5 de marzo del 2009
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La hija mayor de Yolanda y Pablo no fue inmune a las impresiones que vivió. La predicción de los Orishas reveló a una artista que buscaría un mundo también musical. Hoy la felicidad conserva en una sonrisa, canta e inunda de colores su alrededor. Pura cubanía compacta entre zapatos de charol y collares de cuentas, que se entrelazan con rasgos étnicos de la mulata sabrosa. Así, Lyn Milanes, aceptó una entrevista antes de iniciar el concierto que promociona su disco Te quiero bien. Encuentro que encomendó a la luna, compañía de una noche mística y espiritual. La familia Milanés representa una institución en este país. ¿Cómo define Lyn su familia? La familia Milanés es lo que se dice ser una familia, tenemos un patrón de padre y madre que nos ha enseñado sobre todo y más que todo a amar la música. La unión familiar nos caracteriza, el hecho de tener muchos hermanos y muchos amigos nos unen muchísimo. Creo que mi familia es especial, no solo en la música, sino humanamente puede ser también un patrón a seguir. Márquez en la dedicatoria del disco “Pablo querido” describe la casa de los Milanés como un lugar donde todo lo que se vive es música… Casi siempre es así, desde que tengo uso de razón estoy rodeada de ella, he aprendido a oír la muy buena música gracias a mi padre que me inculcó además de la tradicional cubana, la bosanova, el jazz, el felling, la música norteamericana, en fin a amar toda la buena música. Pablo despide música por todos lados, una enciclopedia y un maestro muy exigente. Resulta difícil no adentrarse en este mundo con una referencia tan cercana y con sus impresiones que maravillan. ¿Se supone que los hijos de Pablo Milanés no sean otra cosa que músicos? No es de suponer, hay hijas de Pablo Milanés que hacen otras cosas, no solamente música. Aunque no demasiado divorciada de ella. Tengo una hermana que es manager y editora, un hermanito que se está iniciando ahora en el piano y Suilén, una empresaria maravillosa que promociona artistas de la música y la plástica aunque canta también de vez en cuando. Vienen dos en camino que esperemos continúen la tradición, pero hay que esperar. O sea que las cantantes radican en Haydee, Suilén y yo, aunque, eso corre por las venas.
¿Ser hija de este gran hombre qué beneficios personales trae? Beneficios muchos, ser hija de un cantante y padre excepcional es el primero de ellos. Musicalmente su influencia, su experiencia, sus principios, son cosas que conforman al Pablo músico y que transmite sin limitaciones. Algunas puertas que se te abren y otras también, eso no lo puedes evitar. Es más que asistir a la academia, mi padre desprende todo lo que hace falta para formar a un buen músico, algo que no dudo en absorber. ¿Y desventajas? Las puertas que se abren no siempre lo hacen como quisieras. A veces estas situaciones las identifico con una cruz, algo que hay que llevar a cuestas. Te comparan constantemente, dudan, y no me molesta, pero quisiera siempre ser yo misma, que reconozcan lo que hago por mí. Eso es lo que tratamos de hacer mi hermana Haydee y yo, lograr nuestra propia identidad. Sin embargo, recurres a menudo a la compañía de tu papá… A la gente le gusta, no lo hago siempre, aunque es un honor la compañía de quien no solo es mi padre sino Pablo Milanés. Siempre esta ahí, dispuesto, no solo para mi sino par todos. Su presencia siempre conforma un verdadero lujo dentro del espectáculo así que de vez en vez no lo dudo. ¿Un arma que siempre tendrás a mano? Claro que si, a quien siempre acudo.
¿No te interesa que te supongan favorecida? Un suspiro profundo detiene la conversación... desemboca el acto en palabras seguras. Ya me suponen así muchas veces, aunque no siempre es malo, es una contradicción que debo enfrentar y no me reduce en mi carrera, todo lo contrario, me fortalece y prepara porque exige más de mí, de mi preparación, de mi superación. Es un reto. ¿Cuánto hay de Pablo en Lyn? !Huy!, casi todo, el que me conoce sabe que somos prácticamente identicos física y espiritualmente. ¿Y en la música? Aunque sigo sus consejos y busco cosas que le gusten, hay otras que no cuento con él, cosas que hago sola y eso me lo admira muchísimo, pero creo que resulta imposible permanecer inmune a su influencia musical. Algo que no solo me pasa a mí sino a muchos músicos cubanos. Pablo Milanés, es mi paradigma; mi padre, un guía espiritual. Hoy disfrutamos de Lyn mucho más en los medios de difusión. ¿Por qué antes no conocíamos tu obra aún cuando cantabas? Estaba buscándome, no me creía todavía una cantante y eso provoca inseguridad. Aunque andaba metida en la música no me hallaba todavía. Salir a la palestra ante la gente sin identificación da miedo. No había apuro, hoy estoy aquí para bien. Algunos creen que la trova en tu repertorio a veces queda a un lado. ¿Por qué apuesta Lyn? No, no queda a un lado. Canto todo tipo de canciones, no excluyo absolutamente nada, todo lo que pueda incluir y que sea de buen gusto, lo hago. Luego de separarme hace ya quince años de mi grupo Aries canto sola y desde entonces no abandono la guitarra. En los espacios más íntimos siempre interpreto este género con un trío que me acompaña, interpreto canciones de Maria Teresa Vera, de mi padre, temas que la gente me pide mucho. Quien te disfruta en el escenario dice que eres puro sentimiento. ¿Qué te propones cuando sales a cantar? Simplemente ser yo, natural, transparente y transmitir eso que canto. No anhelo más que ser yo misma.
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