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4 de junio del 2009

La perfección es una fantasía


Editorial

El curso casi termina. Ha sido una etapa singular, porque comenzó en medio de los reacomodos del país ante una muy activa temporada ciclónica y termina cuando se inician las tareas para evitar los efectos de otra sacudida climatológica.

Muchos universitarios se sumaron a las labores de recuperación en sectores fundamentales para la economía nacional y el bienestar de cubanas y cubanos.

La agricultura ha recibido el aporte estudiantil de manera más sistemática. Los calendarios docentes se ajustaron para que años completos o carreras, pudieran permanecer de sol a sol, sirviendo con su esfuerzo a la cosecha cafetalera, de la papa u otros productos.
 
Mientras, a dos años del VII Congreso de la FEU, su máxima dirección pedía evaluar los acuerdos aprobados desde las brigadas hasta el nivel nacional. «No se limiten a mirar hacia atrás, busquen estrategias para ir hacia delante, al horizonte», invitaba la convocatoria al proceso asambleario y eleccionario. Y ese es un llamado que se mantiene en pie, para los que recesan tras los exámenes finales y tendrán en los meses de vacaciones y en los siguientes, otras oportunidades de ser útiles.

Algunos recibirán el título de graduados, con una nueva exigencia: demostrar un nivel adecuado en cuanto a la ortografía y la redacción. La prueba que por primera vez se aplicó en las Sedes Universitarias, levantó comentarios a favor y en contra. Pero ¿acaso saber escribir bien no está contemplado entre las capacidades de un egresado del nivel superior? ¿Vale todo en la formación de los profesionales de la Isla?

La perfección es una fantasía, y a veces parece que se aspira a ella cuando se dice que la sociedad cubana necesita de la integralidad de su gente. Pero no podemos renunciar al horizonte de tener trabajadores sensibles, honrados, solidarios, que puedan apreciar o cultivar el arte, comunicarse con otros, y desde sus saberes y espacios, buscar soluciones económicas y viables, no solo para el bienestar personal.

Ojalá sea ese el espíritu que impulse a los egresados de las universidades cubanas en la vida laboral y que también alimente a los estudiantes y profesores, que permanecerán en sus aulas en cursos próximos, para que la vida cotidiana, la obra común que construimos, con sus problemas y las alternativas, encuentren en las casas de altos estudios un hervidero creativo al servicio de la nación que somos.

 

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