5 de febrero del 2009 |
Otra vez los libros |
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Por Tamara Roselló |
Hace unos meses escuché a dos estudiantes comentando su predilección por las películas que versionan obras literarias. Uno confesó que nunca había vencido la lectura completa de un título. Me pareció que lo decía con más orgullo que rubor. ¿Será esta una consecuencia de la época de la multimedialidad? Tal vez sea una ganancia, ya que aquellos que nunca sintieron deseos de adentrarse en las páginas de un libro, se acerquen a su mundo de historias y fantasías a través de las imágenes y el sonido. El audiovisual es un camino, pero ojalá quienes lo transiten no olviden las rutas que llevan a la letra impresa. Es cierto que la vida de un universitario está rodeada de libros, algunos actuales; otros han pasado de mano en mano, año tras año. Todos esperan con la misma entrega al próximo lector. En el ámbito académico no solo se revisan o sugieren textos por obligatoriedad de los planes de estudio. También nacen nuevos proyectos editoriales como resultado de investigaciones o compilaciones de artículos temáticos. Una tesis puede multiplicarse en cientos o miles de ejemplares y permanecer en las librerías o bibliotecas de todo el país hasta que alguien quiera descifrarla. El libro El autonomismo en las horas cruciales de la nación cubana es un ejemplo. Contiene los análisis que le valieron a Carlos y Elier, para merecer la máxima calificación del tribunal y obtener su título de licenciados en Historia, en la Universidad de La Habana. Por estos días andan estrenándose como autores, compartiendo en presentaciones con el público —y los amigos y familiares— la emoción del proceso vivido y la angustia por todo lo que falta por decir. De seguro hay muchos más jóvenes como ellos, soñando con plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Si esto último no lo consiguen, que al menos no pierdan la oportunidad de hacerse acompañar siempre por un buen libro (digital o impreso, pero un libro). |

