27 de febrero del 2010

Cuba, más que sol y arena

Texto y Fotos: Sofía D. Iglesias


Edificio Focsa, con 121 metros de altura, 35 pisos y 39 niveles.
En encuentros de conocimientos, pruebas de ingreso, comprobación de habilidades, ya sea en ambientes caseros, escolares o laborales, las siete maravillas del mundo antiguo, incluso del moderno, constituyen pregunta recurrente.

Sin embargo, poco se habla (salvo en algunas carreras universitarias como determinadas ingenierías, Arquitectura e Historia del Arte), de las maravillas de la Ingeniería Civil cubana.

Buscando información sobre el tema (a propósito de la constante incitación a la lectura en los diferentes espacios de comunicación cubanos), encontré un libro el cual quisiera recomendar. No solo llenó mis lagunas de ignorancia sobre el asunto, sino que me satisfizo tanto en el apetito cultural, como en el orgullo nacional.

Un recorrido amplio, ameno e instructivo, tanto para especialistas como para simples interesados, propone Juan de las Cuevas en su volumen, Quinientos años de construcción en Cuba.

Tomando como referente inicial la descripción hecha por Fray Bartolomé de las Casas acerca de las rústicas construcciones aborígenes, el autor realiza un meticuloso estudio, destacando la evolución de las edificaciones hasta entrado el siglo XX.

A la par de las obras, refiere el proceso constructivo teniendo en cuenta al personal ejecutor, los financiadores y materiales usados en cada uno de los casos.

Asimismo, incluye elementos importantes de ingeniería y analiza todas las especialidades de la construcción: iglesias, caminos, puentes, escuelas, acueductos, puertos, fortalezas, hospitales, y otras.

Entre las páginas se pueden encontrar datos pertenecientes a obras ejecutadas por cubanos en diferentes partes del mundo; además de incluir síntesis biográficas de valiosos arquitectos, científicos y ministros de obras públicas, con relevante participación en fabricaciones trascendentales.

Más de cuatrocientas imágenes enriquecen el volumen, a través de las cuales se aprecian las maravillas de la arquitectura y la ingeniería cubanas.

Te quiero maravillar

Acueducto de Albear

EL levantamiento del Acueducto de Albear fue aprobado el cinco de octubre de 1858, iniciándose su construcción un mes más tarde. Se proyectó con cantería caliza, una taza de diez metros de diámetro, y semejante pendiente, que no necesitaba bombeo.

Su inauguración se materializó el 23 de enero de 1893, y a pesar de los años y la modernización de los sistemas, sigue aportando a la capital habanera un trece por ciento del agua que consume.

Sifón del alcantarillado de La Habana

Por otra parte, tenemos al Sifón del alcantarillado de La Habana, con comienzos en 1908 y final en 1915. El costo de su realización fue de 9 mil ochocientos cincuenta y un pesos, con ciento sesenta centavos.

Está también maravillándonos la carretera central, que en 1927 empezó a tomar formas a partir de medios, tan rudos, como carretas empujadas por animales. Este empeño demandó la demolición de casas, portales, así como la creación de vías céntricas en los pueblos por los cuales atraviesa.
Identificado en la estatua La república, del Capitolio habanero, se encuentra su punto cero. Cuatro años duró la ejecución de ella, y demandó la participación de once mil trabajadores, superando los ciento once millones de pesos.

En febrero de 1954 aparecieron en La Habana indicios de una nueva creación. Se trataba del edificio Focsa, con 121 metros de altura, 35 pisos y 39 niveles.

El túnel de la bahía de La Habana, con una extensión de 744 metros. Posee capacidad para mil 500 vehículos por hora y por senda.

Tan majestuoso como él, encontramos al túnel de la bahía, con una extensión de 744 metros. Posee capacidad para mil 500 vehículos por hora y por senda. Tras 30 meses de confección, fue abierto al público y hasta hoy constituye una vía de fácil y rápido acceso.

Otra senda reconocida en Cuba es el puente Bacunayagua, con 114 metros de largo, iniciado en el año 1957 y concluido en septiembre del 59.

Viaducto La Farola, con extensión de seis quilómetros de largo y nueve de ancho.

Y por último, como séptima maravilla de la ingeniería civil cubana, tenemos al Viaducto La Farola, ubicado en la zona oriental. El mismo se empezó a crear en 1964, con extensión de seis quilómetros de largo y nueve de ancho.