6 de octubre del 2009 |
Cantar por la paz sin fronteras |
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Por Miriam Ancizar
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Hace solo un poco de tiempo veía yo alzarse un mar de manos en un evento cultural grandioso que tuvo como lema Concierto por la Paz, y pensaba entonces, ¿Qué es la paz sino la unión de la cultura, la eticidad, el civismo? Desde el mismo principio de nuestra formación como nación, los cubanos tenemos la honra de contar con ejemplos claros de esto. La cultura no es una acumulación huera y vana de conocimientos si no está sustentada sobre esas bases. Es hermoso ver a nuestra niñez y juventud llenando las aulas en las escuelas de enseñanzas tecnológica, preuniversitaria, de artes de toda índole, nuestras universidades inundan la Isla, en cualquiera de nuestros rincones hay un profesor universitario enseñando a una nueva hornada de alumnos. Pero no basta eso, si nos quedamos en la teoría, si no buscamos como dijera Martí “desde el microbio hasta la nube”, si no intentamos amar y engrandecer lo creado, no seremos dignos discípulos de quienes fueron ejemplo de ética y humanidad. Antes de ser creada nuestra Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana hubo un Seminario de San Carlos y San Ambrosio en cuyas aulas fueron Maestros y, lo digo en mayúscula, hombres de la talla de José de La Luz y Caballero y el presbítero Félix Varela de quien De la Luz dijera «Varela fue el primero que nos enseñó en pensar», y hombres como él ilustraron a la generación del 68. El legado cultural de nuestra nación parte desde ahí, y hoy de ese crisol brillan seres de pensamiento que como Cintio, Retamar y tantos otros, pues la cita se haría interminable, nos hacen pensar en el mejoramiento humano, nos hacen creer que la paz está centrada en la libertad de juicio del hombre, en su libertad de actuar, en el cotidiano hacer por un mundo mejor, en esa paz sin fronteras que significan, nuestros maestros, médicos, profesionales del arte en cualquier lugar del planeta, haciéndolo cada vez más hermoso y vivible. Hagamos de nuestra cotidianidad un canto a la cultura de la integridad, a la conciencia del cuidado al medioambiente, al de nuestras ciudades y campos, y a nuestras comunidades étnicas que hoy tienen el honor de pertenecer al Patrimonio de la Humanidad, tanto tangible, como intangible y reflexionemos un poco acerca de esta frase de Varela en 1818: «El hombre será menos vicioso cuando sea menos ignorante. Se hará más rectamente apasionado cuando se haga más exacto pensador».
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