determinación de las características distintivas de un grupo animal y cómo estas evolucionan para la supervivencia del mismo. En tanto los hombres son también miembros del reino animal, existe una rama de la etología enfocada a ellos denominada etología humana.

Las raíces de la psicología transpersonal se remontan a principios del siglo XX con las conferencias de William James, psicólogo norteamericano que se nutrió de las doctrinas del Transcendentalismo Americano, Teosofía, Misticismo Cristiano, Sufismo, Budismo, Vedanta y Yoga. Mientras, la etología registra su auge en el siglo XIX a partir de varias corrientes de pensamiento, el Conductismo entre otras. Y cuando en 1973 los científicos Lorenz, Frisch y Timbergen recibieron el Premio Nóbel, la etología se inscribió oficialmente entre las ciencias respetables, lo cual no ocurre aún con la psicología transpersonal que sigue siendo definida como movimiento no científico.

Los etólogos analizan aspectos de la conducta animal como la agresividad y el apareamiento. Han desarrollado sobre esta base cuatro preguntas relacionadas con el comportamiento: cuál es su función, cuál es su causa, cómo varía a lo largo de la existencia y cómo ha evolucionado en los diferentes momentos históricos. Las respuestas dadas pueden llegar a ser curiosas: acerca de las motivaciones sexuales de hombres y mujeres, se establece que ellas valoran más el estatus socio-económico del compañero potencial, en tanto que la belleza física y la juventud son los atractivos más valorizados por los hombres.

Psicología Transpersonal

La psicología transpersonal, en cambio, se interesa más en el significado subjetivo de las experiencias paranormales en el individuo, así como su capacidad para promover una transformación espiritual y psicológica. Es precisamente ahí donde se halla la limitación de estos estudios, en su base extremadamente incierta y poco comprobable.

Mientras, las polémicas se levantan alrededor de la etología cuando se llega a favorecer perspectivas fatalistas o enfrentadas a la posibilidad del hombre de superar circunstancias sociales como la diferencia de clases y las discriminaciones sexuales, étnicas y raciales. Incluso, determinados autores han llegado a concluir que en las sociedades deberían existir víctimas propiciatorias porque permiten descargar tensiones hostiles propias de la naturaleza humana, dada a buscar una dominación del fuerte contra el débil.

Decía Jorge Luis Borges, el escritor argentino que se obsesionó por la delgada línea divisoria entre ficción y realidad: «Pero no hablemos de hechos. Ya a nadie le importan los hechos. Son meros puntos de partida para la invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo el olvido de lo personal y local. Vivimos en el tiempo, que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis».

Portada de la Revista impresa
Contraportada de la Revista impresa