El mundo en movimiento
Hasta el 26 de enero se mostrarán en La Habana 74 piezas de Edgar Degas
Texto y fotos: Jorge Sariol
La exposición Todas las esculturas del artista francés Edgar Degas es una de esas acciones culturales que hacen de La Habana una suerte de plaza propicia para lo real maravilloso.
Abierta el pasado diciembre en la sala de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes y con acceso al público hasta el miércoles 26 de enero, la muestra, a diferencia de otras acciones culturales de notoria significación, ha despertado curiosidad.
Es cierto que este tipo de ofrecimiento cultural no es para el gran público ni todo el mundo debe, por decreto o por moda, gustar y asistir a exposiciones como estas.
Con todo, su estancia en Cuba, no puede pasar inadvertida para los universitarios.
En primera instancia cultivar el goce estético es un proceso de muchos años que tiene diversas formas de asumirse y ya se ha dicho que para gustos se han hecho los colores.
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Sin embargo para una generación de universitarios, sea cual sea la especialidad estudiada, esta muestra que solo ha sido exhibida en Israel, Grecia y Bulgaria, es una exclusividad y una deferencia con Cuba que no puede obviarse.
La exposición llega a la Isla gracias a las gestiones del Tasador de Obras de Arte estadounidense Alex Rossenberg, y su valor excede el hecho de que sean 74 piezas únicas, salvadas de las 150 encontradas por sus amigos Paul Durand-Rouel y Ambroise Bollard en el taller del artista en 1917 poco después de su muerte. Entre ellas se destaca Pequeña Bailarina de 14 años, una pieza poco comprendida por los contemporáneos de Degas.
La excepcionalidad de la exposición no estriba solo en las sobradas controversias con la crítica y la sociedad parisina de entonces, cuya renuencia a aceptar el arte escultórico de Edgar Degas fue mordaz y profusa, lo que motivara una retirada de Degas a una vida menos social.
Y digo más: no se trata siquiera de que muchas piezas solo hayan sido exhibidas en vida de Degas en 1881, y que, cada obra sea copia de molde de yeso o cera realizados por el artista.
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Delicadas bailarinas en movimiento, el cuerpo femenino, caballos de diversas proporciones y condición cinética y grandes estudios de personalidades, entre ellos el dedicado a Matilde Salle, componen la muestra exhibida ahora en La Habana.
Nada es, ni puede ser más significativo que las obras en sí, y disfrutarlas es parte de lo que hace de esta ciudad el sitio elegido para marcar la diferencia.
Los estudiantes universitarios, al margen del bajo costo de la entrada, no deben dejar de llegarse hasta la sala de Arte Universal del Museo de Bellas Artes para una ofrenda que equilibra razón y emoción.
Según se ha dicho esta exposición partirá de La Habana, hacia Valencia, España.
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