23 de marzo del 2009
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Florence say good bye (Florencia dice adiós) Exposición de Florence James en el Instituto Superior de Arte |
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Estudiante en The Glasgow School of Art (GSA), optó por Cuba como destino de experimentación docente otorgado en préstamo por esa entidad escocesa. Con sus 22 años de edad, la joven amiga, que rinde sus cinco meses de estudio en el Instituto Superior de Arte de La Habana, también hizo dejación de un título para su muestra expositiva, resultado de una investigación creativa en esta otra Isla tan distinta de la suya. Entre mi inglés, largamente padecido en todos los niveles de estudio, y su español, igualmente maltratado, sostuvimos innumerables conversaciones de pasillo, cuando no en su propio taller, compartido con los estudiantes cubanos de tercer año en la especialidad de Pintura. De su desapego a los conceptos, nombres o categorías, dan fe los motivos de sus inspiraciones: texturas caprichosamente contrastadas, en la cima de una montaña nevada, o en el reflejo recortado de un mar ligeramente batido por la brisa, son punto de partida para detonar una singular abstracción que, en los últimos meses, se inclinaba vehementemente hacia el más puro conceptualismo visual.
Florencia, rápidamente castizada entre sus correligionarios del patio, deja constancia, con esta muestra de despedida, de su profunda capacidad sensorial para decir “soy, siento, experimento”, sin necesidad de pronunciar palabra alguna, logrando tender un puente que rompe las barreras lingüísticas. Cualquiera diría que para llegar a semejante grado de abstracción no es necesario atravesar todo un océano, pero, independientemente de sus esencias introspectivas, reconoce que la distancia construye en la memoria un criterio de indispensable visión integral para entender el mundo de modo más completo. Acogida por las gestiones que de común hace el Departamento de Relaciones Internacionales del ISA, la estudiante quiso dejar constancia de su fructífera estancia en esta Isla del Caribe, que parece haberla seducido de modo particular cuando me responde, cada vez que le pregunto, que regresará en un año.
Ayer, 29 de enero, sin prometerle mi presencia en la inauguración de su exclusiva exposición, tampoco sabía que, hoy, una vez ante mis ojos, hablando como de costumbre, y a escasos minutos de la inauguración, no tenía en su poder la llave con la que debía abrir la galería que contenía sus obras. No hay patrón más fastidioso que el de un cliché cultural para tales o más cuales habitantes de este planeta, y Florence es un vívido ejemplo de ello: No hay puntualidad mejor ponderada que la de develar el alma.
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