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Cuba clama por el regreso de nuestros cinco héroes

Dossier sobre los Cinco héroes prisioneros en los Estados Unidos.
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Club de Amigos

7 de agosto del 2009

Volar como semilla con raíces de roble

Por Dainerys Mesa Padrón
Foto: JIO


«Me quedaré, me quedaré
siempre cubano me quedaré,
aunque no cuenten conmigo
ni cuente contigo…»

Raúl Paz

Empezando su carrera en París, una periodista publicaba: «Ese muchacho afirma ser cubano, pero no es posible. No es negro, ni viejo, ni fuma tabaco…» Simplemente era un extranjero más en Francia.

De regreso a casa, tras 15 años de ausencia, no faltó quienes manifestaran: «Aparenta ser extranjero sin serlo, y tampoco parece cubano…» Fue también, un forastero más en Cuba, sus conciertos en la Isla ya desdicen esa apreciación.

Ni de aquí ni de allá, igual a la canción de David Torrens, Raúl Paz quizás sin saberlo en algunos momentos, ha sido excluido de una imagen de «cubanía» proyectada y pretendida tanto fuera, como dentro de la Isla.

Sin embargo, aunque para muchos El principito de la música, como le llaman algunos debido a su aspecto, no cumple con los principales requisitos estereotipados del típico criollo, se siente por encima de esas condiciones.

«El cubano no es solo una caricatura de sí mismo. Serlo implica más que el retrato vendido por el mundo. Este es un país de inmigrantes, lleno de culturas y modos de hacer, vivir eso nos hace ricos, y si un día lo perdemos, seremos una especie de cliché.

«He estado inmerso en diferentes sociedades he convivido con diferentes religiones…, y lo mejor de esta historia es cómo llegas a notar cuán relativo y apreciable es todo.

«A pesar de llevar quince años viviendo en Europa, no he perdido las costumbres cubanas, sin pretender ser o vivir de una manera por siempre.

«Yo puedo ser ¡tan cubano!, y comerme una cazuela de cangrejos y boniatos con la mano, tomarme una cerveza sobre un mantel de periódicos; por cierto, me fascina, es una comida mágica. Asimismo, puedo comer un queso azul con un vino francés o español; ninguna de las dos variantes es mejor o peor, son comidas diferentes, pero comida al fin. Para ser algo de veras, debemos pensar más allá de esos razonamientos».

El pequeño Raúl no fue de los más audaces cuando la pandilla del barrio tomaba prestado un caballo de cualquier finca para escapar al monte, ni tuvo la más acertada puntería a la hora de tumbar frutas de los árboles; no obstante, mantiene hermosos recuerdos de su niñez en un pueblito de la provincia de Pinar del Río.

«Mi familia llegó a vivir en San Luis cuando tenía como dos años y estuve hasta los doce; por eso digo que soy de allá, pues es de donde conservo mis primeros recuerdos y donde descubrí mi vocación.

«De niño era muy inquieto, tenía fama de maldito. Fue en esta etapa cuando sucedió algo muy bonito en San Luis, relacionado con la gente al frente de la cultura en ese momento, como Carlos Gener. Se convirtió en una capital del movimiento artístico. Hubo una revolución rara, y salimos entonces, de una misma generación, músicos, actores, pintores… Hice teatro, canté, bailé. Empecé a estudiar violín, luego guitarra, similar a un niño orquesta, tal es así,que terminé en un psicólogo por hiperactividad».

San Luis es un municipio cercano a la capital provincial pinareña, si bien para llegar a él es preciso desviarse de la Carretera Central, pues no cuenta entre los poblados de paso. Es muy fácil nacer allí, enamorarse, amoldar los sueños, regresar, o quedarse para toda la vida.

«Desde la infancia sabía que sería piloto u otra profesión viajera. Por mi propia curiosidad estaba convencido de ello, anhelaba descubrir el mundo, otros idiomas, gentes, comidas, culturas. Tenía muy claro que un día me iría de casa y conocería otro país, y lo pensaba ingenuamente, natural, sin ningún trasfondo político o económico».

A los doce años Raúl Paz ingresó a la escuela vocacional Federico Engels, con la aspiración (y encomienda de sus padres) de alcanzar una gran carrera universitaria.

En apariencias, dejaba atrás sus maniobras artísticas en la casona de la entrada del pueblo, de Cultura además, y los únicos discos existentes en el hogar: Led Zepellin, Guillermo Portabales, Miriam Makeba y una sonata de Mozart. Padre y madre farmacéuticos, reconocían el potencial de su muchacho e intentaban guiarlo por un camino seguro.

«Mi padre era científico, se la pasaba leyendo libros de Farmacia, para él las canciones eran algo raro. Todavía hoy para mi familia la vida de artista es un misterio, pues no son los mismos códigos, yo no tengo fin de semana o plan para dormir, trabajar… y para quien ha vivido con horarios fijos es muy difícil de entender.

«Pero nunca percibí algún freno por prejuicios alrededor del arte, o una prohibición abierta, más bien se trataba de miedo a lo desconocido y a lo inestable y difícil de la profesión, eso sí lo sabían. También ellos notaban cierta inseguridad en mí, pues quería hacer cantidad de cosas a la vez. Más, cuando vieron que era verdadero el interés, me apoyaron. Ahora que soy padre lo entiendo, al final no hay más remedio que aceptar las decisiones de nuestros hijos».

En la vocacional de Pinar, donde existía espacio para cultivar las artes, Paz continuó estudiando, formó un grupito, y antes de terminar el ciclo marchó para La Habana con el fin de ingresar al Instituto Superior de Arte (ISA).

«Entré al ISA estudiando canto clásico y teatro a la vez. Pero esta dualidad no duró mucho, pues eran demasiadas asignaturas. Entonces un profesor, Armando Suárez del Villar, me preguntó cuál me interesaba más y decidí la música. Para no perder los conocimientos de teatro, me ajustaron un programa intensivo.

«Ya en música clásica la descubrí y me fascinó. ¡Nunca la había oído! Fue así como me olvidé un tanto del rock por donde venía. Precisamente estando en el ISA tuve la suerte de ser llamado por Fernando Pérez para la película Hello Hemingway, debido a eso muchas personas me creen actor. También hice unas aventuras, Más Allá del Tiempo,y otro filme en Brasil».

«Por esa fecha, en los últimos años del Instituto, conocí la música francesa de finales del siglo XIX, el llamado impresionismo musical, y un día me postulé para estudiarlo durante una beca de tres años en París».

Llegó a Francia creyendo conocer el idioma, cuando apenas descifraba la mitad de lo escuchado. Precisó adentrarse en las costumbres galas para entender y ser entendido, y se las arregló de una manera válida, a la cubana.

«Uno es más fuerte en la vida cuando tiene claro de dónde viene y lo conoce a fondo. Al llegar a Francia me dije dos cosas: necesito partir de mis raíces para adaptarme a este país.

«Por ejemplo, aunque en Cuba había escuchado a Matamoros, Ñico Saquito y otros grandes, lo primero que hice en Francia fue buscarme toda su discografía, así como literatura y pintores cubanos. Esas cosas simples, a las cuales uno no les da importancia cuando está aquí, pues son naturales y están al alcance de la mano, me propuse saberlas, apropiarme de ellas. Y más tarde, volverme francés de cierta manera: hablar el idioma enseguida, comer sus platos, ajustarme a sus maneras en el menor tiempo posible».

Así, dando pasos de avance sin perder su idiosincrasia, Raúl improvisó una agrupación y comenzó a cantar en el restaurante Chihuahua y luego en una sala de conciertos. Simultáneamente realizó, junto a dos colegas, cinco maquetas de rap aceptadas por una disquera española, antecedente estas del actual Orishas.

A la par de tales sucesos, conoció al productor Rafael Mercado, quien le propuso viajar a Nueva York y unirse a su discográfica. Estaba integrada por los mejores y más reconocidos intérpretes latinoamericanos como Marc Anthony, Celia Cruz, Tito Puente, Rubén Blades, Oscar de León, entre otros. En este ambiente, realizó Raúl Paz sus primeros dos discos, uno de ellos en tiempo de salsa. Participó además en diferentes giras por el continente, compartiendo escenarios con estas figuras.

«Mulata, el tercer disco, marca el inicio de mi carrera con verdadera autonomía. Lo hice en París de la forma que deseaba, con absoluta libertad. Resultó una especie de bum. Me volví muy querido sin tener que hacer las cosas de siempre, sin cantar salsa o abandonar mi lengua. Insistí en mi fórmula personal y tuve suerte. Después vinieron los discos Revolución, en el 2005, En casa, en el 2006, En vivo, 2007, Amigos por paz, 2009 y varios proyectos de producción, además de giras internacionales.

«A veces lo más certero es empezar con tu verdad, y el público te acepta o no de esa manera. En mi caso los espectadores captaron muy bien las propuestas y hasta ahora no me han exigido cantar en francés. Esto tiene su parte mala y buena.

«Las letras fluyen en español, por supuesto, y es como más cómodo me siento. En Europa muchas personas no lo entienden y eso me obliga a trabajar la melodía como un sentimiento y no un acompañamiento, es lo mejor de la experiencia».

En el año 2003, en uno de sus viajes a Cuba, el joven escuchó, por la emisora Radio Taíno, la presentación de un tema suyo en el cual hablaban del español, Raúl Paz. Fue ese el detonante para iniciar una entrada de su música en la Isla. Primero el tema Mulata, su presentación en los Lucas, con su video clip Mama, el Acapulco y el Milanés en su tierra pinareña. Hoy, Amigos por paz es el primer disco publicado en Cuba, lo hace la disquera BisMusic.

A cada una de las citas con sus seguidores, ha acudido despeinado y con el aparente desaliño que lo caracteriza, dispuesto a disfrutar al máximo.

«Sin dudas, un concierto es un espectáculo, pues para oír, con los CD es suficiente, en un concierto tienes una responsabilidad con el público: transmitir, recibir, y en el medio cantar; sin embargo, no valoro las típicas funciones a la «americana». Simplemente voy a pasármela bien, a ser el hombre más libre y feliz del mundo».

 

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