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27 de noviembre del 2009

De tal penumbra…, tal habanera

Por Damepa
Fotos: Elio Mirand

«¿Habaneras?... Habaneras… ¡Habaneras!»
Redice la joven en su mente, mientras recorre con cuidado el espacio frente a cada obra.

«Puede ser un homenaje a esta vertiente musical, la habanera; pero prefiero tomarlo como el regalo que San Cristóbal de La Habana merecerá por estos días, al festejar su fundación».

A la vez que en la galería Fresa y Chocolate, de la capital cubana, una muchacha examinaba cada extremidad de las piezas exhibidas de septiembre y a octubre pasados, el autor de la exposición, Damián Hidalgo Bulté, comentaba «el término habaneras es genérico, puede referirse a La Habana, a la melodía o letras de las habaneras, o a la mujer. Esta fue una manera fácil de representar una ciudad, personas, una sociedad, que a su vez simboliza toda la Isla».

Entre tanto, la veinteañera continúa desandando los caminos de lo formal y conceptual, rehaciéndolos de esa manera mágica que solo comprenden los artistas, gracias al público.

¡¿Y por qué penumbras?!
Si bien las piezas, aunque con matices, símbolos y claroscuros transmiten sensación de desamparo, frialdad y silencio…, sobre estos elementos refulge la esperanza con un optimismo sin igual.

«Es cierto el encuentro con criaturas de estructuras enceradas, propensas al desgaste y frágiles al calor; pero, ¿acaso no somos los seres humanos así de inconsistentes, y nos gastamos físicamente con el tiempo?  La cuestión es no acabarse por dentro, y creo que por ahí anda la idea de estas Penumbras y Habaneras… »
Ahora se sitúa frente a la pieza titulada Plan Jaba, y calla a su mente.

Hablamos de un cuadro pequeño en comparación con las dimensiones de otros expuestos en la sala. En el centro resalta un rostro humano. Hombre, mujer, eso no importa. Calza una de sus mandíbulas una libreta de abastecimiento abierta. Por otro lado, sobre la región frontal y superior de la cabeza, se desborda un puñado de papas a punto de caer y correr por el piso. Sobre los tubérculos, airoso,  dispuesto a picar o a cantar, descansa un pájaro azul.

Es un ave hermosa, y cuando el espectador la capta, comprende su misión en la creación.

Vuelve Ana, pues así se llama quien observa las obras de Damián, y ahora casi tropieza con una de las tres instalaciones presentes en el salón.

Entonces decide encontrar una posible respuesta  al uso del papel de periódico, tan protagónico por cierto, que le da el autor a su obra.

«La selección de los titulares es minuciosa, cuidada, se nota que no han sido puestos al azar en la composición, ni para obtener relieve. Cada palabra propicia un discurso, refuerza, contradice, aplaude o sacude a la imagen pintada.

Hay una uniformidad en el color, la tipografía, ¡claro, son todos del periódico Granma!

«Ja,ja,ja,… es muy ocurrente esta idea, mezclar esta imagen con esta noticia… Uy… ¿será un elogio?»

Si bien en esa ocasión Ana quedó con dudas, cuando lea los comentarios de Hidalgo, estará más tranquila.

«La intención es, simplemente, crear mi propio periódico. No soy periodista de oficio, ni tengo las aptitudes como redactor, así que uso la pintura, la técnica instalativa, y reúno los Granma, ordeno las palabras y los incluyo, según lo que me interese comunicar… ¡¿Si estoy manipulando la información?!... Puede ser, pero en el arte hay muchas cosas válidas.

«No pretendo quedarme en lo impreso, me encantaría incursionar en el video arte. Hacer más o menos lo mismo, construir mis piezas a través de otros soportes usados por medios de comunicación en Cuba. Aunque la verdad, ¡le he tomado unas ganas y un impulso al trabajo sobre el periódico!

«Y sí, también es un elogio para el Granma. Admito que me seduce mucho la idea de exponer en su sede e intercambiar con su colectivo de trabajadores».

Ana juega mentalmente con la computadora portátil que se pavonea en refrescador de pantalla, sobre una mesa; ambas, a tamaño natural. Igual lo hace, menos llamativo, un televisor. Y por último, casi imperceptible, un inodoro.

En esta ocasión, las divagaciones de la joven y la respuesta del creador, redundaron en la perpendicularidad de objetos de antaño, con un innegable valor; y la importancia adquirida por las nuevas tecnológicas en el quehacer diario.
Asimismo, reafirmaron el acierto de unir arte contemporáneo y conceptual, cuando de buena plástica se trata.

Ya cruzando la verja de la galería del centro cultural cinematográfico, la estudiante universitaria pensaba: «Expresiones como estas deberían tropezarse, cada día, en el camino de una. La experiencia ha sido similar a cuando vi, justo al frente, en el cine Chaplin, Suite Habana, de Fernando Pérez. Pues cuando tocamos el fondo con nuestra propia mirada, somos capaces de repensar la intensidad con la cual debemos vivir. Gracias Damián, quienquiera que seas».





 

 

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