19 de junio del 2009
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50 años después cultura vs. divulgación |
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Por Hilario Rosete Silva |
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Hijo de sus obras «Lo grabó durante el XVI Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet, quizás lo exhiban por uno de los canales educativos», me respondió alguien desde la luneta vecina. «¡Qué maravilla, qué belleza!», seguíamos conmovidos, «esto nos viene como anillo al dedo para cumplir la encomienda de la FEU de escribir un artículo sobre el aniversario 50 de la Operación Cultura».
En efecto, en la entrevista con Miguel Cabrera titulada «El arte no tiene patria pero el artista sí»,1 el historiador del Ballet Nacional de Cuba (BNC) nos había hecho comprender, con ejemplos concretos, cómo el triunfo de la Revolución significó para nuestro pueblo la posibilidad de conocer el mundo artístico y de enriquecerse con sus frutos: «Mediante una cooperativa de arte popular, pagando 50 centavos, por primera vez fui a un cine debate, a un concierto, a una exposición. En 1959 la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), entonces de la Universidad de La Habana (UH) organizó la Operación Cultura, y por medio de ella pude ver y escuchar tocar el piano a intérpretes de la talla de Ernesto Lecuona. […] Pero no solo vi a Lecuona, sino que en la clausura de la Jornada, el primero de junio de 1959, en el coliseo de la Ciudad Deportiva, vi bailar en persona, ¡por primera vez!, a Alicia Alonso». Lógicamente, 50 años después, la clausura de aquella operación/jornada el 1ro de junio de 1959 en la Ciudad Deportiva, se emparienta con el programa/concierto del presente 2009 en el Gran Teatro de La Habana: este es hijo, obra, legado de aquella. Sueño martiano Solo la primera parte del programa habría bastado para patentizar dicha verdad. Incluyó varios pas de deux, a saber, de los ballets El corsario, Paquita y La sílfide y el escocés; variaciones femeninas de Don Quijote, Llama de París y de nuevo Paquita; variaciones masculinas de Chaikovski pas de deux, también de Llama de París, Sylvia, El mercader y la esclava y Diana y Acteón, y, como colofón, la obra Sueño martiano.
Lo más importante estribó en la profesionalidad, en la actitud ética y competente exhibida por los intérpretes; postura, modo de actuar y bailar en la escena doblemente meritorio a juzgar por sus edades y niveles educacionales. Ellos fueron, en orden de «antigüedad»: Adrián Masvidal, estudiante de tercer año de nivel medio de la ENB, nacido en 1991; la alumna Ana Gallardo y su condiscípulo Yasset Roldán, ambos de segundo año, nacidos en 1992; y Rocío Castillo, Meisy García, Gabriela Mesa, Miguel Anaya, Víctor Estévez, Javier Monier, Javier Morera y Yankiel Vázquez, alumnas y alumnos de primer año, nacidas todas y todos en 1993: de apenas 16 primaveras. Así participaron en la primera parte, Francesca Bruno (Italia) y Helena Clark Maxwell (Reino Unido), alumnas de primer y segundo año, respectivamente; Antonin Monie (Francia), estudiante del Curso de Adiestramiento; y alumnas y alumnos de la Escuela de Nivel Elemental de Ballet Alejo Carpentier, de entre nueve y 15 años de edad, bailarinas y bailarines, actrices y artistas del Sueño martiano.
Talón de Aquiles Ya no el BNC, sino la ENB se dan el lujo de tener un grupo actuando en el exterior y otro que mantiene funcionando la sala García Lorca con programas de ballet. El fenómeno toma cuerpo a medida que la Escuela saca a flote el talento que precisa esta empresa. La gira sudafricana 2009 de las Jóvenes Estrellas Cubanas de Ballet (del 3 al 18 de mayo), tanto —dicho sea de paso— como la española del Ballet de Camagüey (del 16 al 28 de abril), y la brasileña del BNC (del 8 al 30 de mayo), son resultado y herencia, las tres, de aquella Operación Cultura. Volviendo al pasado 2 de mayo en el GTH, no hay palabras para describir lo que experimentaría el exiguo público asistente. Es difícil contarlo. Hay que vivirlo. Parecía magia.
Pocos imaginan que esto pueda suceder entre nosotros, una tarde cualquiera. A eso vamos. A la divulgación. No sabemos si existe o no, y cómo y hasta adónde llega. De cualquier modo, es insuficiente. ¿Acaso la propia ENB es responsable? ¿Será que hace las gestiones, pero no lo logra? ¿Cuánto le cuesta conseguir un espacio teatral? Las organizaciones involucradas, ¿le dan la importancia pertinente? ¿Apoya su gestión el Consejo Nacional de las Artes Escénicas? Hemos presenciado un hermoso espectáculo de las escuelas de ballet. Es una lástima que a funciones como estas no se les dé mayor divulgación. Es una pena que no se difundan y presenten más a menudo. El cierre de aquella primera jornada/Operación Cultura tuvo lugar el 1ro de junio de 1959 en la Ciudad Deportiva, mas con ella no clausuramos la Cultura, todo lo contrario. Sus frutos podrían palparse por doquier, a toda hora, si contásemos con una mejor divulgación. 1 Partes de la entrevista aparecieron en Alma Mater y Palabra Nueva. Con motivo del aniversario 60 del BNC y el 21 Festival Internacional de Ballet de La Habana, La Jiribilla dio a la luz, por vez primera, la versión digital completa, íntegra, del texto. Luego la página web de Alma Mater, (www almamater.cu) el 24 de noviembre de 2008, se hizo eco de ella. Articulo relacionado |