LAS TELENOVELAS, A PARTIR DE SU PROPIO CRITERIO
Por Yoerky Sánchez Cuéllar
A partir de una pregunta de la periodista Cristina Escobar, Ignacio Ramonet abordó recientemente en la Universidad de La Habana el fenómeno de la recepción, que según él constituye «la parte más ignorada de los análisis».
Lo interpretaba como un agujero negro en el que llegan los mensajes y no se sabe muy bien lo que el receptor hace con ellos. Por esos mismos días Abel Prieto, Ministro de Cultura de Cuba, llamaba a forjar un receptor crítico: «Una de las trampas más grandes es decir ‘vamos a darle a la gente lo que les gusta’, entendiendo el gusto como algo que no puede ser enriquecido, modificado; aunque claro, sin imponer patrones. En esas cuestiones a la crítica artística le toca un papel esencial, y hablo de una crítica que al tiempo que especializada, sea accesible para la gente joven. Nosotros tenemos que formar ese receptor crítico, capaz de consumir cultura críticamente; esa es una de las grandes prioridades en cualquier tipo de empeño cultural que nos propongamos».
Al analizar la temática de la telenovela, Alma Mater ayuda a interpretar los códigos que entraña este género, muy perseguido por unos y satanizado por otros.
Desde los tiempos de El derecho de nacer, de Félix B. Caignet, los cubanos hemos llorado o reído con las distintas tramas, ya fuesen de producción nacional o foránea. Realidad y fantasía mezclan sus caras en un intento por atrapar la atención y agitar las fibras emotivas del una audiencia vasta, aun valiéndose de recursos cuestionables por su apelación indiscriminada a la sublimación de los sentimientos.
En Cuba, el televisor ocupa el centro de la sala. Abuelos, padres y hasta los más pequeños en casa reciben su influencia, sin que importe mucho el horario que en la parrilla de programación televisiva ocupen los mensajes. Por tanto, resultan múltiples las mediaciones, desde que se trasmiten hasta que llegan a ser plenamente decodificados.
En América Latina no existe género audiovisual que muestre mayor influencia en la cultura, la conformación de los imaginarios sociales y la identidad, como la telenovela, sin obviar el trasfondo político y los mecanismos de manipulación ideológica inherentes a este tipo de discurso.
Sobre ella importantes estudiosos han brindado aportes que a su vez enriquecen la Teoría de la Comunicación. Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini, Valerio Fuenzalida, Guillermo Orozco, entre otros, han encontrado en ella una plataforma para la investigación y el aprendizaje sobre la relación entre los medios y sus públicos.
Podrá el lector encontrar otros puntos de vista acerca de este asunto. Quizás no los comparta del todo y discrepe de algunas opiniones. Pero de ello se trata: que cada uno piense por sí mismo y valore críticamente cada propuesta, a partir de su propia competencia interpretativa.
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