ENTRE SILVIO Y PABLO: TANMY
Por Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Nacho Vázquez
«Tengo 27 años. Defiendo mi sentir con las herramientas que me ha dado Cuba: estudios, conocimientos y el violín. Transmito la parte hermosa y fea de la realidad, directamente lo que he vivido. Soy muy apasionada, volátil, y tan sensible, que acciones insignificantes pueden dañarme».
Tras una errada impresión de timidez, Tanmy me mostró ser de esas personas que se presentan solas. Diálogo natural ante la grabadora. Carcajada franca ante la cámara. Inherente destreza encima de los escenarios. Algunas de las bondades que la «cubana de pura cepa» regala a quienes la abordamos en medio de su vorágine musical.
¿Cómo asimilas la salida de dos discos (casi simultáneos), de los Estudios Ojalá y PM Records, respectivamente?
Resultó puro azar que salieran los dos casi al mismo tiempo. Realmente el primero debió ser el último, pero sucede que obtuve la Beca de Creación Musical Ojalá 2010, convocada por los estudios de Silvio Rodríguez. Consistía en musicalizar poemas de Rubén Martínez Villena. Para ello seleccioné ritmos cubanos como el cha cha cha, el guaguancó, el son; otros como el tango, el joropo.
El disco se llama: La luz es música. Recoge poemas muy ligados a mí, que me sensibilizan o recuerdan experiencias propias.
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Roberto Carcassés ha apoyado a Tanmy desde sus primeros acercamientos a la composición, a la vez que produce sus dos discos: La luz es música y La niña traviesa. |
Por otra parte, hace como cuatro años comencé a escribir canciones, las cuales han sido aprobadas para integrar un disco con Bis Music, precisamente en los estudios PM Records, de Pablo Milanés.
Este lleva el título de uno de los temas: La niña traviesa. Posee canciones conocidas como Cambio, Buenos Amigos… Y cuenta con la participación de invitados como: Descemer Bueno, Kelvis Ochoa, el Ruso de Orishas…, entre otros.
Asumo ambas producciones como hijos, y mis expectativas para cuando comiencen a circular son inmensas.
Además del reconocimiento por grabar tus primeros discos en estos estudios, ¿qué significación personal ha tenido estar cerca de Silvio y de Pablo?
Soy privilegiada por contar con la ayuda de los dos. Han sido mis ídolos durante mucho tiempo. Desde muy joven los admiraba. En ellos encontré a los consejeros de mi adolescencia y juventud. Entre Silvio y Pablo, luego con el feeling, Elena Burke, los Van Van…, he ido viviendo. Me he ido alimentando. Por eso doy saltos de alegría con estos proyectos. En ambos casos he contado con el apoyo incondicional de cada uno.
¿Te ha catapultado la Beca de creación Ojalá a musicalizar poesía?
Precisamente comencé la musicalización de los poemas motivada por la Beca. Desde entonces trabajo con cosas de Guillén. El propio Silvio me dará poemas suyos… Me siento motivada. Asumo con entusiasmo este momento de creatividad, y espero mantenerlo.
Ahora estoy recibiendo sorpresas del disco La luz es música. Una se da cuenta de que un poema un tanto difícil de interpretar se comprende mejor mediante la música. En el concierto de presentación noté que los temas de son, con los que se baila y marca el pasillo cubano, son muy bien asimilados. La poesía hecha música llega a más personas, sobre todo a quienes no disponen del tiempo para sentarse a leer.
Tus incursiones musicales se sustentan sobre tres instrumentos: el violín, la voz y la letra. ¿Si tuvieses que elegir solo una de estas herramientas para comunicarte con el público…?
El violín es un instrumento que respeto tanto, que puedo asegurar no estoy a su nivel, pues he dejado de estudiarlo como se debe. Sin embargo, me pertenece, es parte de mi cuerpo, mi alma; como lo soy de él. Desde los siete años lo estudio. Antes de esa edad mis padres me llevaron a varios teatros para decidir, y entonces lo elegí. Él también a mí.
Tal vez no lo toque a la altura de los virtuosos, pero no siento miedo de hacerlo en frío, de momento.
En tanto, con las letras sí puedo decir. Las palabras describen lo que siento y pienso, y pueden interpretarse como tales. Mientras fui estudiante nunca imaginé que podía componer. Todo surgió por un amor frustrado. A veces una le otorga importancia a determinadas cosas que realmente no la llevan. Sufrí una decepción por la cual permanecí en cama casi un año. Gracias a esa postura «inmóvil», desperté un día con ganas de escribir… Me inspiran las fuertes emociones, ya sean de alegría, triunfo o de tristeza. Aprendí a canalizarlas mediante la música.
Con la voz, por último, no soy tan osada. Resulta la más reciente de mis incursiones.
Tras graduarme del Instituto Superior de Arte (ISA) —de violín—, nunca canté. Al componer y querer demostrar cómo decía la letra o cómo quería que dijera, me sentí obligada.
Algunas personas afirmaron que me quedaba bien, no lo hacía mal, y entonces fui adquiriendo confianza. En La luz es música alcancé un poco más de madurez y seguridad. En eso me ayudó Silvio, quien piensa que mi voz es bonita… ¿La verdad? A estas alturas no dejaría de hacer nada de lo logrado.
Haciendo retrospectiva, ¿existe una tradición musical en tu familia, o recién está surgiendo?
Realmente no. Supe de la música por mi hermano. Él es guitarrista, tres años y medio mayor que yo. Recuerdo que cuando estaba en cuarto grado llegó contando de unas maestras que fueron a la escuela realizando captaciones. A partir de ahí creció mi interés. Aunque siempre me gustó bailar, la gimnasia, correr, saltar…, llamar la atención.
De tercero a sexto grados estudié en el conservatorio Guillermo Tomás, de Guanabacoa. Mi maestro hasta graduarme del ISA fue Augusto Diago. Luego hice desde séptimo hasta noveno en Manuel Saumell. En el segundo año de nivel medio me integré con Zenaida en la Camerata Romeu. Por esos años despertaba Interactivo, estaba Descemer Bueno grabando el disco de Aydée Milanés, nacía el proyecto de Yussa… Nos conocimos, necesitaban cuerdas y participé en algunas cositas de este tipo.
¿Que hay detrás del nombre del grupo con el que actúas, parte además del estribillo de uno de tus temas?
¡¿Pura cepa?! Pues no he estado muy cómoda para llegar hasta aquí. Lo he logrado, como mucha gente de este pueblo, sin recursos o influencias, humildemente… —sin quejarme—. Cubana de pura cepa resulta una frase muy tradicional, teniendo en cuenta también que la cepa está unida a la raíz, debajo de la tierra, en lo más profundo.
A pesar de vivir actualmente días de tormentoso trabajo y éxtasis profesional, ¿qué adviertes para el futuro?
Poder sostenerme y valerme con este trabajo, que a la vez disfruto tanto. Deviene verdadera dicha que una pueda vivir de una labor tan gratificante. Espero que se conozca mi obra como compositora. Y…, estabilizarme, seguir escribiendo y defendiendo la música junto a mi grupo, cuidar a mi familia, un día tener hijos, y morirme vieja. |