3 de febrero del 2010
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Ha muerto Salinger |
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Por Miriam Ancízar |
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Jerome David Salinger nació el día de Año Nuevo de 1919 en Manhattan, hijo de una irlandesa y un judío de origen polaco. Comenzó temprano a escribir. Mas, el escritor estadounidense alcanzó fama mundial por su novela El guardián en el trigal traducida a más de cuarenta idiomas y convertido en bestseller desde el mismo año de su publicación, 1951 El libro, del que se han vendido más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo y del que aún se venden 250 mil cada año, estaba dirigido a los adultos pero su protagonista inmediatamente se convirtió en el antihéroe por excelencia de toda una generación, la de los adolescentes crecidos en plena guerra fría, que vieron en sus críticas feroces contra el mundo y la moral de los años cincuenta el reflejo de sus propias inquietudes y angustias. Ernest Hemingway lo definió como un escritor de talento infinito tras conocerle en París durante la Segunda Guerra Mundial, años antes de que publicara su obra magna. Salinger, alrededor de los años 60 decidió dejar Nueva York para instalarse en Cornish, New Hampshire, para alejarse de todo contacto con la vida pública. Dejó de publicar y se entregó a una vida encerrado con los suyos, interesado en el budismo zen y en la comida sana. Holden Caulfield tiene 16 años y ha sido expulsado por bajo rendimiento de la escuela privada Pencey. Holden es un niño mimado por sus padres, consentido hasta la saciedad, al que nada le gusta y todo lo aborrece. En una insensata huida sin rumbo fijo, el protagonista vive en primera persona los aspectos más bajos de la sociedad. Tiene encuentros con mujeres, un sinfín de decepciones y de situaciones estremecedoras, en un acelerado y corrosivo paso hacia la madurez.
El relato está narrado en primera persona, por un Holden Caulfield cínico, arisco, resignado e irascible. Con un estilo nervioso e inseguro, el vocabulario está provisto de incesantes coletillas y manías, por lo que acerca más a la forma de narrar que tendría un adolescente de esas características. El desarrollo argumental es imprevisible, hablamos de un muchacho que se ha ido de casa y no sabe lo que quiere. Sus encuentros con personas del pasado le resultan deprimentes, y lo hace ver en comentarios que impactan. Holden ama la infancia porque está libre de hipocresía y detesta el protocolo que supone el saber estar en los sitios como un adulto. Esto le provoca graves crisis de nostalgia y desilusión. Su deseo de hacer solo lo que desea se debe también al sufrimiento que le supone ver que sus padres están siempre trabajando y apenas tienen tiempo para él. Los diálogos, impresionantes, están dotados de gran realismo, son un acercamiento apabullante a la personalidad adolescente, difícil y perdida. |