22 de enero del 2009

Alicia y Fina, de la mano de Vigía

Por Yuris Nórido
Fotos: Abel Ernesto e Internet

Alicia Alonso, directora del Ballet Nacional de Cuba - Foto Internet
Esas dos grandes damas de la cultura cubana, esas mujeres excepcionales, esas dos fuentes de inspiración que son Alicia Alonso y Fina García Marruz, bailarina una (el ballet es el movimiento hecho poesía), poetisa otra (la poesía es la palabra transfigurada en danza) han confluido una vez en los caminos de las artes, esta vez de la mano de Ediciones Vigía.

La peculiar editorial matancera presentó hace unos días en el Museo Nacional de la Danza uno de sus preciosos libros hechos a mano, obras de arte ellos mismos: Alicia en el país de la danza, exquisito e inspirado ensayo de Fina sobre la obra excelsa de Alicia.

Este es un libro hermoso en todos los sentidos. Hermoso el continente: tela y cartulina delicadamente trabajada, calado cuidadoso, papel blanco en el que resaltan los trazos negrísimos de las estilizadas y sencillas viñetas de Rolando Estévez. Hermoso el contenido: poesía de altura que se desborda desde la primera línea, eufonía como música, imágenes vívidas que más que escritas parecen dibujadas sobre el papel.

Fina García Marruz, poetisa - Foto Internet

Fina García Marruz traza las coordenadas del arte de Alicia, lo ubica dentro de la gran tradición universal y lo singulariza. Fascinada por el mágico y difícil equilibrio del ballet (a medio camino entre la pujante necesidad humana de bailar y los moldes más o menos férreos de la estilización) descubre en Alicia Alonso, concreción suprema de esa circunstancia, uno de los milagros de la Isla.

Fina mira hacia los albores de la danza, que son los albores mismos de la historia, describe el delicado juego entre los danzantes, el solista y el grupo, la filigrana que bordan con los pies, se admira ante la mezcla de libertad y contención que anida en el bailarín. En ese extraño ámbito reina Alicia.

Alicia Alonso, para Fina García Marruz, es otro de los eslabones de una cultura pensada para flotar, para subir, para mirar más arriba. En el acento alto de la escuela cubana de ballet vislumbra la vocación martiana del verso leve y sencillo, límpido y diáfano. En Alicia y su danza, en el Ballet Nacional de Cuba, encuentran cobijo las más valiosas esencias del árbol poético de la isla. Están Zenea y Luisa Pérez de Zambrana. Y muchos otros.

Este ensayo es pura poesía, pero poesía con los pies puestos en la tierra. Fue escrito hace más de treinta años, pero se asoma a estos días con la frescura intacta de los textos fundamentales.

Presentación del Libro - Foto de Abel Ernesto

 

 

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