12 de diciembre del 2008 |
Maestros de siempre |
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Por Tamara Roselló |
Cada uno de nosotros es una construcción inacabada. Somos el resultado de múltiples esfuerzos y circunstancias. Tenemos la suerte y el desafío de aprender hasta el último día de la vida. Quizás esa es una de las mayores marcas de vitalidad. Como la cicatriz que queda visible para no olvidar una caída (o el paso siguiente), llevamos los recuerdos y los conocimientos. Los primeros conforman nuestra identidad, nuestro lugar y tránsito por el mundo. Los segundos nos distinguen, son una brújula para orientarnos, para darle utilidad a la virtud. En ese descubrimiento de nosotros mismos hay un sin número de nombres. El que nos enseñó a leer o recomendó un buen libro; la que nos requirió por maltratar a un animal y sembró una planta en el jardín; quien después de una clase se quedó en el aula para oírnos hablar o hizo un tiempo para acompañarnos a una excursión o al cine. Entre ellos nacen nuestras vocaciones, los deseos de desatar ciertas capacidades, de romper el inmovilismo, de transgredir… Un primer paso es querer ser como ellos y estar cerca para tomar un poco de su aliento. Así se graban frases, consejos, historias de vida, preguntas, anécdotas… No importa en que sitio se guarden siempre que estén al alcance, como un catalejo. Solo los verdaderos maestros merecen tal evocación. Por estos días una educadora de las imborrables cumplió aniversario. En el homenaje estábamos varias generaciones de sus alumnos: maestros, escritores, periodistas, diplomáticos, médicos, ingenieros, abogados… Y al orgullo por la profesora en común, se sumó la satisfacción de quien ha entregado con la esperanza de que su cosecha sea fructífera. No esperes al final del curso para decirle a un maestro o a una maestra cuánto los admiras. Y si tienes la oportunidad de pararte frente a un grupo para trasmitirles tus conocimientos sobre una asignatura, piensa primero cómo quisieras que tus alumnos te recordaran o a cuál de tus docentes vas a rendirle tributo con tu acción. Ese será un buen regalo. |

