11 de enero del 2010
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Terapia de amor y pincel |
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Por Elizabeth Bello Expósito |
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El autor usa magistralmente la técnica del óleo para retener (proyectar) en las pequeñas telas de 30 centímetros, las esencias curativas de las flores del Doctor Edward Bach. En esta ocasión el proyecto encauza su magia hacia los infantes, para curar y prevenir de forma natural afecciones agudas o crónicas, emocionales y/o físicas, que agobien a nuestros pequeños duendes. La sensibilidad, el movimiento, el colorido y la sencillez de las 39 obras expuestas nos muestran el corazón de un hombre martiano, que desde lo más hondo de su ser llega a plasmar ese amor, ese concepto curador que el Doctor Bach describió en cada remedio.
Los cuadros cual si fueran un jardín imaginario o una escena teatral explican las propiedades que posee cada una de las 38 esencias, las cuales, los niños podrán decodificar por sí solos, pues son los protagonistas principales de cada escena. Según explica el propio artista los lienzos serán recopilados en un libro y podrán ser usados en hospitales, centros de rehabilitación, centros de asistencia médica e incluso hasta el hogar.
Es esta terapia a partir de las flores de Bach, un arma de amor, de tratamiento natural e inocuo, que desde que comenzó su uso a principios del siglo XX ha servido para prevenir, curar o rehabilitar a numerosas personas, ahora disponible para el público cubano en las representaciones pictóricas de Sarrá; quien planea dedicar su próxima muestra a las personas de la Tercera Edad, un numeroso grupo etario que necesita atención, comprensión y apoyo de la sociedad toda. Esta exposición, donde se conjugan el arte y la ciencia, la medicina y el goce estético, las flores y la juventud, se presenta como un legado de paz y cariño para la humanidad, especialmente para los pequeños duendes de la casa, “la esperanza del mundo” como dijera José Martí.
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