Viaje a Figueras
Texto y foto: Amilkar Feria Flores
Tal pareciera que los derroteros de Alberto han enrumbado a una florida comarca, en la que las colinas con pájaros, playas y viñedos, se develan ante un promisorio amanecer. El trecho recorrido, no obstante, marca sus más recientes visiones; a tal punto, que su transido slogan todavía dice: Los momentos de placer son efímeros; pintar es como saldar esa deuda continuamente.
Para los que conocen su obra, nada inusual en los espacios expositivos de los últimos años, sobre todo en las galerías de la capital, existe un abierto reconocimiento de que, en este viaje, hay algo novedoso en su trabajo. Cierto aliento, preñado de fugaces nostalgias vividas, de esperanzas por vivir, marca las extensas superficies de sus telas. Un vasto campo, presumiblemente labrado, aunque de malezas, se extiende hasta el horizonte con pinta de suelo fértil, reconociblemente humano, probablemente en barbecho, presto a ser nuevamente labrado (Paraíso, acrílico/tela, 200 x 300 cm, 2010). Este paisaje, bastante más cercano como género, es prueba de un evidente aterrizaje por parte del creador; cuando son muy abundantes en su anterior trabajo aquellos otros detalles que revelan, casi a nivel atómico, algunas pesadillas paralelas al amor.
Más evidente, mejor contrastado y manifiesto (Nacimiento, acrílico/tela, 200 x 200 cm, 2010), no se mide, ni se esconde para gritar nuevas verdades surgidas de un estado de ánimo floreciente, cargado de un cromatismo mejor sopesado, menos caótico que en su producción de hace uno, o dos años. Algo semejante sucede con (Tesoro mío, acrílico/tela, 130 x 150 cm, 2010), donde, aunque renuncie a sus títulos, se devela una feliz transición de concepto y espíritu.
Justo en los títulos, que como ya advertía son meros énfasis para sus poéticos tratamientos pictóricos, los augurios de un feliz desenlace para un palpitante virus amatorio, recorren los perecederos pies de obras: Catorce de febrero, A veces se me pierdey vuelve a ratos, ¿Dónde andarás?, Pero faltas tu, Beso, Retozo, Si me dejas ahora; entre otras, facturadas todas en los escasos meses recorridos de este año.
Yo tenía a Alberto por un tipo cáustico a ultranza. Todavía lo sostengo; es imposible, y me atrevería a afirmar que aberrado, que en sus maneras hubiese un salto distinto del que Viaje a Figueras nos propone. Lo asombroso de este atisbo, mejor que salto, es la habilidosa capacidad para expresar un sentimiento diametralmente opuesto al de la evasión y el caos, con los mismos códigos consustanciales a su evolución plástica. El resultado, en consecuencia, es sumamente coherente. Ya sabemos que somos muchos entes en uno solo, pero siempre habrá algo que nos distinga, algo que nos identifique en nuestro modo de decir cuatro verdades, e igual número de disparates, empleando las mismas palabras; en este caso, pigmentos.
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