5 de marzo del 2010
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Para que el viento no se lleve las palabras |
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Por Lisandra Haydart Valdés y |
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Su amor por la historia, la dulzura de su alma, la tranquilidad de tener un hogar feliz, han hecho de esta mujer un ser inigualable; quien aborrece la publicidad y le encanta deleitarse con platos tradicionales cubanos. ‹‹Jamás pensé ser profesora. Empecé a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y luego trabajé en el Museo Nacional de Bellas Artes. Mis intenciones eran formarme en alguna asignatura vinculada con las artes, sobre todo con la plástica, la cual me atrae muchísimo. «Llegó Fidel cuando se terminaba la campaña de alfabetización e iban a crecer las aulas de estudiantes en la universidad. Nos pidió que asistiéramos a un curso en Ciudad Libertad con los profesores universitarios de alto nivel, quienes formarían a los estudiantes en literatura, gramática…, en fin, Ciencias Sociales. Así fue como poco a poco me involucré en el mundo del magisterio y entré en la Universidad siendo alumna todavía». ¿De dónde le viene el amor por la historia? ¿Nos podría hablar de su experiencia en la Universidad de La Habana, especialmente en la dirección de la entonces Escuela de Historia? «Era intensa la labor por aquella época, debíamos preparar materiales para esos cursos y eso solo lo realizábamos con tres personas en la oficina, las cuales eran muy eficientes. «Cuando desaparece la estructura universitaria, había facultades con departamentos, es cuando paso al de Historia de Cuba; sin embargo, ya había impartido Historia General de América. Sin dudas esto fue una experiencia que me ayudó cuantiosamente».
¿Cuál es el concepto de historia nacional que a lo largo de estos años ha construido y reconstruido Maria del Carmen Barcia? Respecto a la Historia ¿prefiere investigar o contarla? «Encuentras en esos papeles elementos que no ves en otros. Si lo dejas ahí nadie se entera, debes contarlo en el aula o por escrito para hacerlo imperecedero; para que el viento no se lleve las palabras». ¿Cómo logra aterrizar los temas de sus investigaciones a los intereses de lectores comunes por encima del público especializado? «Debemos exponer lo mismo sin muchas concepciones, pero con un lenguaje atractivo. Es como un médico cuando le explica a un paciente cómo le va a hacer una operación o un tratamiento con técnica y aparatos. Él no empieza describiendo el aparato, sencillamente le dice: “vamos a realizar esto”. De eso se trata». ¿Cuál de sus libros le resulta más querido? «Alguno habrá escuchado tu consejo, no obstante, eso no incide en el amor que vas a sentir por ellos. Tú puedes decir, este libro fue más exitoso por tal razón, nunca dirás, este me gusta más. Los libros son mi vida, en cada uno hay un pedacito de mi persona». ¿Temas aún por abordar? «También a una mujer española muy reaccionaria, quien contrariamente era muy delicada y dulce en su vida íntima. También cuestiones metodológicas, ente ellas un proyecto asociado con la esclavitud. Así son las Ciencias Sociales, al igual que en otros campos quedan elementos por interpretar, por materializar. Es una brecha del conocimiento que no se detiene con el tiempo. Cada día sale a relucir algo nuevo». De la literatura, la música y la plástica, ¿qué es lo que más le gusta? «La figura de Fidelio Ponce me interesa, pues manifiesta una tendencia triste y provista de un toque mágico. Me deleita la pintura triste, a pesar de no serlo. De música, me inclino hacia la clásica cubana y a lo que literatura se refiere, siendo buena, leo de todo. Me encanta lo escrito por las mujeres en la actualidad: Margarita Mateo, por citar a alguna. También la buena novela».
¿Que significó tener el galardón de la XIX Feria Internacional del Libro?
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