19 de junio del 2009 |
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La Era de los tramposos |
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Por Miguel Ernesto Gómez Masjuán
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Si a los directivos de la Major League Baseball (MLB) no les preocupa el olimpismo; aunque el presidente de la Federación Internacional, Harvey Schiller, diga lo contrario, por lo menos deberían ocuparse más de los escándalos que anualmente agregan nuevos nombres a la ya enorme lista de peloteros que han utilizado sustancias prohibidas a lo largo de su carrera. Las acusaciones contra grandes estrellas como Barry Bonds, Roger Clemens, Alex Rodríguez y Manny Ramírez, entre tantos otros que han reconocido el uso de esteroides, afectan a todo el mundo del béisbol. La explicación es sencilla: sus falsos números, que una vez despertaron admiración, ofrecen más argumentos a los múltiples detractores de este deporte para que no duden en declarar a la pelota como una especialidad «sucia». Bonds, un líder poco creíble Barry Bonds formó parte del equipo universitario norteamericano que participó en el Campeonato Mundial de 1984, celebrado en el estadio Latinoamericano. Muchas cosas cambiaron en la vida de Barry Bonds un año después de su incursión habanera. Terminó sus estudios universitarios en Arizona State y luego fue fichado por los Piratas de Pittsburg. Así comenzaría a escribirse una historia impresionante hasta que Barry cayó en un enorme escándalo por el empleo de esteroides. Cuando Barry Bonds sorprendió con 73 jonrones en la temporada de 2001 los fanáticos lo vieron como el lógico sucesor de Hank Aaron. Paradójicamente, ese récord colocó a Bonds en el centro de la atención pública. ¿Cómo se podía explicar el espectacular aumento de la masa muscular y la distancia de sus batazos? Algo raro estaba pasando; sin embargo, parecía que ni a los dueños ni a los directivos de las Grandes Ligas y tampoco a la prensa especializada le importaba. Barry Bonds sobrepasó a Babe Ruth y a Hank Aaron y se convirtió en el líder histórico de cuadrangulares en las Grandes Ligas; aunque no recibió los aplausos esperados, sino chiflidos. Ahora ningún equipo lo quiere en su nómina y ha quedado como un tramposo que engañó a los fanáticos. Alex Rodríguez, ¿a-fraud? No obstante este reconocimiento de su «error», Alex Rodríguez no ha sido suspendido porque no le detectaron el doping en un control de la MLB. Sus abogados se han encargado de mantenerlo lejos de cualquier sanción. Desde las gradas, muchos lo silban cada vez que llega al cajón de bateo. A-Rod, como lo llama la prensa, ha pasado a ser A-Fraud (un fraude). Tal vez para este jugador, que una vez hizo soñar con un título a una ciudad, Seattle, le quede vetado, al igual que le ha sucedido a tantos otros, el ingreso al Salón de la Fama en Cooperstown. Manny Ramírez, el último en la lista... por ahora Más de 500 jonrones, dos títulos en las Series Mundiales con los Medias Rojas de Boston y una pésima reputación fuera de los terrenos podrían resumir, en breves líneas, la trayectoria de este atleta. Manny Ramírez lucía como un pelotero limpio. Sus enormes y oportunos cuadrangulares parecían legítimos, sus múltiples temporadas con más de cien carreras impulsadas, también. Gran error. Un reporte de la Oficina del Comisionado de la MLB confirmó que el jardinero de los Dodgers dio positivo en un control y recibió una condena de... 50 juegos. ¿Castigos? Las cifras son una falta de respeto a los amantes al béisbol. No son pocos los que se han pronunciado por elevar los castigos e, incluso, algunos abogan por incluir las condenas de por vida ante el primer resultado positivo en un control. Si se lograra esto último podría ser un gran paso en el intento de limpiar la muy deteriorada imagen del béisbol, no solo en Estados Unidos. De seguro los jugadores lo pensarían más de dos veces antes de doparse. Sin embargo, se mantiene la oposición a modificar los términos de las «sanciones». ¿Por qué esa obstinación si el panorama actual es muy diferente al de 2005? Mientras los abogados y firmas de publicidad continúan trabajando con la «imagen» de los tramposos, en los estadios aumenta la incredulidad. Y es lógico que así sea. La gran pregunta que muchos se hacen es ¿quién será el próximo en decepcionarnos? Lástima que se haya alcanzado este punto; aunque los únicos culpables no son los deportistas.
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