5 de marzo del 2010

Para que el viento no se lleve las palabras  

Por Lisandra Haydart Valdés y
Dianelis Hernández Sánchez, estudiantes de periodismo
Fotos: Internet


María del Carmen Barcia
Los años no han pasado por ella. Hoy, con más de siete décadas de existencia, María del Carmen Barcia es el fruto de una mezcla española y criolla.

Su amor por la historia, la dulzura de su alma, la tranquilidad de tener un hogar feliz, han hecho de esta mujer un ser inigualable; quien aborrece la publicidad y le encanta deleitarse con platos tradicionales cubanos.

‹‹Jamás pensé ser profesora. Empecé a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y luego trabajé en el Museo Nacional de Bellas Artes. Mis intenciones eran formarme en alguna asignatura vinculada con las artes, sobre todo con la plástica, la cual me atrae muchísimo.

«Llegó Fidel cuando se terminaba la campaña de alfabetización e iban a crecer las aulas de estudiantes en la universidad. Nos pidió que asistiéramos a un curso en Ciudad Libertad con los profesores universitarios de alto nivel, quienes formarían a los estudiantes en literatura, gramática…, en fin, Ciencias Sociales. Así fue como poco a poco me involucré en el mundo del magisterio y entré en  la Universidad siendo alumna todavía».

¿De dónde le viene el amor por la historia?
«Tampoco pensé ser historiadora. La formación del preuniversitario era muy amplia, sobre todo con abundante trasfondo cultural, por eso le doy a mis clases ese enfoque. En el último año dábamos Ciencias Sociales y fue cuando decidí licenciarme en esta carrera. Conocí a grandes profesores como Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo, quienes me ayudaron. De ellos tomé métodos, modos de investigar y sobre todo amor a lo que se  realiza».

¿Nos podría hablar de su experiencia en la Universidad de La Habana, especialmente en la dirección de la entonces Escuela de Historia?
«Mis inicios fueron como instructora no graduada  en el departamento de Historia General, donde impartía asignaturas. Pero uno se va enredando en ese maravilloso mundo y terminé dirigiendo la escuela desde 1972 hasta 1977. Teníamos más de mil alumnos  recibiendo  cursos regulares y de trabajadores.

«Era intensa la labor por aquella época, debíamos preparar materiales para esos cursos y eso solo lo realizábamos con tres personas en la oficina, las cuales eran muy eficientes.

«Cuando  desaparece la estructura universitaria,  había facultades con departamentos, es cuando paso al de Historia de Cuba; sin embargo, ya había impartido Historia General de América. Sin dudas esto fue una experiencia que me ayudó cuantiosamente».

¿Cuál es el concepto de historia nacional que a lo largo de estos años ha construido y reconstruido Maria del Carmen Barcia?
«Trato la Historia de Cuba. No obstante, no sólo uso una perspectiva de la nación, sino de la cultura cubana. La nación en sí misma es una construcción y antes de serlo, nosotros éramos un país. ¡Y por muchos años lo fuimos! Cuando estudias el siglo XVII y XVIII  no estás en presencia de una nación. Esta implica una estructura política, un estado, una hegemonía dentro de ese estado. Es un proceso que se va  dando con posterioridad».

Respecto a la Historia ¿prefiere investigar o contarla?
«Las dos cosas. Disfruto investigar, porque es descubrir lo nuevo, es muy importante. Se trata de encontrar cosas no dichas o mal contadas. Por ejemplo, ahora estoy indagando sobre las mujeres profesionales. Estaba en el archivo de la Universidad y no sabes cuánto aparece lejos de la verdad.

«Encuentras en esos papeles elementos que no ves en otros. Si lo dejas ahí nadie se entera, debes contarlo en el aula o por escrito para hacerlo imperecedero; para que el viento no se lleve las palabras».

¿Cómo logra aterrizar los temas de sus investigaciones a los intereses de lectores comunes por encima del público especializado?
«Es uno de mis propósitos. Siempre digo que si los historiadores nada más escribimos datos, teorías, críticas, eso sería nada más  para lectura de los científicos sociales e historiadores. Hay que llegar a todos los lectores.

«Debemos exponer lo mismo sin muchas concepciones, pero con un lenguaje atractivo. Es como un médico cuando le explica a un paciente cómo le va a hacer una operación o un tratamiento con técnica y aparatos. Él no empieza describiendo el aparato, sencillamente le dice: “vamos a realizar esto”. De eso se trata».

¿Cuál de sus  libros le resulta más querido?
«Eso es preguntarle a una madre cuál de sus hijos es el preferido. Cada obra es un momento de la vida y con él te identificas.  Al hijo tú lo crías y lo llevas por el camino correcto.

«Alguno habrá escuchado tu consejo, no obstante, eso no incide en el amor que vas a sentir por ellos.  Tú puedes decir, este libro fue más exitoso por tal razón, nunca dirás, este me gusta más. Los libros son mi vida, en cada uno hay un pedacito de mi persona».

¿Temas aún por abordar?
«Me quedan tantos que no me alcanza la vida para tratarlos.  En un momento me propuse tratar temas de mujeres que no estuvieran hechos, pues siempre la historia iba a grandes figuras, a madres criollas o heroínas. Estudié a las mulatas, las prostitutas…

«También a una mujer española  muy reaccionaria, quien contrariamente  era muy delicada y dulce en su vida íntima. También cuestiones metodológicas, ente ellas un proyecto asociado con la esclavitud. Así son las Ciencias Sociales, al igual que en otros campos quedan elementos por interpretar, por materializar. Es una brecha del conocimiento que no se detiene con el tiempo. Cada día sale a relucir algo nuevo».

De la literatura, la música y la plástica, ¿qué es lo que más le gusta?
«Me fascina la pintura cubana. Estuve bastante vinculada con en el arte cubano, sobre todo con la pintura. Es un mundo por descubrir, desde la vanguardia hasta el arte moderno.

«La figura de Fidelio Ponce me interesa, pues manifiesta una tendencia triste y provista de un toque mágico. Me deleita la pintura triste, a pesar de no serlo. De música, me inclino hacia la clásica cubana y a lo que literatura  se refiere, siendo buena, leo de todo. Me encanta lo escrito por las mujeres en la actualidad: Margarita Mateo, por citar a alguna. También la buena novela».

¿Que significó tener el galardón de la XIX Feria Internacional del Libro?
«Estoy muy feliz y contenta, si bien  no es algo que me saque de mi rutina. No soy  de esas personas que se mueve en el mundo de la publicidad. Este mérito no es sólo para mí, sino para las Ciencias Sociales».

 

 

 


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