25 de marzo del 2009 |
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Joven Mella
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Escritores cubanos conceden a Alma Mater primicias de su investigación |
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Por Hilario Rosete Silva |
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Hoy nos ocupa El Joven Mella, fundador del primer Partido Comunista de Cuba, de la Universidad Popular «José Martí» y de la Federación de Estudiantes Universitarios de Cuba, quien está entre los primeros en la Isla en divulgar las tesis del marxismo-leninismo. Hasta que llegue el tiempo es el libro de Adys Cupull y Froilán González, contentivo de las 47 crónicas que, con 17 años, escribe El Joven durante su primer viaje a Méjico (1920). Conversando con Alma Mater, los autores evocaron momentos poco reseñados de su vida y compartieron las sorpresas de la búsqueda. Todo comenzó cuando… «¿Cómo puede el Amazonas»? —escribe El Joven en sus crónicas— «cuando está desbordado, preocuparse de la conveniencia que para aumentar su caudal pueda tener una nube que pasa cargada de agua, si ésta se rompe en llovizna? «Así mi corazón. «Tarde me levanté. No hice casi nada. A pesar de su ascendencia aristócrata camagüeyana, y de la pugna de sus padres, Olivia lo sigue, por amor, durante buena parte del camino, se va con El Joven, incluso antes de casarse, pasa trabajo a su lado en la huelga de hambre, lo acompaña a Méjico y soporta la muerte de su primer bebé, a quien entierran clandestinamente porque no tenían ni para pagar un pequeño ataúd. ¿Qué sucedió? Que no tuvo voluntad, poder se resistencia para seguirlo hasta el fin. La miseria, las presiones de la familia; lo deja solo y regresa a Cuba, en contra de los deseos de El Joven, porque se amaban y tenían una niña. Grande sería el sufrimiento de los dos. Mezcla de Apolo y Marte «Nunca me gustó hacer lo que hoy hice», dice a la salida de un prostíbulo mejicano, «pero fue por complacer a unos amigos y por correr aventura. «Mucho dinero botado, cosa esta que no me importa. Más no me divertí nada. El amor comprado no sé como puede agradar a muchos. A mí me asquea, me da náuseas. «Es verdad que el hombre necesita de la carne para vivir, pues no solamente hay que darle placeres al espíritu, pero, ¡oh, hasta en eso interviene algo inmaterial, sublime, cuando es el AMOR el único móvil! «Para quedar contento de mí mismo, hube de leer a Rubén Darío, el poeta de Carne, ¡oh, celeste carne de la mujer.» Tina Modotti como de costumbre Para eso tuvo que crecerse desde niño. Fue El Joven hijo natural. El padre, Nicanor, de ascendencia dominicana, lo tuvo con Cecilia, nativa de Hampshire, Inglaterra, a quien le lleva treinta años. Pero Cecilia es débil de salud, va a tratarse a Nueva Orleans y allí se asienta dejando atrás a El Niño y a su hermano Cecilio. Mientras Longina, la nodriza, seduce al compositor Manuel Corona y éste la inmortaliza «cual flor primaveral», Nicanor convence a Mercedes, su esposa legítima, para que le permita llevar al hogar —le ayude a criar— a los niños nacidos fuera del matrimonio, no sin la oposición de una de sus medio-hermanas, Josefina. El Niño ronda entonces los siete años y padece de asma. La enfermedad, la separación de los padres, la partida de la madre, la discriminación racial, todo esto le deja una huella indeleble. Por eso las crónicas reflejan a un Joven sufrido, que califica su niñez como «mártir y dolorosa». Unos entre sus nobles ejercicios de «altura» fue la defensa de su propio nombre. Inscripto en el juzgado como un Mac Partland, defendió a ultranza el apellido Mella. Conocía que Ramón Matías Mella, su abuelo paterno, general y patriota dominicano, proclamó hacia 1844 —con Duarte y Sánchez — la independencia de su país. «Yo quiero ser militar», escribe en sus crónicas, «quiero ser como mi abuelo, quiero librar batallas por los pueblos de América». Llegó el tiempo Éste es un Joven consecuente con su manera de pensar y ver la vida, tal vez por eso parece irreverente. Hasta que llegue el tiempo es el tributo a la memoria de un joven que está entre los mejores de su época. ANIVERSARIO 70 DEL ASESINATO
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