25 de marzo del 2009 |
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En pocas palabras
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Fotos: Internet y Kaloian |
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"En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a la que siguió más tarde la intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus luchas, ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como Julio Antonio Mella, asesinado por agentes al servicio del Imperialismo, pudieron impedir, a la larga, el triunfo de un proceso que comenzó hace cien años, y nadie en absoluto podría poner en duda la profunda justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres, ni la vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los revolucionarios cubanos." (Tomado de la Introducción Necesaria al Diario del Che en Bolivia)
[Mella] tenía el sentido de la algarada que se convierte en motín, el motín que se convierte en insurrección, la insurrección que se alza a Revolución y que quema y modifica a los pueblos. A través de las conmociones y de los motines estudiantiles, Mella hubiera podido ir casi a la Revolución. Para leer más (Tomado del sitio web cubaliteraria)
Tina Modotti
Raúl Roa
Aquí está, sí, pero no en un montón de cenizas, sino en este formidable despliegue de fuerzas. Estamos aquí para tributar el homenaje merecido a Julio Antonio Mella, inolvidable para nosotros, que entregó su juventud, su inteligencia, todo su esfuerzo y todo el esplendor de su vida a la causa de los pobres del mundo, de los explotados, de los humildes. Pero no estamos sólo aquí para rendir ese tributo a sus merecimientos excepcionales. Estamos aquí, sobre todo, porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos, de vibrar al calor de su generoso corazón revolucionario. Para eso estamos aquí camaradas, para rendirle de esa manera a Mella el único homenaje que le hubiera sido grato: el de hacer buena su caída por la redención de los oprimidos con nuestro propósito de caer también si fuera necesario…
Pablo de la Torriente Brau
Mella Lanzó del arco tenso disparada la roja flecha contra el viejo muro: punta de sueño, lengua de futuro que allí vibrando se quedó clavada. Sobre la rota piedra penetrada hincó de su bandera el mástil duro; aún era noche, el cielo estaba oscuro, pero ya el viento olía a madrugada. Partió después con su profundo paso y una canción que al porvenir advierte, Mella hacia el mediodía sin ocaso. Su derribada sangre es vino fuerte alzad, alcemos en el rudo vaso la sangre victoriosa de su muerte.
Julio Antonio había abandonado como sueños obsoletos el deseo de triunfar en las coordenadas integradoras de la escritura como arte de Apolo y de la acción como espacio para la fama en el arte bélico de Marte. Se podría identificar con un altivo Prometeo en los anhelos utópicos de legitimar los derechos a un paradigma, en que «la inquietud constante» y la renovación continua de ideas fueran «la condición esencial de nuestro existir».
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