Hace unas semanas fui invitada a participar de una filmación para un documental por los 50 años de la Revolución. Algunas preguntas me removían recuerdos o juicios sobre las últimas décadas del proceso cubano y sobre todo de la participación en él de los jóvenes.
El futuro fue el tema de un segundo encuentro frente a las cámaras. Esta vez, la intención era que compartiéramos juicios, propuestas sobre el mañana que nos desafía. Una estudiante universitaria, un recién graduado y yo integrábamos el panel. La muchacha no dudó en comenzar con una aseveración: «un por ciento de los estudiantes que conozco tienen entre sus planes emigrar».
Sin entrar en precisiones estadísticas, vale la pena mirar el fenómeno migratorio a la luz de los nuevos tiempos y buscar entre cifras, las razones que cualitativamente nos permitan entender mejor la compleja circunstancia que vivimos.
Resulta difícil hablar de lo que será el porvenir en la Isla, si quienes tendrán que soñarlo y construirlo desde el día a día, renuncian a ser parte de ese proyecto colectivo. Pero la decisión de desentenderse no llega solo con la emigración como alternativa. ¿Cuántas personas están aparentemente «participando» con los pies sobre esta tierra, pero su universo simbólico, los valores que reproducen andan bien distantes del ideal que aprendimos para una sociedad como la nuestra? ¿Cuántas han chocado con límites que les frenan? ¿Cuál es la gota que desborda esos nexos entre el sueño individual y colectivo, entre la resistencia esperanzadora que compartimos y el agotamiento que puede precipitar la decisión de irse?
Una amiga cambia estas preguntas por otras: «¿qué es la felicidad?», ¿dónde está el modelo, el paradigma hacia al que vamos? Le interesa oír varias respuestas para lograr un personaje verosímil para un guión que escribe. Tal vez desde la pantalla su protagonista nos siente frente al espejo, a pensar sobre el futuro o el pasado inmediato. Pero más allá de la ficción y las cámaras está la gran historia, llena de certezas e interrogantes, de pequeñas y trascendentales memorias de los que se fueron y los que se quedaron. En esta edición y la del mes de abril Alma Mater propone enfocar sus lentes hacia el tema migratorio.