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Del 17 al 23 de octubre /2011
 

 

Caravaggio aún en La Habana

Los que vivimos en esta Habana que amamos y padecemos, y también los que por estos días transiten por la capital del país, no debieran dejar pasar la oportunidad —y menos un universitario que se precie de serlo— de disfrutar el regalo que nos da el Museo Nacional de Bellas Artes.

Por Jorge Sariol
Imágenes: cortesía del Museo Nacional de Bellas Artes

Narciso en la fuente, del pintor italiano Caravaggio

Buena oportunidad de acercase a la encanto inmortal de la pintura es la muestra que ofrece por estos días el Museo Nacional de Bellas Artes, (MNBA) en su sala de Arte Universal.

Y es que ver y apreciar el cuadro Narciso en la fuente, del pintor italiano Caravaggio, resulta un recordatorio de cómo cuatro siglos después, puede perdurar una huella que deja para la posteridad la obra de uno de sus creadores más extraordinarios.

Como ha sucedido con muchos otros ejemplos, muy probablemente el propio Michelangelo Merisi —que tal es su verdadero nombre—, no imaginó la trascendencia de su legado.

Pero una de sus obras está ahora en La Habana para regocijo de quienes saben apreciar el valor de las cosas y no solo las cosas de valor.

Narciso en la fuente, realizado en óleo sobre lienzo, pertenece a la colección de la Galería Nacional de Arte Antiguo de Italia, ubicada en el Palacio Barberini de Roma.

Más allá de su vida espinosa y de su carácter difícil, o conflictivo dirían algunos desde la modernidad, Caravaggio dejó constancia de su paso por la vida no solo por sus obras sino por la influencia en la pintura a pesar de que paradójicamente, nunca tuvo taller fijo ni asumió discípulos y solo existe un obra firmada por él mismo.

Autorretrato

La muestra estará abierta hasta el 27 de noviembre y acompañan al Narciso en la fuente — y cuya autenticidad avalan documentos—, doce cuadros de pintores que no pudieron o no quisieron sustraerse a sus influencias, algunos de ellos contemporáneos y otros que siguieron su ruta años después de su muerte ocurrida el 18 de julio de 1610.

Los que vivimos en esta Habana que amamos y padecemos, y también los que por estos días transiten por la capital del país, no debieran dejar pasar la oportunidad —y menos un universitario que se precie de serlo— de disfrutar el regalo que nos da el Museo Nacional de Bellas Artes.

Puede que haya quien no comprenda, en primera instancia, el significado de poder apreciar en Cuba, el cuadro Narciso en la fuente, pero el tiempo es un juez que suele ser implacable.

 
     
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