25 de marzo del 2009

En pocas palabras


Fotos: Internet y Kaloian
Fidel Castro Ruz
Fidel Castro
"En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a la que siguió más tarde la intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus luchas, ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como Julio Antonio Mella, asesinado por agentes al servicio del Imperialismo, pudieron impedir, a la larga, el triunfo de un proceso que comenzó hace cien años, y  nadie en absoluto podría poner en duda la profunda justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres, ni la vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los revolucionarios cubanos."
(Tomado de la Introducción Necesaria al Diario del Che en Bolivia)


José Lezama Lima
José Lezama Lima
[Mella] tenía el sentido de la algarada que se convierte en motín, el motín que se convierte en insurrección, la insurrección que se alza a Revolución y que quema y modifica a los pueblos. A través de las conmociones y de los motines estudiantiles, Mella hubiera podido ir casi a la Revolución.

Para leer más
Lanzar la flecha bien lejos

(Tomado del sitio web cubaliteraria)



Tina Modotti

Tina Modotti
En la persona de Mella asesinaron no sólo al enemigo del dictador cubano, sino al enemigo de todas las dictaduras. Machado, una caricatura de Benito Mussolini, ha cometido un nuevo crimen, pero hay muertos que hacen temblar a sus asesinos y cuya muerte representa, para aquellos, el mismo peligro como su vida de combatientes […] esta noche, un mes después del cobarde asesinato, honramos la memoria de Mella prometiendo seguir su camino hasta lograr la victoria de todos los explotados de la tierra. De esta manera lo recordamos como él lo hubiera preferido: no llorando, sino luchando.



Raúl Roa

Raúl Roa
Mella se transformó en pocos días en un gran líder estudiantil, en el más auténtico líder estudiantil que hasta ahora ha producido Cuba. El histórico Patio de los Laureles fue el escenario de sus más resonantes triunfos de entonces. Tantas veces lanzó su palabra violenta y magnética desde aquel sitio, que cree uno aún percibir el eco de su oratoria encrespada y sonora. Recuerdo la última vez que lo oí hablar. Fue el 26 de noviembre de 1925. Ya Machado había descargado su aparato de represión y terror sobre el estudiantado en rebeldía, amenazando con arrebatarle las conquistas logradas en la revolución de 1923, lo que al cabo obtuvo con la ayuda de los estudiantes traidores. La atmósfera era tensa. Mella —aclamado por todos— subió a la improvisada tribuna. Su mirada resuelta y brillante se recogió un momento en sí misma, y luego, con gesto dominador y altivo, la melena flameante, el brazo poderoso rubricando el aire, rompió a hablar. Cuando concluyó toda aquella muchedumbre de jóvenes enardecidos pugnaba por estrecharlo en sus brazos.



Rubén Martínez Villena
Rubén Martínez Villena
Aquí está, sí, pero no en un montón de cenizas, sino en este formidable despliegue de fuerzas. Estamos aquí para tributar el homenaje merecido a Julio Antonio Mella, inolvidable para nosotros, que entregó su juventud, su inteligencia, todo su esfuerzo y todo el esplendor de su vida a la causa de los pobres del mundo, de los explotados, de los humildes. Pero no estamos sólo aquí para rendir ese tributo a sus merecimientos excepcionales. Estamos aquí, sobre todo, porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos, de vibrar al calor de su generoso corazón revolucionario. Para eso estamos aquí camaradas, para rendirle de esa manera a Mella el único homenaje que le hubiera sido grato: el de hacer buena su caída por la redención de los oprimidos con nuestro propósito de caer también si fuera necesario…




Pablo de la Torriente Brau

 Pablo de la Torriente Brau
Julio Antonio Mella, joven, bello e insolente, como un héroe homérico, agonizaba de manera dramática en la Quinta del Centro de Dependientes, abatido día a día por una decisión de no ingerir alimentos, como protesta por su arbitraria prisión.
Machado, que era lépero en política, y astuto en los negocios, se cegaba al olor de la sangre. El subconsciente de carnicero lo perdía. ¡Machado era incapaz de comprender lo que significaba Mella, muerto de hambre por pedir justicia!… ¡Y Mella se moría!…
Por muy revolucionarios que fueran los compañeros de Mella, y por mucho que comprendieran la extraordinaria significación que tendría para el avance del movimiento revolucionario en Cuba la muerte de Julio Antonio Mella, asesinado por hambre, eran, también, sus camaradas, sus amigos, y, por el conocimiento que tenían de él, adivinaban todo lo que podía esperarse de aquella exuberancia incomparable de vida, puesta con la pasión de una juventud extraordinaria, al servicio total de la revolución. ¡Y Mella se moría!…


Nicolás Guillén
Nicolás Guillén

Mella

Lanzó del arco tenso disparada
la roja flecha contra el viejo muro:
punta de sueño, lengua de futuro
que allí vibrando se quedó clavada.

Sobre la rota piedra penetrada
hincó de su bandera el mástil duro;
aún era noche, el cielo estaba oscuro,
pero ya el viento olía a madrugada.

Partió después con su profundo paso
y una canción que al porvenir advierte,
Mella hacia el mediodía sin ocaso.
Su derribada sangre es vino fuerte
alzad, alcemos en el rudo vaso
la sangre victoriosa de su muerte.


Ana Cairo
Ana Cairo
Julio Antonio había abandonado como sueños obsoletos el deseo de triunfar en las coordenadas integradoras de la escritura como arte de Apolo y de la acción como espacio para la fama en el arte bélico de Marte. Se podría identificar con un altivo Prometeo en los anhelos utópicos de legitimar los derechos a un paradigma, en que «la inquietud constante» y la renovación continua de ideas fueran «la condición esencial de nuestro existir».

 

 


 

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