15 de febrero del 2010

Entre  el amor y la literatura

 

Por Yoerky Sánchez Cuéllar


Cuando el amor invita a la literatura, todo se detiene. Los dos establecen una relación que atraviesa épocas, rompe esquemas y enseñorea sus ansias ante la mirada de los incrédulos. Se dan la mano, discuten a veces, pero nunca se abandonan.

Tenía razón Balzac: «el amor es un poema enteramente personal». Y de las entrañas de los versos y  las narraciones surgen historias que todos apreciamos. ¿Quién no recuerda las cartas que el caballero andante le enviaba a Dulcinea? ¿Cuántas preguntas del sufrido Werther nosotros mismos a veces nos hacemos?

La literatura, como fuente viva, resume en sus esencias el acto amoroso. La idealización del sentimiento, la frustración de los sueños o su realización a toda costa, encuentran espacio en los libros. Páginas enteras reflejan las contradicciones de los enamorados, sus luchas contra los prejuicios, sus deseos de encontrarse y ser felices.
 
Dicen que Borges, ya ciego, podía contemplar lo maravilloso del mundo a través de las lecturas de su esposa María Kodama. Y nuestro Jesús Orta (el Indio Naborí) supo devolver todo el amor a Eloína en aquella espinela que pasó a la posteridad:

 No hay iris. Se difumina/
el color de las violetas/
y convivo con siluetas/
en un mundo de neblina. Una mujer me encamina/
y de guijarros y abrojos/
va librando mis pies flojos… ¡Ay, quién me diría que/
los ojos que ayer canté/
hoy fueran mis propios ojos!

Muchos títulos trascienden al utilizar el amor como tema, pero sin duda alguna, Romeo y Julieta, de William Shakespeare, constituye el ejemplo más universalmente reconocido.  Símbolo de la lucha incontenible contra fuerzas opuestas, el autor conduce a sus personajes a una muerte trágica.  Otros libros como Cumbres Borrascosas, de Emile Brontë, Del amor y otros demonios, de García Márquez, están entre los preferidos de los lectores. 

También Crimen y Castigo, un clásico de Fedor Dostoievski, aborda este asunto. Al final de la novela, el autor  narra el encuentro entre Sonia y Rodia Romanovich Raskolnikof: «Querían hablar, pero no pudieron pronunciar una sola palabra. Las lágrimas brillaban en sus ojos. Los dos estaban delgados y pálidos, pero en aquellos rostros ajados brillaba el alba de una nueva vida, la aurora de una resurrección. El amor los resucitaba. El corazón de cada uno de ellos era un manantial de vida inagotable para el otro. Decidieron esperar con paciencia. Tenían que pasar siete años en Siberia. ¡Qué crueles sufrimientos, y también qué profunda felicidad, llenaría aquellos siete años! Raskolnikof estaba regenerado.»

Cuando este 14 de febrero celebremos el Día de San Valentín, ya habrá iniciado la XIX Feria Internacional del Libro, dedicada este año a Rusia y a los autores cubanos Reynaldo González y María del Carmen Barcia. Disfrutemos todos de esta cita habitual entre el amor y la literatura.