El bobo de Abela
Por Damepa
 |
Una cara y un cuerpo regordetes. Inexpresivo casi todo el tiempo como esperando engañar a quienes lo miran, y cuando menos lo esperas, ¡soltar el bombazo!
Así se ha anclado la imagen del Bobo de Abela a la cultura popular cubana, aun habiendo tenido un limitado período de existencia, coincidente con su gloria.
En una de las tantas confesiones alrededor del personaje, su creador, el artista plástico Eduardo Abela, refirió: «El Bobo apareció, por primera vez, en las columnas de La Semana en el año 1926, y obedeció a mi propia concepción sobre nuestra psicología criolla. Yo siempre he pensado que este público, por mí tan querido, reacciona en una forma muy particular. Y es que el humorismo, entre nosotros los cubanos, no puede ser un mero recreo intelectual, como sucede en otras latitudes, por razones sabidas y que no precisan explicación».
De ahí que, a pesar de alcanzar en su florecimiento una función cívica, social, revolucionaria y patriótica, el Bobo experimentó una evolución más conceptual, que estética. De la picaresca progresó a una creciente politización.
Su primer momento se basó exclusivamente en un estilo humorístico, en ocasiones sustentado por alusiones sexuales. Luego comenzó a incluir referencias del contexto político y social, sin apartarse de los giros populares. Al final, recreó solo el medio político, centrándose en la actividad antimachadista.
Al observar las caricaturas, notamos que Eduardo Abela no enfatiza los elementos evidentes; sugiere, encauzando al público hacia todas las lecturas posibles.
Sin recurrir a una extrema carga visual o de información, el artista logró la identidad del personaje y de su discurso, el cual siempre conseguía recrear las penurias del país.
Dos interlocutores fueron integrados a la vida del Bobo: el profesor y el ahijado, este último, reconocido como «el bobito», debido a su parecido con la figura central.
El hecho, contrario a significar una ruptura del patrón, reforzó la profundización y el desarrollo creciente del producto comunicativo, apuntalando su labor informativa, ciudadana y de descarga emocional.
Incluso, hubo quienes afirmaron que con el ahijado, el autor garantizaba la continuidad del protagonista, en caso de que la censura lo hiciera callar.
Tras la caída de Machado, el Bobo perdió motivación. Las últimas ilustraciones salidas en 1934 muestran principios repetidos, pues la situación que le dio vida y auge, era ya inexistente.
Eduardo y otros artistas intentaron recuperar el personaje; pero fue en vano, pues representó una época y una actitud liquidadas con el tiempo.
Similar expresión a la de sus «años mozos», adquirió en una creación realizada en 1959, cuando barbudo y lleno de regocijo, abre una ventana y exhibe una pequeña bandera.
El Bobo de Abela constituye hasta hoy un paradigma del humor inteligente, nacionalista y espontáneo.
|
|
|
|
|
|
Mella para todos
los tiempos |
|
Cuba clama por el regreso de nuestros cinco héroes |
|
|
|