25 de marzo del 2009

Joven Mella


Escritores cubanos conceden a Alma Mater primicias de su investigación

Por Hilario Rosete Silva
Ilustración: Kilo

Ilustración de Mella
Los Primeros Magistrados de la década del veinte latinoamericana tendría que admitir que Los Estudiantes se encontraran a una voz bajo la letra de los ensayos de José Carlos Mariátegui, en Perú; tras la reforma universitaria de Córdoba, en Argentina; sobre los murales de Diego Rivera y la Clemente Orozco, en Méjico; en la obra de Mella y de Villena, en Cuba; y en cualquier parte de América Latina donde se produce El Relevo.

Hoy nos ocupa El Joven Mella, fundador del primer  Partido Comunista de Cuba, de la Universidad Popular  «José Martí» y de la Federación de Estudiantes Universitarios de Cuba, quien está entre los primeros en la Isla  en divulgar las tesis del marxismo-leninismo. Hasta que llegue el tiempo es el libro de Adys Cupull y Froilán González, contentivo de las 47 crónicas que, con 17 años, escribe El Joven  durante su primer viaje a Méjico (1920). Conversando con Alma Mater, los autores evocaron momentos poco reseñados de su vida y compartieron las sorpresas de la búsqueda.

Todo comenzó cuando…
Los investigadores tomaron las crónicas escritas por El Joven y empezaron a descifrarlas. Gracias a ellas, quienes nacieron setenta  años más tarde llegaron al fin  de que apenas conocían al protagonista, sobre todo como ser humano, y es que venía siendo difícil en el país tratar la historia real de los grandes hombres, por mecanismo heredados de nadie sabe dónde estos tendrían que hacer amado una sola vez,  a una sola mujer… Imposible,  los compatriotas siempre quisieron a la patria, el trabajo, los hijos y las mujeres; viviendo los diecisiete años, ya era lógico, elemental, hablar de novias:

«¿Cómo puede el Amazonas»? —escribe El Joven en sus crónicas— «cuando está desbordado, preocuparse de la conveniencia  que para aumentar su caudal pueda tener una nube que pasa cargada de agua, si ésta se rompe en llovizna?

«Así mi corazón.
«Mi mayor alegría ha sido una carta de Silvia, una sola.
«¡Qué ternura! ¡Qué poesía contiene esa carta! Siento que un paroxismo de alegría me brinda fuerzas para conquistar el mundo.»
La Novia, su primera, se llamó Silvia Masvidal Ramos, era de Las Villas, estudiaba en La Habana, y vivía con su hermana Pompilia, sobre el Paseo del Prado. Con ella, sueña tener «una casita como aquella», en ella se recoge entreluces:

«Tarde me levanté. No hice casi nada.
«Le puse un cable a Silvia. ¡Oh, qué duro es no saber de ella!
«Por la tarde estuve remando en Chapultepec.
«Triste estuve, pues solo pensando en lo feliz que sería con ella a mi lado, en esta puesta de sol, cuyos tintes morados me recuerdan sus ojeras grandes y misteriosas.»
 
Así establecieron los estudios
Hablar de La Esposa de El Joven entraña  sacar la luz a la mujer cubana querida por él, Olivia Zaldívar, con quien tuvo a su hija Natasha.

A pesar de su ascendencia aristócrata camagüeyana, y de la pugna de sus padres, Olivia lo sigue, por amor, durante buena parte del camino, se va con El Joven, incluso antes de casarse, pasa trabajo a su lado en la huelga de hambre, lo acompaña a Méjico y soporta la muerte de su primer bebé, a quien entierran clandestinamente porque no tenían ni para pagar un pequeño ataúd.

¿Qué sucedió? Que no tuvo voluntad, poder se resistencia para seguirlo hasta el fin. La miseria, las presiones de la familia; lo deja solo y regresa a Cuba, en contra de los deseos de El Joven, porque se amaban y tenían una niña. Grande sería el sufrimiento de los dos.

Mezcla de Apolo y Marte
El Joven en las crónicas se reconoce inteligente, capaz, atractivo; en el tren que viaja en Méjico, una muchacha lo mira y le sonríe, pero en ese momento está penando en Silvia. Según testimonios de una compañera de estudio, algunas de ellas iban a los actos solo para verlo, porque, además, hijo de sastre, era uno de los que mejor vestía en la Universidad; sin embargo, el hecho de ir a verlo y escucharlo despertaba las conciencias dormidas, ajenas a la política.

«Nunca me gustó hacer lo que hoy hice», dice a la salida de un prostíbulo mejicano, «pero fue por complacer a unos amigos y por correr aventura.

«Mucho dinero botado, cosa esta que no me importa. Más no me divertí nada. El amor comprado no sé como puede agradar a muchos. A mí me asquea, me da náuseas.

«Es verdad que el hombre necesita de la carne para vivir, pues no solamente hay que darle placeres al espíritu,  pero, ¡oh, hasta en eso interviene algo inmaterial, sublime, cuando es el AMOR el único móvil!

«Para quedar contento de mí mismo, hube de leer a Rubén Darío, el poeta de Carne, ¡oh, celeste carne de la mujer

Tina Modotti como de costumbre
Siempre se vio tan excepcional como fue, valiosa en la vida de El Joven por la comunión de ideas y el tiempo que viven justos. Ella le contaba a una amiga sobre su aparente arrogancia, la de él, contrastante con la ternura y sensibilidad abierta en la íntimo. Cuando ella tenía reunión del Partido y él pasaba por la casa para irse de nuevo, ella hallaba la comida hecha, la mesa puesta, un adorno y una nota: «no podemos comer juntos», «me voy pensado en ti», «te esperé y no te encontré». Le parecía increíble que él la quisiera, estaba tan realizada que sentía envidia de sí misma. Si este es el hombre que en el último minuto asegura «¡muero por la Revolución!», hay que pensar en un ser pleno en su vida privada, entregado, además, a una causa común.

Para eso tuvo que crecerse desde niño. Fue El Joven hijo natural. El padre, Nicanor, de ascendencia dominicana, lo tuvo con Cecilia, nativa de Hampshire, Inglaterra, a quien le lleva treinta años. Pero Cecilia es débil de salud, va a tratarse a Nueva Orleans y allí se asienta dejando atrás a El Niño y a su hermano Cecilio. Mientras Longina, la nodriza, seduce al compositor Manuel Corona y éste la inmortaliza «cual flor primaveral», Nicanor convence a Mercedes, su esposa legítima, para que le permita llevar al hogar —le ayude a criar— a los niños nacidos fuera del matrimonio, no sin la oposición de una de sus medio-hermanas, Josefina. El Niño ronda entonces los siete años y padece de asma. La enfermedad, la separación de los padres, la partida de la madre, la discriminación racial, todo esto le deja una huella indeleble. Por eso las crónicas reflejan a un Joven sufrido, que califica su niñez como «mártir y dolorosa».

Unos entre sus nobles ejercicios de «altura» fue la defensa de su propio nombre. Inscripto en el juzgado como un Mac Partland, defendió a ultranza el apellido Mella. Conocía que Ramón Matías Mella, su abuelo paterno, general y patriota dominicano, proclamó hacia 1844 —con Duarte y Sánchez — la independencia de su país. «Yo quiero ser militar», escribe en sus crónicas, «quiero ser como mi abuelo, quiero librar batallas por los pueblos de América».

Llegó el tiempo
Está entre nosotros el libro escrito por Los Investigadores (Adys y Froilán). Quienes nacieron setenta años después y salgan a buscarlos, concluirán que apenas conocían el protagonista, sobre todo como ser humano. Sus páginas descubren la voluntad que se abre camino, la madurez del discernimiento, la cultura que da la lectura, la vocación martiana y antiimperialista.

Éste es un Joven consecuente con su manera de pensar y ver la vida, tal vez por eso parece irreverente. Hasta que llegue el tiempo es el tributo a la memoria de un joven que está entre los mejores de su época.

ANIVERSARIO 70 DEL ASESINATO

 

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