4 de septiembre del 2008
¿Fácil ser joven?

 Por Tamara Roselló Reina

Recuerdo un comentario de una compañera de estudios en una publicación que hacíamos en la Facultad sobre las exigencias a los jóvenes. Los colocaba entre la espada y la pared, entre el bien y el mal, porque suele juzgárseles así desde hace mucho tiempo.

Un correo electrónico que leí recientemente me recordó las opiniones de mi colega. Eran cuatro frases sobre el valor de la juventud y parecían contemporáneas, sin embargo, venían desde la época de Sócrates o un poco más acá. Entonces se les despreciaba por su gusto por el lujo, y el desacato a los padres, a los ancianos y a las autoridades. «Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes.»

Al parecer la preocupación por el comportamiento y los modales de los de menos edad es uno de los conflictos más viejos de la humanidad. Irreverentes, inconformes, radicales han sido y serán, siempre que se les compare con generaciones anteriores.

Tal vez los versos del poeta uruguayo Mario Benedetti sean de los más recurrentes cuando se intente definir qué les toca a los jóvenes más allá de la diversión y el ocio.

«No decir amén/
no dejar que les maten el amor/
recuperar el habla y la utopía/,
ser jóvenes sin prisa y con memoria/
situarse en una historia que es la suya/
no convertirse en viejos prematuros/…
inventar paz/
…entenderse con la naturaleza/
…tender manos que ayudan/
abrir puertas…»

Pero también les queda decidir cómo quieren vivir ese período de la vida, qué dejar pendiente y qué no, cuáles verdades dudar, qué raíces remover o arrancar y cuáles sembrar y hacer florecer.

Ahora que empieza un nuevo curso llega otra oportunidad para los estudiantes, y en especial para los universitarios que de tanto darles vueltas a estos asuntos, a sus proyectos y sueños, podrán desatarse no solo en busca del conocimiento, sino de la utilidad que representa no quedarse de brazos cruzados.

La FEU les da la bienvenida a sus miembros con la invitación para evaluar qué ha pasado desde el VII Congreso hasta la fecha. Dos años han transcurrido y vale volver sobre acuerdos y proyecciones para medir cuánto ha crecido la organización y su gente. Pero eso sólo no basta, porque la energía de tantos jóvenes no puede confinarse a una reunión, a un ajuste de cuenta, o a criticar a otros, para luego desentenderse.

No dejen nada en el tintero. No se limiten a mirar el pasado, busquen entre ustedes, dentro de cada uno, qué quieren hacer por sí mismos para apropiarse y disfrutar de su espacio y tiempo. Lo más importante no es quedar bien con todo el mundo. Empiecen por conquistarse entre ustedes, dentro de un aula. Eso les dará fuerzas para tomar altura. 

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