20 de febrero del 2009
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Buscándote Julio |
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Por Jorge Sariol |
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La acción devastadora de terremotos y las políticas neoliberales han cambiado la ciudad, es cierto. Los primeros modificaron el aspecto urbano; pero las segundas, intentan desarmar la memoria histórica de algunos. El paso de los años y la vida, cambiante hasta el vértigo de una urbe descomunal como la capital azteca, han hecho el resto. Por eso es válido el rescate. El texto, publicado por la Casa Editora Abril, recrea el trayecto de la colega del diario Juventud Rebelde tras la pista de la vida de Mella en México, en la voz —y la sapiencia, y el corazón también— de personalidades que han estado cerca de la vida y la obra del joven cubano. La autora confiesa en las páginas de Buscándote Julio que intenta «traer a nuestros días, en la medida de lo posible, a un cubano asesinado a los veinticinco años de edad por soñar la Revolución que hoy tenemos». El empeño, harto difícil, tiene el valor de buscar al ser humano no en el pedestal, sino en el terreno que habitamos los mortales: «solo así tiene sentido (…) Julio Antonio Mella existió hace muchos años (...) ya no hay testigos. Todo se ha escrito» dice uno de los entrevistados. Y por eso Alina llega, por ejemplo «hasta una puerta en la calle Virgilio Uribe número 14, en el Distrito Federal. Estela Palacio Gómez, de ochenta y tres años, nos recibe con una sonrisa e indica el camino hasta donde nos espera su esposo, el comunista mexicano Félix Ibarra Martínez, único testigo vivo, al menos conocido por nosotros, de los días de Mella en México». La periodista conversa acerca de la mascarilla mortuoria del dirigente cubano, que guardó el anciano durante años —motivaciones justificadas— , y también sobre la imagen que aún mantenía de Mella este hombre que desde la oscuridad eterna parece ver con ángulo ancho: «era un tipo atlético, y llegaba a la universidad con su saco y sus libros en la mano». Todos los trayectos están contados desde dentro hacia fuera —en una relación búsqueda y hallazgo— y a la inversa. Y siempre el resultado intenta ser el mismo: Mella rescatado no para la historia —entender el pasado para imaginar el futuro—, sino para el presente, único modo de avalar con honestidad todos los tiempos. En las 116 páginas del texto —sin incluir la iconografía, parte archivo, parte el trabajo del fotógrafo Ricardo López Hevia—, Alina contrasta aspectos de la vida de Mella con personalidades como Raquel Tibol, y Arsenio Roig Cámbara, en México, pero también con Adys Cupull y Froilán González, en La Habana, para seguir algunas huellas en la capital cubana. El suyo es un seguimiento serpentino, pero la clave del libro la ofrece la argentina radicada en México, Raquel Tibol, cuando dice «buscar ya es un hallazgo». Tal vez por eso la noche de la presentación del libro, en víspera del octogésimo aniversario del asesinato de Mella, Adalberto Hernández, actual presidente de la FEU rememoró palabras de Villena para momentos como esos, en que estaban allí «sobre todo porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos». |

