8 de octubre del 2009
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… ponles un poco de amor |
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Por Sofía D. Iglesias |
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Con una frase musical muy conocida por el pueblo cubano, han llegado las creaciones artísticas expuestas, por estos días, en la galería Teodoro Ramos, del municipio capitalino del Cerro. A las cosas que son feas…, haciendo también merecido homenaje a la cantautora Teresita Fernández, propone una óptica diferente a la hora de concebir, y apreciar el arte. Quince piezas de siete jóvenes artistas brillan por encima de los soportes, bastantes inusuales, por cierto. Materiales de desechos, algunos con fines reciclables, han amortiguado la carencia de óleo, lienzo y otros…, a los cuales no siempre pueden acceder los noveles plásticos. Además, calzan el zinc corroído, un televisor viejo, cartón, puertas de refrigeradores…, el mensaje implícito en el título de la expo, y explícito en cada una de las piezas. «En este caso se les solicitó a los artistas que trabajaran cualquier soporte, con un tema libre; resultó que como centro de todas las obras estuvo la figura humana. La línea curatorial de la exposición es el inicio de la vida, la niñez, los juegos, el entretenimiento, problemas sociales, culturas, aspiraciones, condiciones sociopolíticas, la frustración, huida, reflexiones, y al final, la realidad y las implicaciones de los seres humanos en ella». Estas fueron las consideraciones de Nelson Rodríguez Triana, uno de los curadores de la muestra. El camino. ¿Lo tomas o lo dejas? Comenzamos por las tres creaciones del joven Darien Pérez Rodríguez. Puertas de refrigeradores en desuso, dejan ver pinturas reveladoras de una cuestionada tranquilidad en el interior del vientre de una madre. Hombres y mujeres, reducidos a la figura fetal, marcan las ataduras que, desde antes de nacer, mantienen los individuos con la sociedad. Contrastando en concepto y formalidad, pero manteniendo a la figura humana como centro de la creación, las pinturas de Giselle Córdova exhiben la frescura, ingenuidad y belleza de dos rostros infantiles (sus hijas). El soporte, fuertes cartones, dejan asomar cierta fragilidad existente en esta etapa de la vida. Por su parte, Runel Riverón, de formación autodidacta, nos asombra con Admiral y Todos somos cubanos, atrevidas instalaciones. La última de estas, construye, de una manera excepcional, la diversidad a partir de culturas, sociedades, condiciones económicas o religiones, con la cual lidiamos diariamente. Con un rico discurso instalativo, este muchacho logra llamar la atención hacia sus piezas, por encima de las demás, asumiéndose estas como eje de la exposición, y proponiendo al público un replanteo del hilo conductor de la misma. Nos encontramos también con dos etapas de Amar, comer, partir, de Jany Torres Albelo, quien, sin lugar a dudas, asume una apostura de debate alrededor del tema emigración. Sus obras, dos maletas trabajadas en acrílicos sobre madera, recurren a elementos gráficos como la impresión de letras y frases, las cuales redundan en aspiraciones y frustraciones de la juventud cubana, en cuanto a viajar por el mundo. Calzando este mensaje, la escultura de Arlety Fernández Reyes constituye un llamado a la figura femenina y a la apreciación del cuerpo; a partir de su uso como medio de comercialización. Y sin apartarnos de la mujer tal cual modo de expresión, la joven Ketty Rodríguez Quevedo describe fracasos, depresión, ansias de escapar…, en una trilogía (What the hell, La tristeza es violeta, y Fuga) realizada con técnica mixta sobre metal. Cerrando la exhibición, esta vez tras unos pasos azules, encontramos las piezas de Rogelio David Núñez, Wash them y Why?. Las mismas encierran una mezcla contradictoria de esperanza y pesimismo, al tiempo que constituyen un grito de auxilio del cuerpo humano, convertido en diana de la propia raza humana. David Núñez, artista profesional y quizás en edad, el mayor del grupo expositor, convida a denunciar, de todas las formas posibles, la guerra y la violencia que absorbe al mundo en la actualidad.
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