7 de noviembre del 2008

Los estudiantes

Por Tamara Roselló

Contagian aunque no lo sepan. En un auditorio el que hable ante ellos quiere su aprobación, porque pueden ser implacables cuando están en desacuerdo con algo.

Provocarlos es ya una ganancia porque suelen implicarse en lo que creen y sueñan como pocos. Hasta aquí podría parecer una adivinanza. Tal vez ya tienes la respuesta. Para más señas poseen una capacidad de aprendizaje alta, beben de múltiples fuentes. Estudiantes. De ellos se trata.

Son el centro de los planes de estudio, del A al D, se ha intentado ofrecerles una preparación más integral, más cerca del futuro ejercicio profesional. Inconformes como son por naturaleza, tal vez ni en la versión Z queden cubiertas las expectativas con las carreras. Claro que no bastan los años que anteceden a la universidad, ni el quinquenio que por regla general demora terminar una licenciatura, para alcanzar esa formación no solo como profesional, sino también para asumir los desafíos de la vida. Pero aspirar a que así sea, es ya una manera de acercarse.

En el desvelo por no ver el tiempo pasar de brazos cruzados, andan muchos universitarios en estos días. Algunos comparten las horas de estudio con labores agrícolas o constructivas en la recuperación de las zonas más afectadas por los huracanes Gustav y Ike; otros tocan a fondo cuestiones medulares que han quedado pendientes o que alimentan «círculos viciosos» en sus entornos más cercanos.

Alma Mater acompaña esos propósitos y por eso también abre signos de interrogación: ¿Qué universidad quieren los estudiantes de hoy y sus padres? ¿Cómo puede ser la organización que los represente? ¿Qué le falta o le sobra a la FEU para llegar a ser la que pensaron en los días del VII Congreso? ¿Adónde van tantos criterios de pasillos, de reuniones, de intercambios informales? ¿Y qué pasa con los medios de comunicación?

De seguro habrá muchas preguntas más o respuestas ante nuestros ojos, esperando que alguien las descubra, las problematice y las saque del terreno de la duda. ¿Y quiénes mejor que los estudiantes para replantearse asuntos e invitar a otros a construir juntos, a no cansarse?

 

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