14 de mayo del 2009

¿Alimentos transgénicos?

Por José Jasán Nieves Cárdenas,
estudiante de 3er año de Periodismo de la
Universidad Central Marta Abreu de las Villas
Fotos: Internet

El rostro de un niño asombrado ante un pescado emergiendo desde dentro de un plátano fue una imagen chocante que la caricatura del célebre dibujante argentino Quino me transmitió en su libro “¡Qué Presente Impresentable!”. Aludía el caricaturista los alimentos transgénicos, y con su alusión condicionó mi opinión sobre este tipo de productos; aunque, debo reconocer, nunca había escuchado ninguna explicación de sus defensores.

Mi desconocimiento, idéntico al de casi todos los cubanos, sufrió una transformación gracias a una reciente conferencia del Doctor José Manuel Machado, especialista del Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP) de la Universidad Central Marta Abreu de las Villas (UCLV) quien explicó sobre las ventajas y riesgos de la práctica científica destinada a crear individuos con características diferentes a las “naturales”.

Una planta transgénica es un ejemplar con la misma apariencia que sus iguales a la cual se le han introducido genes de otra especie (vegetal o animal).

 Por ejemplo, señalaba el profesor Machado, es transgénico un plátano que reciba desde el páncreas humano el gen encargado de estimular la producción de insulina, para que los diabéticos puedan cubrir sus necesidades de ese elemento ingiriendo la fruta y no mediante constantes pinchazos.

El empleo de la transgénesis garantiza mejor resistencia de las plantas a un determinado virus, lo cual evita emplear los riesgosos pesticidas industriales, y ayuda a retardar la maduración de frutas como el tomate (que tras una “intervención” genética pueden permanecer maduros hasta un mes después de su cosecha).

Como recientemente informó el diario Juventud Rebelde, un gen incorporado facilita también el aumento de la calidad nutricional del arroz, grano carente por naturaleza de varias vitaminas y que pierde gran parte de las pocas que posee cuando se le quita la cáscara y se le cocina.

El doctor Machado especificó también que la resistencia a la sequía y a los suelos salinos es otra de las características potenciada en la manipulación, cuyo resultado final son plantas capaces de sobrevivir con el rocío mañanero o prosperar en terrenos casi desérticos, como los del sur de la provincia de Guantánamo.

En Cuba las investigaciones transgénicas se concentran en La Habana y en el centro del país, contó el profesor. En Sancti Spíritus los investigadores miran hacia el arroz, en Ciego de Ávila hacia la piña y en Camagüey atienden el boniato. El Instituto de Biotecnología de las Plantas desarrolla variedades de Frutabombas con maduración extendida y de plátanos fruta más resistente a la plaga que los desapareció de las casas cubanas (la Sigatoka Negra).

El caso del plátano fruta (o Gran Enano) resulta de los ilustrativos en la elección de la transgénesis como la opción final para combatir los daños de la Sigatoka Negra, ejemplificó el doctor Machado.

Por los métodos tradicionales (orgánicos o no) la única posibilidad de sostener su cultivo radica, en rociar cada semana, con fungicidas a los campos mediante avionetas (y si llueve, hasta 2 veces por semana) durante los nueve meses que dura el ciclo de este plátano (calculemos los costos); mientras que una manipulación genética de la planta permite convertirla en resistente a la enfermedad sin emplear productos industriales, ni afectar a los agentes transmisores (insectos u otros microorganismos) Hacia esta posibilidad miran con grandes expectativas los profesionales del IBP villaclareño.

Como manipulación externa al fin, las plantas transgénicas también acarrean peligros. Opiniones contrarias a tales prácticas científicas, como las de Quino, parten desde posiciones éticas sobre el curso natural de la vida (sin intrusiones humanas) y desde la posibilidad de daños a la salud humana, al medio ambiente y a la biodiversidad que ciertamente puede provocar un alimento rediseñado.

Pero el Dr. José Manuel Machado, también especialista e inspector nacional de Bioseguridad, alega que en los 12 años de aplicación de la transgénesis hasta hoy sólo se conoce un caso de reacción en humanos, provocado por la inclusión de genes de la Nuez del Brasil en una variedad de soya, que convirtió en alérgicas a esa soya a las personas alérgicas a la Nuez.

Un recuento histórico permitió al doctor Machado recordar que los cultivos naturales también fueron y son “domesticados”, pues los cruzamientos y combinaciones entre variedades de una misma especie (para ganar en resistencia a plagas, tamaño, sabor…) constituyen formas de manipulación que generan nuevos individuos con características diferentes a sus predecesores. Así responde a quienes acusan a los científicos de “jugar a ser Dios” con la transgénesis.

Además, la técnica de introducir genes diferentes ha demostrado resultados concretos pues el alcance de las investigaciones y cultivos ya alcanza a 27 países en el mundo, de entre los que sobresalen en las cuatro primeras posiciones: Estados Unidos, y Argentina (el 98% de su soya es transgénica), Brasil (casi el 80% de sus frijoles de soya también provienen de plantas fortalecidas contra las plagas por esta vía) y Canadá. Se trata de los mayores suministradores de granos en el planeta.

Aún así, aseguró el Dr. Machado, el trabajo en esta modalidad de productos vegetales conlleva el máximo de medidas de seguridad. Ahora mismo el IBP desarrolla un estudio enfocado en los efectos que puede provocar la modificación genética de una planta en el índice de microorganismos vivientes en el suelo cercano al ejemplar. Si aumenta o disminuye el nivel es la señal de alerta ante un problema que debe solucionarse para continuar, pues los daños colaterales no pueden existir, sentenció en su exposición el especialista. 

En calidad de inspector nacional de bioseguridad José Manuel Machado insiste que la irresponsabilidad de personas y organismos encargados de dirigir experimentos a la hora de cumplir estrictamente las medidas de control constituye uno de los principales factores de riesgo en una investigación.

Su preocupación puede quedar respaldada si recordamos que la falta de cuidado en la introducción de especies animales y vegetales externas a nuestro medio (como la especie acuícola Claria o la planta Marabú) generó drásticos cambios en el balance natural de la flora y la fauna; y resulta uno de los argumentos principales entre los que acusan a la transgénesis de afectación a la biodiversidad (pues el cruzamiento entre una variedad manipulada y una sin modificaciones podría acarrear consecuencias inimaginables). 

Reconocer ventajas y riesgos representa para el Dr. Machado el primer paso para esclarecer la polémica en torno a la aceptación o no de la transgénesis. Los extremismos denotan ignorancia, tanto de parte de quienes nada o muy poco conocen del tema y en cambio emplean términos como “Frankenfood” (“comida Frankestein”) para referirse a los alimentos modificados, como del lado de defensores de la manipulación genética que califican a esta variante como el futuro absoluto.

La transgénesis debe ser vista como una opción más dentro de la agricultura mundial y nacional, opinó el doctor Machado en su conferencia, y confieso que me incorporó a su tesis. Para decidir usarla antes deben descartarse todas las otras opciones más naturales, orgánicas, y verificar que el producto manipulado ni afecte la salud humana ni interrumpa los ciclos vitales de los insectos y microorganismos que interactúan con las plantas.

Desde la Universidad Central especialistas como el Doctor José Manuel Machado insisten en brindar la mayor información para que el conjunto de la sociedad decida y vele por la mejor tecnología para nuestro país y nuestra especie.

(Más información sobre las naciones y empresas que trabajan en investigaciones transgénicas pueden obtenerse por Internet en el sitio “Biosafety Cleaning House”)

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